TERCER DOLOR
LA PÉRDIDA DEL NIÑO JESÚS
SEPTENARIO
A LA VIRGEN
DE LOS DOLORES
P. Francesco María Pecoroni
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
TERCER DOLOR
LA PÉRDIDA DEL NIÑO JESÚS
«Hijo, ¿por qué nos has hecho así?
He aquí, tu padre y yo
te hemos buscado con dolor» (Luc. 2, 48).
Considera qué repentino golpe de dolor recibió el corazón de la Virgen cuando salió del templo y de Jerusalén, y se dio cuenta de que Jesús, su único Hijo, su único bien, su único tesoro, no venía con ella.
¡Oh Dios! Se dio cuenta de que ella y su santo esposo lo habían perdido y, estimulados al mismo tiempo por el amor y el dolor, sin preocuparse por descansar ni por comer, aunque débiles y cansados, se apresuraron a buscarlo para intentar hallarlo.
No hay hogar ni posada en la que no entren; no hay plaza ni camino que no recorran; no hay ciudadano ni forastero, amigo o pariente, a quien, con lágrimas y suspiros, no pregunten. ¡Pero, ay!, nadie sabe dar cuenta; todos se encogen de hombros.
Entonces, ¿qué quejas, qué lamentos no habrá exhalado la desconsolada Madre desde su corazón? ¿Y qué funestos pensamientos no habrán martirizado su alma?
¿Quién sabe —habrá dicho— si tal vez mi Jesús está mal cuidado o mal servido por mí, o se encuentra perdido entre la multitud, o ha regresado al Cielo? ¿Quién sabe si Arquelao, sucesor de Herodes, no habrá continuado con su crueldad y le habrá hecho arrestar y asesinar?
Pero ya son tres días y tres noches que le busca, le suspira y le llora, y aun así no aparece.
He aquí, alma mía, la pena más amarga, que no por una hora, sino por tres días, afligió el ardiente corazón de María. Pero María, no por su culpa, sino por disposición del cielo, perdió a su Dios, a su Hijo Jesús; y tú, que lo perdiste voluntariamente al pecar y lo mantienes tanto tiempo perdido por tu pecado, ¿no te preocupas por nada?, ¿no procuras encontrarlo?
Oh, afligidísima y desconsoladísima Madre de mi Señor, por aquellas lágrimas incesantes con las que regaste las calles de Jerusalén buscando a tu amado Jesús, suaviza la dureza de mi corazón, haciéndome participar de tu dolor, y haz que me derrita en llanto de verdadero arrepentimiento, hasta que yo encuentre, como tú, a mi amabilísimo Dios.
Virgen entre todas las vírgenes la mejor,
escucha mi solicitud con amor:
déjame compartir tu divino dolor.
GRACIA QUE DEBE PEDIRSE
María Santísima, dulce refugio de los pecadores, por los méritos de este tan cruel dolor, haz que Jesús regrese al alma mía, de donde escapó por el pecado original; dame una chispa de tu amor, a fin de que nunca más lo pierda, sino que lo cuide para siempre.
FRUTO A RECOGERSE
EN ESTE TERCER DOLOR
I. Si la Santísima Virgen estaba tan afligida y luchó tanto para encontrar a su Jesús perdido, ¿qué no deberías tú hacer para encontrarlo con su divina gracia, cuando tantas veces lo has perdido por el pecado?
II. La Santísima Virgen perdió a Jesús no cuando estuvo errante por Egipto, sino cuando fue a la fiesta de Jerusalén. A partir de aquí, aprende que, para estar unido con Dios, puedes hallar gozo en el retiro y la soledad, y corres el riesgo de perderlo en el tumulto y en la conversación.
III. Después de tres días, la Santísima Virgen encontró a su Hijo Jesús; así tú, si alguna vez por el pecado lo pierdes, después del triduo místico de contrición, confesión y satisfacción lo encontrarás.
***
Nuestra Señora prometió a santa Brígida que concedería siete gracias a aquellas almas que la honren y acompañen diariamente, rezando siete Ave Marías mientras meditan en sus lágrimas y dolores:
1. “Yo concederé la paz a sus familias.”
2. “Serán iluminadas en cuanto a los divinos Misterios.”
3. “Yo las consolaré en sus penas y las acompañaré en sus trabajos.»
4. “Les daré cuanto me pidan, con tal de que no se oponga a la adorable voluntad de mi divino Hijo o a la salvación de sus almas.”
5. “Los defenderé en sus batallas espirituales contra el enemigo infernal y las protegeré cada instante de sus vidas.”
6. “Les asistiré visiblemente en el momento de su muerte y verán el rostro de su Madre.
7. “He conseguido de mi Divino Hijo que todos aquellos que propaguen la devoción a mis lágrimas y dolores, sean llevadas directamente de esta vida terrena a la felicidad eterna ya que todos sus pecados serán perdonados y mi Hijo será su consuelo y gozo eterno.”
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Ofrezcamos el rezo de siete avemarías en recuerdo de los siete dolores de nuestra Señora.
7 Avemarías
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo,
y los Dolores de su Santísima Madre
al pie de la cruz.
ORACIÓN
Imprimid, Señora, vuestras llagas en mi corazón, para que en ellas recoja dolor y amor: dolor, para soportar por vos todos los dolores, amor, para despreciar por vos todos los amores. Amén.
TEXTO Y VIDEO DE LA CORONA DE LOS SIETE DOLORES
https://misagregorianatoledo.blogspot.com/2023/09/corona-de-los-siete-dolores-de-la.html
Finalmente, no olvides recitar la Corona de los Siete Dolores en este día y visitar con devoción y recogimiento el altar de la Santísima Virgen de los Dolores. Por decreto de su S.S. León XIII la corona de los siete dolores de la Virgen satisface el rezo del rosario.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado, Purísimo y Doloroso Corazón de María, sed la salvación mía.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.