lunes, 3 de agosto de 2026

DÍA 4. EL CORAZÓN DE MARÍA, PRISIONERO DE AMOR. EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO AL SANTÍSIMO E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 


DÍA 4

EL CORAZÓN DE MARÍA,

PRISIONERO DE AMOR

 

EL MES DE AGOSTO
CONSAGRADO AL
SANTÍSIMO E INMACULADO
CORAZÓN DE MARÍA

 

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

DÍA 4

EL CORAZÓN DE MARÍA,

PRISIONERO DE AMOR

durante los nueve meses que permaneció

en el seno de santa Ana

 

Considera que, por el pecado de Eva, nuestra primera madre, todos nosotros estamos condenados a pasar, antes de nacer, nueve meses en el seno de nuestra madre, privados de la luz del día, envueltos en las tinieblas de una completa ignorancia, manchados por el pecado e incapaces de merecer.

No ocurrió así con Aquella que vino al mundo libre de toda mancha del pecado original.

Lejos de sufrir la oscuridad de la ignorancia, pasó aquellos nueve meses en una continua contemplación de la Sabiduría divina, de la cual era trono vivo, mientras su Corazón ardía con un fuego de amor más intenso que el de los mismos serafines en el cielo.

Fue durante este largo retiro de nueve meses cuando su amor fue puesto a prueba por primera vez.

Porque Dios purifica el amor por medio del sufrimiento, así como el oro se purifica en el crisol.

Un amor tan grande y tan perfecto hacía que María soportara con alegría las limitaciones y las incomodidades de una prisión tan oscura y estrecha, sabiendo que esa era la voluntad de Aquel a quien amaba sobre todas las cosas.

Alma devota, contempla aquí una resignación tan sublime. Pero, al mismo tiempo, reflexiona sobre tu propia impaciencia para llevar el yugo que el pecado de Adán te ha impuesto.

María, siendo inocente, amó el yugo al que estaba sometida, no por el pecado, sino únicamente por la condición humana y por amor. Lo amó incluso antes de nacer.

¿Y tú, al menos antes de morir, no amarás el yugo propio de los hijos de Adán, que además has merecido tantas veces por tus propios pecados?

Sí, Dios mío. Abrazo con alegría este yugo que vuestra gracia hace tan ligero y tan suave. Y quiero llevarlo por amor y con amor hasta el fin de mi vida.

 

ORACIÓN

¡Oh Virgen María, espejo de pureza inmaculada! Me alegro más de lo que las palabras pueden expresar al pensar que, desde el momento de tu concepción, poseíste, junto con todos los dones del Espíritu Santo, las virtudes infusas más sublimes y perfectas. Doy gracias y alabo a la Santísima Trinidad, que te favoreció con tan insigne privilegio. Te suplico, Madre de bondad, que me alcances la gracia de practicar la virtud y de hacerme, por ello, digno de recibir los dones y las gracias del Espíritu Santo. Amén.

 

FLOR. Practicar hoy algún acto de mortificación.

 

FRUTO. Ejercitar la paciencia en las adversidades y en las tribulaciones.

 

 

ORACIONES FINALES

 

ORACIÓN

AL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA

 

¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra! Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, digno de toda la veneración y del amor de los ángeles y de los hombres; Corazón que más se asemeja al de Jesús, del cual sois la imagen más perfecta; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias: os suplicamos que derritáis el hielo de nuestros corazones y hagáis que se conviertan enteramente al Corazón de nuestro divino Salvador. Llenadlos del amor de vuestras virtudes e inflamadlos con ese fuego celestial que arde sin cesar en Vos.

¡Oh divino Corazón!, tomad bajo vuestra protección a la santa Iglesia; o mejor aún, recibidla y encerradla en Vos mismo. Sed siempre para ella dulce refugio y fortaleza inexpugnable contra todas las tentaciones y todos los ataques de sus enemigos.

Sed nuestro camino para llegar a Jesús y el canal por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.

Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones y nuestro socorro en todos los peligros.

Pero, sobre todo, asistidnos en el último combate que habremos de librar al final de nuestra vida, cuando se acerque la muerte y todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatarnos el alma.

En ese momento solemne, en esa hora terrible de la que depende nuestra eternidad, ¡oh Virgen tierna, misericordiosa y siempre pronta a socorrer!, hacednos experimentar la dulzura de vuestro Corazón maternal y manifestadnos cuán grande es el poder que tenéis sobre el Corazón de vuestro divino Hijo.

Abridnos, en la misma fuente de la Misericordia, un refugio seguro desde el cual podamos llegar a bendecirlo con Vos en el Paraíso por los siglos de los siglos. Amén.

 

ALABANZA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA

Que el Santísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean conocidos, alabados y bendecidos, amados, servidos y glorificados, siempre y en todo lugar. Amén.

 

Indulgencias concedidas a quienes reciten la oración y la alabanza anteriores

A petición de varios obispos y sacerdotes devotos del Santo Corazón de María, Su Santidad el papa Pío VII, mediante un rescripto del 18 de agosto de 1807, concedió las siguientes indulgencias:

  1. Una indulgencia de sesenta días a todo aquel que rece devotamente cada día la Oración y la Alabanza precedentes.
  2. Una indulgencia plenaria a quienes las reciten diariamente durante el curso de un año entero, en las fiestas de:
    • la Natividad de la Santísima Virgen María,
    • la Asunción de la Santísima Virgen,
    • y la fiesta del Santísimo Corazón de María,

con tal de que, además de cumplir las condiciones ordinarias (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), visiten una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María y oren allí según las intenciones del Romano Pontífice.

  1. Una indulgencia plenaria en la hora de la muerte para quienes hayan practicado fielmente este piadoso ejercicio todos los días de su vida.
  2. Todas estas indulgencias pueden aplicarse, en sufragio, por las santas almas del Purgatorio.