domingo, 22 de febrero de 2026

El juicio final

 


Lunes de la I semana de Cuaresma

El juicio final

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Lunes de la I semana de Cuaresma

El juicio final

Mt 25, 31-46

Dice Cristo que ha de venir a juzgar al mundo con grande poder, y que pondrá a los buenos a su diestra, y a los malos a su mano siniestra; examinará las causas, dará final sentencia llamando a los buenos para el cielo, y lanzando a los malos en el infierno.

PUNTO PRIMERO. Considera que ha de haber día de cuenta en que la ha de pedir Dios a todos los hombres de sus vidas, y a ti también como a uno de ellos. Considera cuál la dieras si ahora te la pidiera, y cuál la quisieras dar entonces delante de aquel senado de cielos y tierra, y ángeles y hombres que han de estar a la mira oyendo tus cargos y descargos, y tú esperando la final sentencia, de que no hay ni habrá apelación, súplica, ni réplica, ni dilación; y haz luego lo que quisieras haber hecho entonces sin dar nuevos plazos de dilación a tu enmienda, pues ninguno tienes seguro en esta vida.

PUNTO II. Considera la majestad con que vendrá el Salvador acompañado de sus ángeles y de toda la corte celestial, y cómo plantará su tribunal en lo alto de aquel campo, y concurrirán allí todas las gentes a dar cuenta de sus vidas, acompañados de sus obras solamente, sin riquezas, ni parientes, ni criados, ni amigos. Pon los ojos en los buenos, tan gozosos y alegres, y en los malos tan tristes y desventurados, perdidos todos sus haberes, y llorando amarguísimamente su desdicha sin remedio para enmendarla;  pondera despacio cómo pasó como un sueño la farsa de esta vida, y cómo empieza la verdadera; y mira de qué gremio quisieras ser de los dos, porque forzosamente has de ser del uno o del otro; y dispón tu vida de manera que pertenezcas al de los buenos y predestinados, y no al de los malos y condenados para siempre.

PUNTO III. Considera lo que dice Cristo, que en llegando ha de apartar los buenos de los malos, como el pastor aparta los corderos del cabrito; y como dice san Pablo, los buenos subirán resplandecientes por el aire, y se pondrán al lado derecho de Cristo, y los malos quedarán en la tierra a su mano siniestra, como reprobados. Asómate a aquel lugar ahora con la consideración, y mira despacio lo que pasa, y considera el gozo de los unos y la envidia de los otros; lo que sentirá el hijo ver subir a su padre y él quedarse reprobado, la mujer a su marido, el hermano al hermano, y el amigo al amigo. Contempla el llanto y rabia que tendrán por no poderlos seguir, y clama a Dios de todo tu corazón, pidiéndole su gracia para alcanzar buena suerte y no caer en la desdichadísima de los condenados.

PUNTO IV. Carga toda la consideración en la sentencia que dará a los unos y a los otros, a los buenos llamándolos a reinar en su compañía en el cielo porque usaron con él de misericordia cuando la tuvieron de sus pobres; y a los malos, lanzando los con los demonios en el infierno porque no la tuvieron,  a penar eternamente. Mucho tienes que pensar en la gloria de los unos y en la pena de los otros, y sobre todo en la duración, que no ha de ser por diez o veinte años, como los destierros de acá, sino para mientras Dios fuere Dios, por una eternidad sin fin, ni término, ni remate, sino que siempre queda más y más que gozará los buenos, y que padecer a los malos: ahonda en este abismo sin suelo y en este camino sin paradero, y vuelve a Dios con suma admiración y di: ¡Oh Señor, cómo hay quién os ofenda, siendo esto como es verdad! Locos están los mortales pues no lo consideran, y loco he estado yo siempre que no lo he pensado; dadme vuestra gracia para que vuelva en mi acuerdo y no cese de serviros, amaros y glorificaros sin fin, para que merezca vivir eternamente con vos en el cielo.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.