viernes, 20 de marzo de 2026

VIA CRUCIS del misal latino-español de Nácar-Colunga

 


VIA CRUCIS

Del misal latino-español de Nácar-Colunga

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Acto de contrición. Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador Padre y Redentor mío, por ser vos quien sois bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, a mí me pesa de todo corazón de haberos ofendido. También me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

 

Ofrecimiento. Dulcísimo Jesús, postrados a tus pies imploramos tu ayuda para recorrer con fervor y compunción la dolorosa vía que recorrieron tus pies ensangrentados. Ilumina, Señor, nuestras mentes y enciende nuestros corazones, para que penetremos y adoremos los insondables misterios de amor y caridad de tu pasión y muerte. Al hacer este vía crucis, nos proponemos ganar todas las indulgencias con que este ejercicio ha sido enriquecido por los sumos pontífices, y os las ofrecemos en satisfacción por nuestros pecados, en expiación de todas las ofensas que a diario se os hacen, y en sufragio de las benditas almas del purgatorio. Aceptad, Señor, este servicio de nuestra devoción, y dignaos bendecirnos por la intercesión de vuestra dolorosísima Madre, la Santísima Virgen María. Amén.

 

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Al principio de cada estación se puede decir:

V/. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

 

Y al final de cada estación:

V/. Señor, pequé.

R/. Tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores.

V/. Bendita y alabada sea la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo

R/. Y los Dolores de su Santísima Madre al pie de la cruz.

 

Se puede añadir Padrenuestro, Avemaría y Gloria en cada estación.

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Primera estación. Jesús condenado a muerte.

 

Oh, dulcísimo Jesús, por esta sentencia de muerte, que tantas veces hemos firmado con nuestras culpas, líbranos de la sentencia de nuestra muerte eterna. Amén.

 

Segunda estación. Jesús con la cruz a cuestas.

Oh dulcísimo Jesús, para salvarme cargaste con la pesada cruz de mis pecados, y los del todo el mundo. Haz que conozca todo su enorme peso, y los lave con lágrimas de contrición. Amén.

 

Tercera estación. Jesús cae por primera vez.

Señor, nuestras caídas y el peso de nuestras culpas te hacen caer a ti bajo el peso de la cruz. Concédenos la gracia de que las detestemos, y no volvamos a caer en ellas.

 

Cuarta estación. Jesús se encuentra con su Santísima Madre.

Oh Reina y Señora Nuestra, por el dolor cruel que traspasó tu maternal corazón, al ver a tu Hijo, afeado el rostro por el polvo y la sangre y desgarradas las carnes por los azotes, te suplicamos, Madre de la amargura, que pues fueron nuestros pecados los que te afligieron, hagas que amargamente los lloremos toda nuestra vida. Amén.

 

Quinta estación. El cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz.

Dichoso, Señor, el Cireneo que te ayudó a llevar la cruz hasta el Calvario. Dichosos nosotros también, si te ayudamos a llevarla, sufriendo resignados y contentos, las penas y contrariedades que en esta vida te dignes enviarnos. Amén.

 

Sexta estación. La Verónica enjuga el rostro de Jesús.

Oh benigno Jesús, que te dignaste imprimir tu divina imagen en el lienzo con que te enjugó la Verónica, graba en nuestra alma el recuerdo de tu acerva pasión. Amén.

 

Séptima estación, Jesús cae por segunda vez.

Oh manso Jesús, por segunda vez caes bajo el peso de la cruz. Te suplicamos, Señor, que nos hagas sentir íntimamente la malicia de nuestros pecados, y nos des gracia para que no nos hagan caer en la eterna condenación. Amén.

 

Octava estación. Jesús consuela a las piadosas mujeres de Jerusalén.

Oh Jesús piadoso, que consolaste a las piadosas mujeres que lloraban al contemplar tu aflicción. Derrama sobre nuestras almas el llanto de la contrición, y los consuelos de tu misericordia, en que confiamos. Amén.

 

Novena estación. Jesús cae por tercera vez.

Por la angustia que sufriste al caer por tercera vez, bajo el peso de la cruz, danos, Señor, una gracia singular, para que así no decaigamos de las promesas hechas en el bautismo y alcancemos los premios de la gloria. Amén.

 

Décima estación. Jesús es despojado de sus vestiduras.

Oh castísimo Jesús, que permitiste ser despojado de tus vestidos, quedando desnudo ante la muchedumbre. Por la pena que esta afrenta te causó, mortifica, Señor, nuestra carne pecadora, y mitiga nuestros perversos instintos, para que con tu gracia merezcamos conservar siempre, limpia, la estola bautismal. Amén.

 

Undécima estación. Jesús es clavado en la cruz.

Oh Pacientísimo Jesús, por los acervos dolores que sufriste al clavarte pies y manos en la cruz, haznos la gracia de nunca extender nuestras manos al mal, ni correr por los caminos del pecado, más vivir siempre crucificados y fijos en tu servicio. Amén.

 

Duodécima estación. Jesús muere en la cruz.

Oh divino Redentor, que crucificado entre dos ladrones, y levantado ante el mundo todo, mueres por salvarnos a nosotros de la muerte. Te suplicamos humildemente, que salves nuestras almas, y hagas que, amándote sobre todas las cosas, en ti y por ti, muramos al pecado. Amén.

 

Décima tercera estación. Jesús es bajado de la cruz.

Oh Madre dolorosa, por el cruel dolor que traspasó tu maternal corazón, al recibir en tus brazos el cuerpo muerto y destrozado de tu Hijo, alcánzanos de él la gracia de llorar sinceramente nuestros pecados, y querer morir mil veces antes de volver a cometerlos. Amén.

 

Décimo cuarta y última estación. Jesús es sepultado.

Oh Señor y Redentor nuestro, por tu sepultura acá en la tierra, haz que muerto al pecado nuestro corazón quede en ti perpetuamente sepultado, para que así vivas siempre para Dios en la gracia. Amén.

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Para ganar la indulgencia concedida al rezo del Vía Crucis, por santidad el Papa a su persona e intenciones. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

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Querido hermano, si te ha gustado el ejercicio del Vía Crucis, compártelo con tus familiares y amigos.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

INDULGENCIA PLENARIA DEL VIERNES SANTO AL BESAR LA CRUZ Y DIARIA POR EL REZO DEL VIACRUCIS

 

Se concede indulgencia plenaria al fiel cristiano que:

1.      el Viernes Santo de la Pasión y Muerte del Señor asista piadosamente a la adoración de la cruz en la solemne Acción litúrgica.

2.      practique el piadoso ejercicio del Vía Crucis o se una piadosamente al que practica el Sumo Pontífice y que es retransmitido por la radio o la televisión.

3.      Con el piadoso ejercicio del Vía Crucis se actualiza el recuerdo de los sufrimientos que soportó el divino Redentor en el camino desde el pretorio de Pilato, donde fue condenado a muerte, hasta el monte de la Calavera o Calvario, donde murió en la cruz por nuestra salvación.

4.      Para ganar indulgencia plenaria se establece lo siguiente:

5.      El piadoso ejercicio debe practicarse ante las estaciones del Vía Crucis legítimamente erigidas.

6.      Para erigir el Vía Crucis se requieren catorce cruces, a las que provechosamente se acostumbra añadir otros tantos cuadros o imágenes que representan las estaciones de Jerusalén.

7.      Según la costumbre más extendida, este piadoso ejercicio consta de catorce lecturas piadosas, a las que se añaden algunas oraciones vocales. No obstante, para realizar este piadoso ejercicio, se requiere únicamente la piadosa meditación de la Pasión y Muerte del Señor, sin que sea necesaria una consideración sobre cada uno de los misterios de las estaciones.

8.      Se requiere el paso de una estación a otra. Si el piadoso ejercicio se practica públicamente y el movimiento de todos los presentes no puede efectuarse sin evitar el desorden, basta con que quien dirige el ejercicio se traslade a cada estación, sin que los demás se muevan de su lugar.

9.      Los que están legítimamente impedidos pueden ganar la misma indulgencia, si al menos por un tiempo, por ejemplo, un cuarto de hora, se dedican a la piadosa lectura y meditación de la Pasión y Muerte del Señor Jesucristo.

10.   Al piadoso ejercicio del Vía Crucis se asimilan, también en lo que se refiere a la consecución de la indulgencia, otros piadosos ejercicios, aprobados por la autoridad competente, en los que se recuerda la Pasión y Muerte del Señor, manteniendo las dichas catorce estaciones.

11.   Entre los Orientales, donde no hay costumbre de practicar este piadoso ejercicio, los patriarcas podrán establecer, para ganar esta indulgencia, otro piadoso ejercicio en recuerdo de la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo.

VIA CRUCIS. Del misal latino-español de Nácar-Colunga by IGLESIA DEL SALVADOR DE TOLEDO (ESPAÑA)