DÍA
16
EL
HUMILDE ES RICO Y PODEROSO CON DIOS
TREINTENA
DE LA
HUMILDAD
Adaptación del Tratado
de la Humildad
de san Juan Bautista
de la Concepción,
reformador de la Orden de la Santísima
Trinidad
DÍA
16
EL
HUMILDE ES RICO Y PODEROSO CON DIOS
El
humilde es rico y poderoso con Dios, porque lo conoce, entiende su condición y
sabe cómo tratarle y llevarle. Como quien «le tomó el pulso, le conoció su
condición», el verdaderamente humilde sabe quién es Dios, y Dios sabe cuál es
el corazón verdaderamente humilde. Por eso, conocimiento de Dios, rendimiento
de corazón y tener a Dios a su mandado van juntos. Los ojos de Dios están de
cerca mirando a los humildes y sus oídos escuchan su clamor; de modo que Dios
se hace, en cierta manera, «siervo y criado del humilde» para hacer lo que
quisiere. Así sucedió con Josué y Ezequías, cuando Dios atendió al justo y
humilde y llegó incluso a detener la máquina de los cielos y volverlos atrás.
Esto
es lo que significa que san Francisco diga: «Dios mío y todas las cosas».
Aunque Dios sea todas las cosas y el humilde sea a sus ojos nada, puede decir a
boca llena que Dios es suyo. El superior suele decir del inferior «es mío»,
pero el inferior no suele decir del superior que es suyo. Sin embargo, Dios,
por su bondad, quiso en alguna manera hacerse superior del humilde y estarle
sujeto. Cristo mismo, siendo Dios grande y poderoso, «vivía sujeto a ellos»,
sujeto a la Virgen y a José.
Más
aún: siendo Dios tan grande y poderoso, un pensamiento de un corazón humilde
puede prenderlo y echarle cordeles, haciendo que baje de esas alturas y quede
preso y sujeto al corazón humilde. Esto se manifiesta especialmente en la
Virgen María: siendo tan humilde y desechada en sus ojos, «volaste tan alto que
hiciste punta y atrapaste al mismo Dios». Dios miró la humildad de su sierva,
quedó de ella cautivo y prisionero, y ella lo hizo suyo, hasta tenerlo por hijo
y dárnoslo como hermano. Por eso María dice: «porque él miró con bondad la
pequeñez de tu servidora» y «el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas».
El
humilde alcanza todo esto porque se entiende con Dios, lo conoce y sabe
llevarle sujeto y rendido el corazón a su mandato y querer.
Muy
lejos están de Dios los soberbios, porque no saben su trato y condición, no
saben sufrir y llevar a Dios y siempre andan encontrados, pobres y menesterosos
de lo que desean. Si Dios es todas las cosas y ellos, por su soberbia, no
tienen a Dios, están pobres y carecen de todo bien.
JACULATORIA:
Unidos a la Virgen digamos: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según
tu palabra.” (Lucas 1, 38)
LETANÍAS DE LA
HUMILDAD
Venerable
Cardenal Merry del Val
Jesús
manso y humilde de corazón, óyeme.
Del
deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.
Del
deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.
Del
deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.
Del
deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.
Del
deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.
Del
deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.
Del
deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.
Del
temor de ser humillado, líbrame, Jesús.
Del
temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.
Del
temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.
Del
temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.
Del
temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.
Del
temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.
Del
temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.
Del
temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.
Que
otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que
otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de
desearlo.
Que
otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que
otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la
gracia de desearlo.
Que
otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que
los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda.
Jesús, dame la gracia de desearlo.
Oración:
Oh
Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para
ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la
gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como
corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta
gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.
***
Sagrado
Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado
Corazón de María, sed la salvación mía.
Glorioso
Patriarca san José, ruega por nosotros.
Santos
Ángeles custodios, rogad por nosotros.
San
Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.
Todos
los santos de Dios, rogad por nosotros.
Ave
María Purísima, sin pecado concebida.