jueves, 19 de febrero de 2026

DE LA CENA LEGAL QUE CELEBRÓ CRISTO CON SUS DISCÍPULOS

 


Viernes después de ceniza.

DE LA CENA LEGAL QUE CELEBRÓ CRISTO CON SUS DISCÍPULOS. Matth. 26.

 

MEDITACIONES

SOBRE

LA PASIÓN

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:

en tu presencia me postro de rodillas,

y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,

vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,

verdadero dolor de mis pecados

y propósito firmísimo de enmendarme;

mientras con gran afecto y dolor

considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,

teniendo ante mis ojos aquello

que ya el profeta David ponía en tus labios

acerca de ti:

'Me taladran las manos y los pies,

puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".

 

Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.

 

Viernes después de ceniza.

DE LA CENA LEGAL QUE CELEBRÓ CRISTO CON SUS DISCÍPULOS. Matth. 26.

 

PUNTO PRIMERO. Considera la observancia que tuvo Cristo de la ley y de todas sus ceremonias, guardándolas puntualmente, y aprende de tan gran maestro a guardar la ley de Dios y todas sus ceremonias puntualísimamente, y las reglas y estatutos de tu estado y profesión a ejemplo del Salvador, y pídele su gracia para imitarle en esto como en todo lo demás.

PUNTO II. Entra en aquel Cenáculo, y mira con los ojos del alma a Cristo Nuestro Señor a la mesa con sus discípulos. Contempla la modestia, la gravedad y silencio con que están; la templanza que guardan en la comida y bebida, y en todas las acciones que hacen; y aprende de la manera que te debes portar en tus comidas, pidiéndole al Señor sus auxilios para no excederse en ellas.

PUNTO III. Mira el plato principal de aquel convite, en que pusieron a los ojos de Cristo, aquel Cordero legal asado y entero, imagen del mismo Cristo: Cordero inmaculado, sazonado en el fuego de su amor, y crucificado y herido con tanto número de tormentos. Contempla al Salvador mirándose en aquel espejo ya tan cercano a su muerte, que dentro de veinte y cuatro horas había de venir sobre él todo lo que significaba; entra en lo interior de aquel alma, y mira los afectos de obediencia y amor que ardían en ella, ofreciéndose de buena voluntad a su Eterno Padre para remedio del género humano; recoge las lágrimas que caen de sus ojos, y acompáñalas con las tuyas viendo a tu Salvador ofreciéndose por tí, y ofrécete con rendida voluntad a morir por su amor y padecer todo lo que fuere servido por el bien de tus hermanos.

PUNTO IV. Asiste a esta mesa, y mira cómo Cristo parte y reparte aquel cordero entre todos los apóstoles y los que moraban en la casa; declarando con esto, que a todos había de caber parte de los méritos de su pasión, y habían de participar del Cordero inmaculado que se había de ofrecer en la cruz. Llega tú también con la reverencia y humildad que debes, y pídele al Señor que te dé alguna parte aunque no la merezcas. Dile con afecto de tu corazón: Señor, que a todos repartís del plato de esta mesa, no me dejéis a mí solo sin alguna parte de las que dais a los demás; si la dais por pobres, ninguno más que yo; si por necesitados, yo soy el que más; si por desamparados, yo no tengo otro amparo sino a vos; si por huérfanos, veisme aquí sin padre y sin madre; si por siervos vuestros, ponedme la señal y el clavo que no quiero tener otro dueño sino a vos; aquí me estaré hasta que os apiadéis de mí, y me deis algún consuelo con vuestra visitación.

 

 

Al finalizar

 

INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN

San Buenaventura

 

Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!

Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!

Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.

 

También puede terminarse recitando el viacrucis.