Lunes de Sexagésima.
La semilla de la palabra de Dios.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DE
TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,
CUARESMA
Y TIEMPO DE PASIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Lunes de Sexagésima.
La semilla de la palabra de Dios.
PUNTO PRIMERO. Este día considera las causas que hubo para que se perdiesen las tres partes de la semilla, y las que hubo para que se lograse la cuarta y diese tan copioso fruto, que restaurase la pérdida de las tres que se perdieron. La primera parte se perdió, porque cayó en el camino y la pisaron los que pasaron por él, porque se pierde la palabra de Dios en aquellos que andan en la frecuencia del pueblo y son como camino común, todos los cuales, como dice san Cirilo, pierden el jugo de la devoción y quedan secos y áridos en el espíritu; de manera que no da fruto en ellos la palabra de Dios. Mira cuanto te importa el recogimiento, y apártate de los concursos y frecuencia de los hombres, en los cuales pierdes el fruto espiritual de tu alma, la devoción interior y la paz del espíritu, y procura en adelante retirarte y esconderte, no te impidan un bien tan grande como es el logro de las inspiraciones divinas, y los avisos y consejos de su santa palabra.
PUNTO II. Considera que la segunda parte de la semilla se perdió porque cayó entre piedras y no tuvo jugo para crecer y dar fruto; porque como dice Beda, se pierde la palabra de Dios que cae en corazones de piedra, duros y rebeldes a su voz; y si alguna vez se mueven con ella a hacer algo en servicio de Dios, a cualquiera dificultad o contradicción se rinden y vuelven atrás en el bien comenzado. Entra en cuenta contigo, y mira cuánta de la semilla divina se ha malogrado en ti, por haber cobardeado a las contradicciones que se te han ofrecido; persuádete que siempre has de tener por enemigo al demonio, si tienes por amigo a Dios; y que a donde quiera que fueres te ha de hacer guerra, y que te importa la vida pelear como varón y lograr su santa palabra; y que para esto es necesario que eches raíces hondas en tu corazón, porque no la arranque cualquiera viento de tentación, y que no las podrá echar, si tu corazón es de piedra y duro a su voz. Medita despacio esta verdad, y mira qué medio has de tomar para perder la dureza, y ser blando, dócil y obediente a su palabra; pídele a nuestro Señor que te quite el corazón de piedra, y te dé uno de carne, como lo prometió a los suyos, para amarle y servirle, y ser blando y obediente a sus voces.
PUNTO III. Considera que la tercera parte de la semilla se perdió porque cayó entre espinas, que como explica el Salvador, significan los cuidados seculares, las riquezas y los deleites del mundo, los cuales ahogan la semilla de la palabra de Dios. Carga el peso de la consideración sobre esta sentencia de Cristo, y contempla cómo son espinas para el espíritu los deleites del siglo, las honras y dignidades, que tanto apetecen los hombres, y tienen tanto gozo después de haberlas alcanzado. Llora el engaño en que viven y en el que tú te hayas, estimándolas y procurándolas tan ciegamente; pues como dice san Gregorio, punzan y lastiman el alma como espinas, al paso que regalan el cuerpo; mira cuánto más te importa tu alma que tu cuerpo, y el bien espiritual que el temporal; y toma muy a pechos arrancar de tu corazón todas estas espinas, que no han dejado crecer en ti la palabra de Dios, y pídele su gracia y favor para ello de lo íntimo de tu corazón.
PUNTO IV. Considera cómo se logró la cuarta parte de la semilla, por haber caído en buena tierra, blanda, limpia y retirada de los caminos y de la frecuencia de los hombres, que como dice el Salvador, significa los que reciben su palabra en un corazón bueno y óptimo, y llevan el fruto en paciencia, esperando en la misericordia de Dios. Mira cuál es tu corazón, y si tiene las calidades que debe para lograr esta divina semilla, y qué fruto da y ha dado, y pídele a Dios que te dé su gracia para corregirte en adelante y lograr con grande acrecentamiento su divina palabra.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.