lunes, 23 de febrero de 2026

DE LO QUE HIZO CRISTO DESPUÉS DE LA CENA LEGAL.

 


Martes de la I semana de Cuaresma.

DE LO QUE HIZO CRISTO DESPUÉS DE LA CENA LEGAL. (Joann. 13.)

 

MEDITACIONES

SOBRE

LA PASIÓN

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:

en tu presencia me postro de rodillas,

y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,

vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,

verdadero dolor de mis pecados

y propósito firmísimo de enmendarme;

mientras con gran afecto y dolor

considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,

teniendo ante mis ojos aquello

que ya el profeta David ponía en tus labios

acerca de ti:

'Me taladran las manos y los pies,

puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".

 

Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.

Martes de la I semana de Cuaresma.

DE LO QUE HIZO CRISTO DESPUÉS DE LA CENA LEGAL. (Joann. 13.)

 

PUNTO PRIMERO. Dice el evangelista san Juan, que sabiendo Jesus que se llegaba su hora de pasar de este mundo al Padre, aunque siempre amó a sus discípulos, pero en el fin dio las mayores muestras de amor: adonde debes meditar lo primero, cómo Cristo siempre amó a los suyos, y siempre te amó a ti, no a tiempos ni con interpolaciones, sino siempre; y tú también le debes amar siempre sin cesar un punto de su servicio. Vuelve los ojos a ti mismo, y mira cuántas veces le has dejado de amar y te has olvidado de quien te tiene escrito en su corazón sin olvidarse jamás de ti, y exclama de lo íntimo de tu alma diciendo: ¡Oh Dios mío amantísimo! ¡Oh quién se olvidará de sí mismo antes que olvidarse de vos! ¡Oh Señor, y dueño mío! Pésame en el alma del tiempo que no os amé; no miréis a quien yo soy, y dadme por vuestra bondad una centella del volcán de vuestro pecho para que me encienda de manera en vuestro amor, que aunque quiera no pueda dejar de amaros ni olvidarme de vos.

PUNTO II. Considera cómo reconociendo el Salvador que se llegaba su hora, abrevió los plazos y amontonó los misterios, obrando muchas y grandes cosas en servicio de Dios y bien de los hombres. Mira, alma mía, que también se llega tu hora de salir de este mundo para ir al Eterno Padre: ¿cómo estás tan remiso y negligente? Atiende lo que debes hacer, y que es tiempo de darte prisa y obrar con fervor y diligencia doblando las tareas y las obras de caridad para con Dios y los hombres a ejemplo del Salvador. 

PUNTO III. Dice el Evangelista que dio fin Cristo a la cena legal del Cordero, y se levantó de la mesa. No le obligaba la ley, pero nos dio ejemplo a cumplir en primer lugar las leyes a los que nos obligan: esto debes establecer en tu alma con su ejemplo, como lo establecía David (1), el cual decía que escribía la ley de Dios en medio de su corazón: esta es la primera devoción que debes entablar en el tuyo y anteponerla a todas las demás, y pedir a Dios gracias para cumplirla, como tienes obligación.

PUNTO IV. Considera cómo dio allí fin la ley antigua y empezó la nueva de Cristo Nuestro Señor: dale gracias por la merced que nos hizo tan a costa suya, y medita cómo debes guardar todo lo que nos enseñó, y cómo lo has guardado hasta aquí, y acuérdate de lo que sucedió a Moisés (2) cuando vio la idolatría del pueblo, que hizo pedazos las tablas de la ley de Dios, privándoles de  ellas como a indignos de recibirlas por su alevosía. Tiembla de los castigos de Dios; reconoce que has pecado contra su santa ley; que eres indigno de ella, y humíllate en su presencia y pídele con ansias de tu corazón que no te castigue como mereces privándote de su ley, sino que te perdone y dé su gracia para empezar de nuevo a servirle y merecer ser uno de los suyos y de los que la guardan perfectísimamente sin faltar un ápice, como el mismo Cristo la guardó.

(1) Psalm. 37. (2) Exod. 19.

 

Al finalizar

 

INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN

San Buenaventura

 

Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!

Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!

Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.

 

También puede terminarse recitando el viacrucis.