miércoles, 22 de junio de 2022

QUIEN COME DE ESTE PAN, NO MORIRÁ PARA SIEMPRE. Homilía

Oh Convite Sagrado en el que el manjar es Cristo

Se renueva el memorial de su Pasión

El alma se llena de gracia

Y se nos da la Prenda de la Gloria futura

 

Queridos hermanos, que fiesta tan grande se celebra hoy en la Iglesia, es como la prolongación gozosa de la misa del Jueves Santo que desborda en tantos afectos del Señor por los suyos recogidos en su oración sacerdotal y que tiene como cenit en aquel engalanado marco del cenáculo de Jerusalén, la institución de la Santísima Eucaristía y del Sacerdocio católico. Las circunstancias dramáticas de los acontecimientos que la sagrada liturgia conmemora en ese día impiden dar todo el esplendor debido al Augusto Sacramento para no contrariar el recogimiento y silencio ante el misterio de la amarga pasión y muerte del Señor. Por esta razón, e inspirada del Cielo, Santa Juliana de Montecornillón consiguió hace ya muchos siglos que el obispo de Lieja estableciera la fiesta del Santísimo Corpus Christi con su misa y procesión, dando realce de piedad y devoción al misterio de nuestra fe. Pronto dejó el carácter local para ser fiesta grande de toda la Iglesia, componiendo el mismísimo doctor angélico su misa y oficio a encargo del sumo pontífice.

Así, compuso para la antífona del magníficat este breve y profundo tratado de teología que acabo de referir y que encierra toda la verdad que existe en el Santísimo Sacramento.

Cristo nuestro manjar, que se nos da en convite sagrado. El misterio de la donación y entrega del Señor se perpetúa en la eucaristía. El Señor se nos da como alimento sabroso y saludable. Comenzamos la Santa misa cantándolo en el introito, Él Señor es la exquisitez, es la flor de trigo que nos alimenta, es la dulzura de la miel silvestre que nos sacia. No podemos sino corresponder alabando a Dios llenos de regocijo.

Se renueva, actualiza y hace presente el memorial de su pasión. No es un sacrificio nuevo y distinto el de la misa de aquel lejano de la cruz en el calvario. Es el único y mismo sacrificio. No hay duda. El mismo Divino Maestro nos mandó a los apóstoles y a todos los sacerdotes, perpetuar su memoria hasta la consumación de los siglos. Que grave y noble misión, ser Cristo en la acción y el resultado. Así lo hemos pedido en la oración colecta de la misa y nuevamente lo haremos antes de la bendición con el Santísimo Sacramento, que el Señor nos conceda “CELEBRAR DE TAL MANERA LOS SAGRADOS MISTERIOS” que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Qué importancia tiene, hermanos, la forma y el fondo. Celebrar de tal manera. Preguntémonos, ¿de qué manera, yo sacerdote, celebro los sagrados misterios? ¿De qué manera, yo católico, me uno a Cristo en el altar? Experimentar constantemente el fruto de tu redención.

Sigue Santo Tomás: el alma se llena de gracia. La Sagrada Eucaristía, conlleva, exige, produce tener el alma en gracia de Dios. Esto es el fruto de su redención, mantener la amistad con Dios alejándonos y liberándonos de todo pecado.

Tanto hoy como el jueves santo, el apóstol san Pablo nos amonesta severamente no recibir el cuerpo y la sangre del Señor indignamente. Desde siempre la iglesia fue muy severa en esto. Desde el tiempo de los apóstoles, de los Padres de la Iglesia, etc…  y sin embargo que mal tan grande es este, hoy, en nuestra Iglesia. Así tantos y tantos cristianos languidecen de hambre espiritual, están raquíticos en la vida del alma:

-porque no comen. No se acercan nunca a la sagrada comunión y no reciben el pan de la vida, el alimento de los peregrinos a la Jerusalén Celeste.

-porque comen mal. En pecado grave, sin discernimiento, sin preparación debida, sin confesar los pecados graves, por costumbre, por rutina, porque me apetece…

-porque comen pan. Cuantos pseudosacramentos, cuantas misas mal hechas, sin fe, sin hacer lo que mandó el Señor y lo que quiere la Iglesia. No se alimentan porque comen pan, como el de nuestros padres en el desierto y murieron. No está la presencia del Señor.

 

Esta crisis gravísima del cristianismo, es la crisis de fe en la Santísima Eucaristía. Asistimos a un debilitamiento masivo de la fe, a un desconocimiento cada vez más grande del Señor. Y resulta chocante este discurso en el  día en que hemos de exaltar al Santísimo Sacramento, pero queridos hermanos no seamos inconscientes que clase de exaltación es agitar la cabeza con un cuerpo tan enfermo y debilitado, ¿una parodia? ¿una insensatez? ¿una crueldad?

Preparémonos bien y recibamos ávidos la Santísima Eucaristía, OCULI OMNIUM IN TE ESPERAN DOMINE .  Suscitemos en nuestro interior un anhelo profundo de recibir a Cristo en la comunión. Este fragmento del salmo me hace pensar en esas crías de los pajaritos que están en el nido con la boca abierta hasta que llega la madre para alimentarnos. La Santa Madre Iglesia quiere alimentarnos con su mayor tesoro, ojalá nos encuentre así de ansiosos.

Se nos da aquí la prenda de la gloria futura

En la sagrada eucaristía tenemos un anticipo del cielo, se realiza una unión temporal con Cristo, que solo llegará a plenitud en la eternidad. Si tenemos claro que nuestra meta es el cielo, que estamos en este mundo de paso, que no tenemos aquí ciudad permanente, acerquémonos a este adelanto divino que nos sumerge en la vida de Dios y confesemos firmemente nuestra fe en que quien come de este Pan no morirá para siempre. Así sea.