sábado, 28 de febrero de 2026

La transfiguración del Señor (2)

 


Domingo segundo de Cuaresma

La transfiguración del Señor

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Domingo segundo de Cuaresma

La transfiguración del Señor

Mt 17, 1-9

PUNTO PRIMERO. Sube con la consideración al monte Tabor en compañía de Cristo y de sus tres amados discípulos, y contempla lo que allí pasa. Mira cómo en la soledad de la noche se ponen todos cuatro en oración en sumo silencio, y que el rostro de Cristo resplandece como el sol, y Ios vestidos parecen más blancos que la nieve, la música que se oye del cielo, la nube de resplandor que los cubre, a Moisés y Elías que aparecen allí con majestad, la voz que se oye del Padre, los corazones de los discípulos bañados de inmenso gozo. Aplica los sentidos a todo lo que allí pasa, mira la gloria de Cristo, y oye lo que hablan Moisés y Elías; lo que dice San Pedro, que pide se queden allí, y sobre todo la voz del Padre que dice; este es mi Hijo querido, en quien mucho me he agradado; y gózate de su gozo y dale mil parabienes de su gloria, etc.

PUNTO II. Considera el premio que Dios tiene preparado para los que le sirven, y cuánta es su grandeza, pues san Pedro con una sola gota que le paladeó el Señor se disgustó de cuanto tiene el mundo y lo quiso dejar todo y no volver más a él, porque todo es nada y sus gustos son acibar en su comparación ¡Oh Señor, y qué engañado vivo anhelando por las migajas de este mundo! dadme que os conozca y aprecie los premios de vuestros escogidos para que lo deje y desprecie todo por vos.

PUNTO III. Considera la plática que tuvieron en aquel monte y en medio de aquella gloria, que fue de su pasión y de la muerte que había de padecer en Jerusalén. Pondera que no hay plato para el Salvador más gustoso que el de su muerte y pasión, pues le gustó en su mayor gloria; y pídele gracia para meditarla tú y no perderla de tu memoria y que te dé gusto en padecer por su amor como él le tuvo en padecer por ti.

PUNTO IV. Considera, como dice el Evangelista, que los discípulos temieron oyendo la voz del Padre y cayeron en el suelo temblando y aterrados de pavor, que tal efecto causa en la flaqueza de los hombres la voz del Sumo Señor. Piensa, pues, ahora que si una voz tan blanda y amorosa les causó tan gran temor, ¿cuál le causará la terrible y espantosa del juicio a los malos, cuando los condene a los tormentos eternos? Ponte en medio del Tabor y del valle de Josafat, y coteja lo que pasa en el uno y en el otro, y esta gloria con aquellos tormentos de los malos, y mira por ti porque no seas digno de oír aquella terrible voz, sino la que te llame a gozar la gloria del Señor.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.