Lunes de Septuagésima.
Los obreros de la viña de Cristo.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DE
TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,
CUARESMA
Y TIEMPO DE PASIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Lunes de Septuagésima.
Los obreros de la viña de Cristo.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo el padre de familias que salió al amanecer a coger obreros para su viña, es Dios, que llama a todas horas a los hombres a su servicio y que ninguno viene a su viña sino es llamado por él, y si tú te hayas en ella, dale muchas gracias por la merced que te ha hecho sin haberla merecido, habiendo dejado a otros muchos los cuales si los hubiera llamado, le hubieran servido mucho más que tú. Considera a cuántos ha dejado fuera de esta viña de su iglesia la ceguedad de la idolatría y herejía y de otras sectas que los engañan y despeñan en lo profundo del infierno: pide a los ángeles que le alaben por esta merced incomparable quete ha hecho, y dale tú con ellos millares de loores cada día, y pídele gracia para serle agradecido y servirle por tan grande beneficio.
PUNTO II. Considera que tú eres uno de los obreros a quien Dios nuestro Señor ha llamado para labrar su viña, y mira que te llamó para trabajar y no holgar: acuérdate que el padre de familias reprendió a los que estaban ociosos; porque siente Dios mucho que lo estén en su servicio los que llamó para él: huye de este vicio como de enemigo capital tuyo y anímate a trabajar con aliento en la viña del Señor, acordándote de las mercedes que te ha hecho y del premio que te tiene preparado por los servicios que le hicieres.
PUNTO III. Considera cómo prefirió en la paga a los que vinieron los últimos y no trabajaron más que una hora en su viña; pero con tal fervor que merecieron ser preferidos a los primeros que trabajaron flojamente todo el día, porque en la casa de Dios no se atiende al tiempo sino a las obras, y si tú hace muchos años que estás, mira con atención lo que has obrado en su servicio; y si otros en una hora han aprovechado más que tú en toda tu vida al tiempo de la paga serán preferidos y les dará el Señor mayor y mejor premio que a ti, y si ha poco que viniste a su servicio esfuérzate a trabajar que en una hora podrás merecer tanto como los que hace mucho tiempo que sirven.
PUNTO IV. Considera la sentencia con que remata Cristo: Muchos son los llamados, y pocos los escogidos: la cual entiende san Crisóstomo de los llamados a la fe y escogidos para el cielo; porque aún de los cristianos son muchos los que se condenan y pocos los que se salvan ¡Oh alma mía y cuánto tienes que meditar en esta palabra! ¡Oh, si con la luz del cielo contemplases qué cosa es condenarse para siempre y qué es salvarse y entrar en el reino de la gloria! baja con la consideración al infierno y mira lo que allí pasa y la triste suerte irrevocable de los condenados, y luego sube con la misma consideración al cielo y contempla la gloria de los bienaventurados, coteja la una con la otra, y hallarás mayor distancia que hay del cielo a la tierra y que es cosa tan triste y desdichada, que si uno solo se hubiera de condenar en el mundo habíamos todos de temblar de que nos cayese tal suerte; pues cuánto más debemos temblar oyendo de boca del Salvador que son muchos los que se condenan y pocos los que se salvan. Da un paso más adelante y considera que forzosamente has de ser de los unos o los otros sin que haya medio ni modo para eximirse de este número, para en este pensamiento y vuélvete a Dios con íntima contrición de tu alma y dile; pequé Señor contra vos y me pesa en el alma de haberos ofendido por ser vos quien sois, y os suplico que me tengáis de vuestra mano y me deis vuestra gracia para que empiece desde hoy a serviros, y sea de los pocos y uno de los escogidos.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.