sábado, 12 de septiembre de 2026

SEXTO DOLOR. EL DESCENDICIMIENTO Y LA PIEDAD. SEPTENARIO A LA VIRGEN DE LOS DOLORES

 


SEXTO DOLOR

EL DESCENDICIMIENTO Y  LA PIEDAD

SEPTENARIO

A LA VIRGEN

DE LOS DOLORES

P.  Francesco María Pecoroni

 

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

SEXTO DOLOR

EL DESCENDICIMIENTO Y LA PIEDAD

 

«Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia. Y había muchas mujeres allí, ministrando a Él» (Mat. 27, 59).

 

Considera cuán vehemente y áspero debió ser el dolor de María cuando, bajado Jesús de la Cruz, así lacerado, herido, ensangrentado y muerto, fue puesto por José y Nicodemo en sus brazos.

Fue un milagro, le dijo un ángel a Santa Brígida (Lib. 2, Revel.), que allí ella no muriese de tanto dolor.

Apenas recibe en sus brazos el querido cuerpo, lo aprieta con fuerza contra su pecho, coloca su rostro entre las espinas, cuenta una por una las profundas heridas, une su cara a la de su Hijo, se tiñe las manos con su sangre y lo besa. ¡Y tantas veces lo besa, lo besa con tantas lágrimas, que, al multiplicar los besos, al inundarlo de lágrimas, al crecer juntos el amor y el dolor, vencida por la vehemencia de esto y abrumada por la inmensidad de aquello, vacila y casi se desmaya!

Dice San Bernardo: «Cum de Cruce Corpus eius fuisset depositum, prae doloris vehementia, et amoris immensitate quasi exanimis facta est». (Tract. De Lament. Virg.).

¿Qué compasión no debió conmover el corazón de Juan y de las dos Marías dolientes ante tan lloroso y triste espectáculo de una Madre casi fallecida, con un Hijo muerto en sus brazos?

Lloraban estos, dice el ya citado San Bernardo, tan amargamente que sus lenguas enmudecieron y no podían, por el gran dolor, emitir palabra para consolarla: «Omnes Virgines compatientes dolorem, sic amarissime flebant, ut nullae earum possent ad plenum verba formare».

¿Y yo qué haré? ¿Inmóvil como una roca, no daré ni siquiera una señal de compasión? Si no lloro por este dolor, quizás el más amargo de todos, entonces ¿cuándo lloraré?

Oh Virgen atormentadísima y afligidísima, si tu Hijo mostró en ti su omnipotencia al no dejarte morir, muestra tú en mí tu ternura al hacerme llorar.

Sí, llorar quiero, pero que el objeto de mis lágrimas sean siempre tus terribles Dolores y mis graves pecados, que han sido los causantes de tus sufrimientos.

Concédeme, Madre, ir contigo

a llorar ante el Crucifijo,

mientras aún yo esté vivo.

 

GRACIA QUE DEBE PEDIRSE

Santísima y afligidísima Virgen, por este inconsolable Dolor tuyo, concédeme, te lo ruego, este consuelo: que en el último día de mi vida yo sea digno de recibir a Jesús Sacramentado en mi corazón, a fin de obtener la perfecta posesión del Cielo.

 

FRUTO A RECOGERSE

EN ESTE SEXTO DOLOR

I. José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero le seguía ocultamente mientras predicaba y obraba milagros, tan pronto como lo vio muerto y abandonado por todos, se declaró abiertamente su seguidor y fue a pedirle a Pilatos que le permitiera enterrarlo. Reflexiona, entonces, que cuando se trata de darte a conocer como seguidor de Cristo haciendo obras de piedad, no debes tener en cuenta los respetos humanos; antes bien, debes mostrarte más animado por servir a Dios cuando los obstáculos que se oponen a ti son mayores.

II. ¿Qué consuelo habría sentido el lacerado Cuerpo de Jesús, si hubiera podido hacerlo, cuando, bajado de la Cruz, fue puesto en los brazos de la Santísima Virgen? Ahora, ¿qué consuelo habría sido el Suyo cuando lo recibiste en tu pecho? Ah, contigo tal vez habría caído en una cruz más dura que aquella de la cual lo descendieron.

III. Jesús, así muerto, quiso ser colocado en el pecho y en los brazos de su Santísima Madre para hacerte entender que, si quieres disfrutar de las gracias que con su muerte ha conseguido para ti, debes recurrir a la Santísima Virgen de los Dolores, que lo lleva entre sus brazos y en su seno.

 

***

Nuestra Señora prometió a santa Brígida que concedería siete gracias a aquellas almas que la honren y acompañen diariamente, rezando siete Ave Marías mientras meditan en sus lágrimas y dolores:

1.    “Yo concederé la paz a sus familias.”

2.    “Serán iluminadas en cuanto a los divinos Misterios.”

3.    “Yo las consolaré en sus penas y las acompañaré en sus trabajos.»

4.    “Les daré cuanto me pidan, con tal de que no se oponga a la adorable voluntad de mi divino Hijo o a la salvación de sus almas.”

5.    “Los defenderé en sus batallas espirituales contra el enemigo infernal y las protegeré cada instante de sus vidas.”

6.    “Les asistiré visiblemente en el momento de su muerte y verán el rostro de su Madre.

7.    “He conseguido de mi Divino Hijo que todos aquellos que propaguen la devoción a mis lágrimas y dolores, sean llevadas directamente de esta vida terrena a la felicidad eterna ya que todos sus pecados serán perdonados y mi Hijo será su consuelo y gozo eterno.”

***

Ofrezcamos el rezo de siete avemarías en recuerdo de los siete dolores de nuestra Señora.

 7 Avemarías

Bendita y alabada sea la pasión y muerte

de nuestro Señor Jesucristo,

y los Dolores de su Santísima Madre

al pie de la cruz.

 

ORACIÓN

Imprimid, Señora, vuestras llagas en mi corazón, para que en ellas recoja dolor y amor: dolor, para soportar por vos todos los dolores, amor, para despreciar por vos todos los amores. Amén.

 

Finalmente, no olvides recitar la Corona de los Siete Dolores en este día y visitar con devoción y recogimiento el altar de la Santísima Virgen de los Dolores. Por decreto de su S.S. León XIII la corona de los siete dolores de la Virgen satisface el rezo del rosario.

 

TEXTO Y VIDEO DE LA CORONA DE LOS SIETE DOLORES

https://misagregorianatoledo.blogspot.com/2023/09/corona-de-los-siete-dolores-de-la.html

 

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado, Purísimo y Doloroso Corazón de María, sed la salvación mía.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.