Viernes después de ceniza
El amor de los enemigos
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DE
TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,
CUARESMA
Y TIEMPO DE PASIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Viernes después de ceniza
El amor de los enemigos
Mt 5, 43-48. 6, 1-4.
Exhórtanos Cristo en el Evangelio a que no si gamos los consejos del mundo sino los suyos, perdonando y haciendo bien a nuestros enemigos, para que seamos hijos de su Padre celestial que está en los cielos.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo el mundo siempre yerra en sus consejos contrarios a los de Dios, y no los sigas, porque no te pierdas, como se han perdido todos los que los han seguido; desde el principio fue homicida, y enseñó la venganza contra la piedad y mansedumbre. Clama a Dios, y pídele su favor para no seguir tan errados consejos, que tiran a tu destrucción.
PUNTO II. Considera que Cristo te dice que perdones a tus enemigos, suponiendo que no te han de faltar, sino que los has de tener en cualquiera parte que te hallares; persuádete que te los envía Dios para tu ejercicio y corona; piensa en esto despacio, y da una vuelta por el discurso de tu vida, y hallarás que nunca te ha faltado qué sufrir, y prepárate para la pelea, no para herir o defenderte, sino para sufrir con paciencia las persecuciones de tus enemigos, retornándoles bien por el mal por amor de Dios. Ponte a sus pies y dile con rendido corazón; Señor, aquí me ofrezco a vos, hágase vuestra divina voluntad; si queréis que tenga enemigos, bendito seáis, yo os doy gracias por ello, dadme la vuestra para que tenga раciencia, y sepa amar y hacer bien a quien me aborrece y hace mal, como vos me lo mandáis.
PUNTO III. Considera los enemigos que tuvo Cristo en el discurso de toda su vida, y cómo nunca se vengó, sino que siempre les mostró amor y les hizo bien y rogó por ellos a su Eterno Padre, pidiéndole que les hiciese mercedes cuando más le ofendían; oye la lección que te dio en la cátedra de la cruz, y aprende a rogar a Dios por los que te ofenden, a ejemplo de tu Salvador.
PUNTO IV. Considera el premio que pone Cristo a los que perdonaren a sus enemigos y los hicieren bien; conviene a saber, que serán hijos de su padre celestial, porque aquel merece este nombre, que sigue sus consejos e imita sus virtudes. Pondera cuán a su salvo puede Dios vengarse cada día de los que le ofenden y está tan lejos de hacerlo que nunca cesa de hacerles mercedes, conservándoles la vida, dándoles el sustento y haciendo salir el sol y llover el agua sobre ellos como sobre los justos ¡Oh Señor! bendito seáis que tal enseñanza me dais cada día que amanece ¡Oh si tuviera entendimiento para ponderarla y fuerzas para imitarla! vos que me enseñáis dádmelas. Considera cuán alta dignidad es ser hijo de Dios, y como dice los hijos son naturalmente herederos de sus padres, y los de Dios de su reino celestial; éste ganas si perdonas de corazón a tus enemigos, y éste pierdes si tratas de vengarte. Mira mucho en ello y acuérdate en la presencia del Señor de los que se han vengado y están ahora en el infierno, y de los que han perdonado y están en el cielo, y mira cuál de estas dos suertes quieres seguir, y pide gracia al Señor para imitar a los buenos y no seguir a los malos.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.