jueves, 26 de febrero de 2026

El enfermo de treinta y ocho años que Cristo sanó en la Piscina

 


El enfermo de treinta y ocho años

que Cristo sanó en la Piscina

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Viernes de la I semana de Cuaresma

El enfermo de treinta y ocho años

que Cristo sanó en la Piscina

Jn 5, 1-15

Subió Cristo a Jerusalén un día de fiesta y entró en el hospital, que estaba vecino al templo, puso los ojos en el enfermo más necesitado, ofrecióle la salud y diósela con una palabra, y mandóle tomar su cama y que se fuese a su casa, a que luego obedeció.

PUNTO PRIMERO. Considera en qué gastaba Cristo los días de fiesta y qué obras hacía en ellos; conviene a saber, frecuentar el santo templo, y visitar los hospitales y curar a los enfermos; de quien debes aprender en qué los has de gastar tú a ejemplo suyo; pídele gracia y favor para acompañarle y seguir sus pisadas, y celebrar los días dedicados a Dios en obras de su servicio.

PUNTO II. Entra con la consideración en aquel hospital y da una vista a los varios enfermos que hay en él, y verás un retrato del mundo lleno de tantos enfermos, cuantos son los hombres pecadores de la tierra, con tan varias dolencias, unos de avaricia, otros de ambición, otros de ira, otros de gula y otros de lascivia, y de las enfermedades de otros vicios; y duélete de ellos, y pídele al Señor que les envíe médico y medicinas espirituales que los curen y den salud, y vuelve los ojos a ti mismo, y mírate entre ellos llagado y enfermo del contagio de tus vicios, y llora tantos años como hace que estás enfermo, y clama al Señor por tu salud.

PUNTO III. Considera cómo Cristo puso los ojos en el enfermo más necesitado y desamparado, y le dio entera salud. Aprende tú a mirar por los más pobres y desamparados del mundo, y a procurarles la salud con todas tus fuerzas, y vuélvete a aquel médico celestial y dile: Señor, si buscáis el enfermo más necesitado, yo soy el más pobre y el más desamparado, yo no tengo hombre que me valga, dadme la mano y valedme vos; y pues tenéis salud, no para uno solo como aquella piscina, sino para muchos y para todos los enfermos que ha habido y habrá en el mundo, dadme salud de todas mis dolencias, y gracia para que salga de todos mis pecados, que son la enfermedad mortal.

PUNTO IV. Considera cómo le mandó Cristo a este enfermo tomar su cama y salir del hospital en señal de su perfecta salud, para enseñarnos a cobrarla en el alma, quitando las ocasiones de pecar, que son la cama de los vicios. Toma como dichas a ti las palabras de Cristo Señor nuestro; y pues te manda quitar las ocasiones, pídele que te dé fuerzas, como las dio a este enfermo, para quitarlas y servirle perfectamente todos los días de tu vida; oye y medita aquellas últimas palabras de boca del Salvador: Mira que ya estás sano, no vuelvas más a pecar, porque no te suceda alguna cosa peor en adelante.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.