sábado, 19 de noviembre de 2022

19 de noviembre. Santa Isabel de Hungría, viuda

19 de noviembre. Santa Isabel de Hungría, viuda

Isabel, hija de Andrés, rey de Hungría, se formó desde la infancia en el temor de Dios; y su piedad creció al compás de los años. Contrajo matrimonio con Luis Langrave de Hessey de Turingia, mas no puso menos celo en cumplir sus deberes para con Dios que para con su marido. Se levantaba por la noche para entregarse largo tiempo a la oración; consagrábase al servicio de viudas, huérfanos, enfermos y pobres. En una hambruna se la vio distribuyendo el trigo de su casa. Daba también asilo a los leprosos, les besaba las manos y los pies, e hizo construir un gran hospital para cuidar y alimentar a los pobres.

Muerto su esposo, y queriendo servir a Dios con mayor libertad, Isabel se despojó de todos los aderezos mundanos, se revistió de una túnica grosera y entró en la Orden de Penitentes de San Francisco donde se hizo notar por su paciencia y humildad. Porque despojada de todos sus bienes, expulsada de su propio palacio, y abandonada de todos, soportó con valor las injurias y las maledicencias, ofreciéndolo todo a Dios con gran gozo, humillándose hasta la práctica de los oficios más viles cerca de los pobres y enfermos, procurándoles los alivios necesarios y contentándose con hierbas y legumbres para su sustento.

Habiendo pasado su vida en el cumplimiento de estas obras de piedad y otras no menos santas, llegó por fin, el término de su carrera terrenal; ella lo había ya profetizado a los que la rodeaban. Mientras estaba absorta en la contemplación divina, se durmió en el Señor con los ojos fijos en el cielo después de haber sido asistida por Dios, y confortada con los sacramentos. Diversos milagros se obraron en su tumba, y después de su conocimiento y comprobación, Gregorio IX la inscribió entre el número de los santos.

 

Oremos.

Oh Dios misericordioso, ilumina los corazones de tus fieles; y por las preces gloriosas de la bienaventurada Isabel, haz que despreciemos las prosperidades del mundo y gocemos siempre de la celestial consolación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

LAS PROMESAS DE LOS DEVOTOS DE LOS DOLORES DE NUESTRA SEÑORA. Santa Isabel de Hungría