martes, 13 de octubre de 2026

San Calisto, papa y mártir. — 14 de octubre

 


San Calixto, papa y mártir. — 14 de octubre

(+ 222)

 

El glorioso pontífice y mártir san Calisto, primero de este nombre, fue natural de Roma, hijo de Domicio, patricio romano, y por sus esclarecidas virtudes, sabiduría y celo de la gloria de Jesucristo, nombrado sucesor de san Dámaso, mientras imperaba en Roma Marco Aurelio Antonio Heliogábalo. Como este emperador vivía tan entregado a sus placeres sensuales, que ni aun tenía tiempo para acordarse de los cristianos y perseguirlos, y su sucesor Alejandro Severo, dejó a los fieles mayor libertad que la que habían tenido desde el nacimiento de la Iglesia y estaba tan inclinado a la religión cristiana, que tenía un retrato de Jesucristo en su mismo aposento imperial; el santo pontífice aprovechó esta paz para acrecentar el rebaño de Cristo y perfeccionar las cosas de la Iglesia. Edificó un templo de santa María, llamado Transtiberiano, en honra del sagrado parto de la Virgen, y desde aquel tiempo comenzaron los cristianos a tener iglesias públicas a vista de los gentiles. Por el mismo tiempo mandó fabricar en la vía Apia el famoso cementerio de su nombre, una de las más bellas obras de arquitectura y el más capaz y célebre de todos los que hay en los alrededores de Roma, pues se asegura que fueron sepultados en él hasta ciento setenta y cuatro mil mártires y entre ellos cuarenta y seis papas. A pesar de la tranquilidad de que gozaba la Iglesia, hubo también en aquella sazón algunas persecuciones, especialmente mientras el emperador estaba ausente de Roma, y entre otros mártires, padeció la muerte por Cristo este santo pontífice. Porque habiendo caído un rayo en el Capitolio y abrasado gran parte del edificio y al mismo tiempo prendido fuego en otro templo de Júpiter y desprendídose la mano siniestra de aquella estatua, atemorizados los idólatras quisieron aplacar a los dioses con sacrificios y cuando los hicieron se levantó una tempestad tan furiosa, que cuatro sacerdotes de los ídolos murieron heridos de los rayos y el altar de Júpiter cayó reducido a cenizas. Atribuyendo el mal suceso a las imaginadas hechicerías de los cristianos, Palmario, varón consular, los delató al gobernador, y aun tomó una tropa de soldados para ir a prenderlos a la otra parte del Tíber, donde los había visto en los sepulcros de los mártires. Pero luego que llegaron los soldados quedaron como ciegos y huyeron; y Palmacio por este y otros prodigios se convirtió con otros cuarenta y dos de su familia, como también su amigo el senador llamado Simplicio con sesenta y ocho personas de su casa. A todos mandó prender el bárbaro prefecto, y les mandó cortar la cabeza y entregó en manos del furioso populacho al santo pontífice Calisto, quien después de haber sido azotado y arrastrado por las calles, fue arrojado en una profunda cisterna, de la cual después sacó el santo cuerpo el presbítero Asterio y le enterró en el cementerio de san Calepodio en la vía Aureliana.

 

Reflexión: Parece increíble que con tantos prodigios en favor de la religión cristiana, como se obraron por este tiempo en Roma, se obcecase más aquel impío prefecto, llegando hasta derramar la sangre de los ilustres campeones de Cristo. Es que le dominaba la ambición y propio es de las pasiones no domadas el ofuscar la mente y endurecer el corazón. Esta es la raíz de los mayores pecados que se cometen en el mundo. Dominemos nuestras pasiones, no dejándolas salir con sus depravados antojos, sobre todo nuestra pasión dominante, y nuestra vida será un retrato de la de los Bienaventurados.

 

Oración: ¡Oh Dios! que estás viendo que continuamente desmayamos por nuestra flaqueza, fortalécenos misericordiosamente en tu amor con el ejemplo de tus santos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

lunes, 12 de octubre de 2026

DE LA ENFERMEDAD DEL ALMA Y SU SALUD. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Martes de la XX semana después de Pentecostés

DE LA ENFERMEDAD DEL ALMA Y SU SALUD.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Martes de la XX semana después de Pentecostés

DE LA ENFERMEDAD DEL ALMA Y SU SALUD.

 

PUNTO PRIMERO. Considera en este mozo enfermo y casi muerto, abrasándose con el fuego de las calenturas, sin poder tomar alivio y sin fuerzas en la cama, a tu alma enferma en el lecho de tu cuerpo, abrasándose con la calentura ardiente del pecado, sin fuerzas ni aliento para cosa de virtud y sin poder tomar alivio verdadero en el espíritu, cercana a la muerte eterna del infierno.

Tal está el alma que está en pecado mortal.

Ten misericordia de la tuya, agradando a Dios. Contempla lo que padece y el riesgo en que se halla, y mira que es tuya; duélete de su mal y procura su remedio, como este régulo procuró el de su hijo enfermo.

 

PUNTO II. Mira cómo este régulo vino a buscar a Cristo; atiende cómo le rogó por la salud de su hijo y cómo, habiéndole respondido, con perseverancia instó y suplicó segunda vez, sin cansarse ni desistir de su intento, hasta que alcanzó lo que pedía.

Aprende a buscar con diligencia al médico de tu alma.

Ven al Salvador, en quien está la salud; pide, ruega, insta, clama y persevera, rogando, orando y confiando; y no te canses hasta que se incline a tus ruegos y tenga piedad de ti; porque, si perseveras, la tendrá, y si sabes pedir con humildad y confianza, alcanzarás lo que pidieres.

 

PUNTO III. Considera cómo, estando Cristo ausente, sanó al hijo de este régulo, porque estaba presente con el espíritu.

Así está presente a tu alma, y ve lo que piensas, lo que deseas, lo que trazas en lo íntimo de tu corazón, la fe y confianza que tienes, lo que pasas y padeces, y la necesidad que tienes de salud.

A todo está presente, y espera tu merecimiento para ayudarte y sanarte.

Aviva la fe y representa a Dios tu necesidad, pues presente le tienes para ayudarte y concederte la salud.

Pondera aquellas palabras del Salvador: «Vete, que tu hijo vive.» Él lo dijo, y luego vivió y estuvo bueno con entera salud.

¡Oh virtud soberana! ¡Oh palabras obradoras! ¡Oh eficacia de la potencia de Dios! Hablad una palabra, Señor, para que mi alma sea sana. Decidlo vos ahí, y mi alma sanará aquí; que no soy yo digno de que vos entréis en mi pobre morada.

Con solo el querer de vuestra voluntad me podéis dar salud. Extended vuestra piedad, y llegue a mí como llegó al hijo de este régulo y al siervo del centurión; y luego seré sano y salvo por la grandeza de vuestra virtud.

 

PUNTO IV. Considera que no solo dio Cristo salud en el cuerpo a este mozo, sino también en el alma a él, a su padre y a toda su familia, siguiendo sus pisadas.

Aquí has de ponderar dos cosas.

La primera, la fuerza que tiene el buen ejemplo de la cabeza, pues el de este régulo trajo tras de sí a toda su casa y fue causa de su salvación.

De lo cual has de sacar el propósito de dar buen ejemplo en la tuya, y procurar traer con él a todos los tuyos a Cristo, y no apartarlos de su servicio con el mal ejemplo de tu vida.

La segunda es no contentarte con venir tú a Dios, sino procurar traerle también a todos los demás, comunicándoles la luz que te diere el Señor.

Ofrécele esta voluntad, y pídele que te enseñe y te dé luz para darla tú a todos, y gracia para traerlos a su santa fe y servicio.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

13. FIRMÍSIMA ESPERANZA DE SANTA TERESA MES DE OCTUBRE CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE SANTA TERESA DE JESÚS

 


DÍA DÉCIMO TERCERO

FIRMÍSIMA ESPERANZA DE SANTA TERESA

MES DE OCTUBRE

CONSAGRADO A NUESTRA SERÁFICA MADRE

SANTA TERESA DE JESÚS

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

DÍA DÉCIMO TERCERO

FIRMÍSIMA ESPERANZA DE SANTA TERESA

En la gran obra de la Reforma Carmelitana fue donde más demostró la gloriosa Teresa la firme esperanza que tenía en Dios Nuestro Señor, pues la emprendió sin confiar para nada en los favores y auxilios humanos, sino fiada única y exclusivamente en la palabra y ayuda del Señor, que se la había inspirado.

Ella no tenía bienes ni medio alguno para poner en práctica tan gigantesca obra, y sin embargo esto no la detuvo; antes, al contrario, poniendo toda su esperanza en Dios, acometió la empresa, esperando recibir de su divina bondad los medios necesarios para llevarla a cabo, como así efectivamente sucedió.

También probó Teresa su esperanza en la Regla que escribió y en las Constituciones que dio su Reforma, pues en ella prohíbe a las comunidades tener rentas y bienes, queriendo que sus hijos viviesen de la limosna esperando que el Señor les proveería del sustento necesario, como provee de él a los animales de la tierra, a las aves del espacio y a los peces del mar; pues tenía muy presente aquella sentencia del Espíritu Santo: «Poned en Dios todo pensamiento sobre vuestro alimento, y Él proveerá».

Otra muestra de su admirable esperanza la tenemos en las siguientes palabras, que ella escribió en su Vida (cap. 25):

«¡Oh quién diera voces para decir: Señor, ¡cuán fiel sois Vos para vuestros amigos! Todas las cosas faltan; mas Vos, Señor mío, no faltáis. Fálteme todo, Señor mío, que, si Vos no me desamparáis, no os faltaré yo a Vos. No me faltéis Vos, Señor, que ya yo tengo experiencia de las ganancias con que sacáis a quien en solo Vos confía».

Tanta era, por último, la esperanza que la Santa tenía en la bondad y misericordia divinas, que llegó a tener gran certeza de que iría a ver y gozar de Dios en la gloria, y por tanto la vida era para ella el mayor de los tormentos, porque la privaba de esa inmensa dicha que esperaba disfrutar.

Esta pena que tuvo siempre por vivir, la hizo componer la hermosísima glosa que empieza así: «Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero».

Pongamos, a imitación de Teresa, toda nuestra esperanza en Dios, y así jamás podremos ser confundidos.

 

OBSEQUIO

Hagamos hoy un fervorosísimo acto de esperanza en la misericordia de Dios.

 

MÁXIMA

Si nos parece que el Señor nos ha dado alguna virtud, entendamos que es un bien recibido y que nos la puede tornar a quitar, como a la verdad, ocurre muchas veces, y no sin gran providencia de Dios.

 

ORACIÓN

Gloriosa Virgen Santa Teresa de Jesús: por aquella firmísima esperanza que siempre tuvisteis en la misericordia divina, afianzada en aquellas palabras de nuestro adorable Redentor: «Dichosos los que en Mí pongan toda su confianza, porque Yo les consolaré en el día de la tribulación», suplicoos, Santa mía, me alcancéis del Señor esta virtud tan necesaria en la vida, para que en mí se cumpla también esa consoladora promesa. Amén.

 

***

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en este mes por intercesión de santa Teresa de Jesús.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

ORACIÓN PARA TERMINAR

Santa Teresa de Jesús, Santa amadísima nuestra, oíd las fervientes súplicas que os dirigimos en el transcurso de este mes, consagrado a celebrar vuestras glorias y a ensalzar vuestras virtudes. Sed siempre para nosotros poderosísima Abogada; libradnos de las asechanzas del maligno espíritu, guiadnos por el sendero de la divina Ley, preservadnos del pecado, y, sobre todo, en nuestra última hora, cuando el Infierno haga el último esfuerzo para perdernos, salvadnos Vos, gloriosa Virgen, de la diabólica astucia, y conducid nuestras almas hacia aquella vida de arriba que es la vida verdadera. Amen.

 

Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros. (3)

Ave María Purísima, sin pecado concebida.