domingo, 5 de junio de 2022

ESTE VERDADERO DIOS ES TRINIDAD EN LAS PERSONAS, Y UNO EN LA UNIDAD DE SU NATURALEZA. San Fulgencio

 


Homilía del II nocturno de maitines 

Del Libro de San Fulgencio, Obispo. De la Fe a Pedro

Entre las obras de San Agustín, tomo 3.

La fe que los santos patriarcas y los profetas recibieron de Dios antes de la encarnación de su Hijo; la fe que los santos apóstoles recibieron de la boca del Dios encarnado, que el Espíritu Santo les enseñó, y que no solamente predicaron de palabra, sino que consignaron en sus escritos para instrucción saludable de la posteridad; esta fe proclama, con la unidad de Dios, la Trinidad que está en Él, es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Pero no habría una verdadera Trinidad si una sola y misma persona fuera llamada Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En efecto, si el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo fueran una sola y misma persona, como son una sola y misma sustancia, ya no habría lugar a profesar una Trinidad verdadera. Habría, en cambio, Trinidad, pero esta Trinidad no sería un solo Dios, si el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo estuvieran separados entre sí por la diversidad de sus naturalezas, como son distintos por sus propiedades personales. Pero como es verdad que este único verdadero Dios, por su naturaleza no solamente es uno, sino que es Trinidad, este verdadero Dios es Trinidad en las personas, y uno en la unidad de su naturaleza.

Por esta unidad de naturaleza, el Padre está enteramente en el Hijo y en el Espíritu Santo; el Hijo todo entero en el Padre y en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo todo entero en el Padre y en el Hijo. Ninguna de estas tres personas subsiste separada y como fuera de las otras dos, porque no hay ninguna de ellas que preceda a las otras en eternidad, o que las supere en grandeza o en poder. El Padre, en lo que toca a la unidad de la naturaleza divina, no es más antiguo ni más grande que el Hijo y el Espíritu Santo; la eternidad e inmensidad del Hijo no pueden, por la necesidad de la naturaleza divina, superar la eternidad y la inmensidad del Espíritu Santo.