lunes, 16 de febrero de 2026

De la subida a Jerusalén

 


MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Martes de Quincuagésima

De la subida a Jerusalén

Lc 18, 31-43

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice el Evangelista, que subiendo Cristo a Jerusalén iba tratando con los discípulos de su Pasión, porque por ella subimos a la Jerusalén celestial, a donde está la verdadera paz y se goza de la visión de Dios. Pondera cómo Cristo nos allanó este camino por medio de su Pasión, y nos abrió la puerta del cielo a costa de su sangre por la grandeza de su amor. Dale gracias por este incomparable beneficio y por el amor que te tuvo, y lo mucho que padeció por ti, y pídele gracia para seguirle y padecer por su amor.

PUNTO II. Pondera que habla el Evangelista de plural cuando dice que todos subían a Jerusalén, y de singular al padecer, diciendo que solo Cristo había de ser entregado a los príncipes de los sacerdotes, y mofado, azotado, crucificado y muerto, porque tomó las penas para sí solo, y nos dejó el descanso y la gloria, ¡Oh alma mía! contempla la fineza del amor de tu Redentor, y cuán diferente eres tú para con tus prójimos, procediendo tan al contrario, que tomas para ti los descansos y les echas a ellos la cruz sobre sus hombros, y trueca las manos a ejemplo de tu Maestro, tomando para ti la cruz y lo penoso, porque ellos tengan alivio y consuelo, y no ceses de dar gracias a tu Dios por la caridad tan encendida con que te amó.

PUNTO III. Considera lo mucho que Cristo padeció: y que tus pecados fueron la causa de su Pasión; tú le labraste la cruz con tus ofensas, y le coronaste de espinas con tus vanas locuras, y le azibaraste el gusto con tus regalos, y le llagaste de pies a cabeza con tus sensualidades, y le deshonraste y escupiste con tus honras vanas, pundonores y desprecios de tus prójimos. Contempla la carnicería que has hecho en tu Redentor, y llora amargamente tus pecados, y arrójate a sus pies, y pídele perdón y gracia para enmendarte y hacer penitencia de ellos, para no volverle a crucificar otra vez, sino antes servirle con finísima caridad.

PUNTO IV. Considera la grandeza de este beneficio, y que Cristo sube a Jerusalén con su cruz y te dice que tomes la tuya, y que le sigas con ella, si quieres entrar con él: no te hagas sordo a su voz, sino toma tu cruz y sigue a Jesús; y pues él trata en el camino de su pasión, imítale tú tratando de ella en tus conversaciones; por este camino has de subir al cielo, hablando de su muerte, meditando su Pasión y sufriendo con paciencia los trabajos por su amor:; ofrécete de corazón a imitarle y seguirle, si quieres alcanzar la corona, porque el tiempo de la cuaresma es dedicado a la Pasión de Cristo nuestro Señor, *pondremos dos meditaciones, una del Evangelio del día y otra de la Pasión, discurriendo por los pasos del Salvador, y podrá servir la una para la oración de la mañana, y la otra para la de la tarde, conforme a la devoción de cada uno.

*Estas meditaciones las pondremos en otro documento.

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.