jueves, 19 de febrero de 2026

El amor de los enemigos

 


Viernes después de ceniza

El amor de los enemigos

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Viernes después de ceniza

El amor de los enemigos

Mt 5, 43-48. 6, 1-4.

Exhórtanos Cristo en el Evangelio a que no si gamos los consejos del mundo sino los suyos, perdonando y haciendo bien a nuestros enemigos, para que seamos hijos de su Padre celestial que está en los cielos.

PUNTO PRIMERO. Considera cómo el mundo siempre yerra en sus consejos contrarios a los de Dios, y no los sigas, porque no te pierdas, como se han perdido todos los que los han seguido; desde el principio fue homicida, y enseñó la venganza contra la piedad y mansedumbre. Clama a Dios, y pídele su favor para no seguir tan errados consejos, que tiran a tu destrucción.

PUNTO II. Considera que Cristo te dice que perdones a tus enemigos, suponiendo que no te han de faltar, sino que los has de tener en cualquiera parte que te hallares; persuádete que te los envía Dios para tu ejercicio y corona; piensa en esto despacio, y da una vuelta por el discurso de tu vida, y hallarás que nunca te ha faltado qué sufrir, y prepárate para la pelea, no para herir o defenderte, sino para sufrir con paciencia las persecuciones de tus enemigos, retornándoles bien por el mal por amor de Dios. Ponte a sus pies y dile con rendido corazón; Señor, aquí me ofrezco a vos, hágase vuestra divina voluntad; si queréis que tenga enemigos, bendito seáis, yo os doy gracias por ello, dadme la vuestra para que tenga раciencia, y sepa amar y hacer bien a quien me aborrece y hace mal, como vos me lo mandáis.

PUNTO III. Considera los enemigos que tuvo Cristo en el discurso de toda su vida, y cómo nunca se vengó, sino que siempre les mostró amor y les hizo bien y rogó por ellos a su Eterno Padre, pidiéndole que les hiciese mercedes cuando más le ofendían; oye la lección que te dio en la cátedra de la cruz, y aprende a rogar a Dios por los que te ofenden, a ejemplo de tu Salvador.

PUNTO IV. Considera el premio que pone Cristo a los que perdonaren a sus enemigos y los hicieren bien; conviene a saber, que serán hijos de su padre celestial, porque aquel merece este nombre, que sigue sus consejos e imita sus virtudes. Pondera cuán a su salvo puede Dios vengarse cada día de los que le ofenden y está tan lejos de hacerlo que nunca cesa de hacerles mercedes, conservándoles la vida, dándoles el sustento y haciendo salir el sol y llover el agua sobre ellos como sobre los justos ¡Oh Señor! bendito seáis que tal enseñanza me dais cada día que amanece ¡Oh si tuviera entendimiento para ponderarla y fuerzas para imitarla! vos que me enseñáis dádmelas. Considera cuán alta dignidad es ser hijo de Dios, y como dice los hijos son naturalmente herederos de sus padres, y los de Dios de su reino celestial; éste ganas si perdonas de corazón a tus enemigos, y éste pierdes si tratas de vengarte. Mira mucho en ello y acuérdate en la presencia del Señor de los que se han vengado y están ahora en el infierno, y de los que han perdonado y están en el cielo, y mira cuál de estas dos suertes quieres seguir, y pide gracia al Señor para imitar a los buenos y no seguir a los malos.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.