jueves, 19 de marzo de 2026

La resurrección de Lázaro

 


Viernes de la IV semana de Cuaresma

La resurrección de Lázaro

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Viernes de la IV semana de Cuaresma

La resurrección de Lázaro

Jn 11, 1-45

Estando Lázaro enfermo avisaron a Cristo sus hermanas, detúvose dos días, y cuando llegó ya estaba enterrado: fue a la sepultura, gimió, lloró y oró; hizo mover la losa del sepulcro, llamóle y salió afuera vivo, mandó des amortajarle y que se fuese a su casa, y muchos creyeron en él por este milagro.

PUNTO PRIMERO. Considera cómo en cayendo Lázaro enfermo, avisaron sus hermanas a Cristo diciendo: el que amas está enfermo: en qué has de meditar la presteza de estas santas hermanas en acudir al Salvador en sus trabajos a pedirle remedio, porque es el médico soberano a quien hemos de acudir todos para que nos remedie en los nuestros: considera también que no le piden que venga a curarle, ni que desde allá mande a la enfermedad que le deje como el Centurión, sino que lo sepa, no porque lo ignorase, sino para manifestar su fe y la confianza que tenían en su piedad, y que no querían otro médico sino a él; aprende a hacerlo mismo en tus trabajos, y a poner en ellos toda tu confianza en Dios, y preséntate delante de su Divina Majestad, que él te mirara con ojos de misericordia y la tendrá de ti; repara también en aquellas palabras: el que amas está enfermo; tu amigo y a quienes por tal, está enfermo; que así trata Dios a los que ama: y si te hallares con enfermedades y trabajos y ocasiones de paciencia, cree que son prendas que te da el Señor del amor que te tiene como a Lázaro; recíbelas como a tales, y pídele gracia para llevarlas con paciencia por su amor.

PUNTO II. Considera como recibida la carta de Marta y María, no fue luego Cristo a consolarlas y dar salud a Lázaro su hermano, sino que se detuvo, hasta que murió y fue sepultado, lo uno para hacer prueba de su fe y darles ocasión de mayor merecimiento; lo otro para manifestación de su gloria, resucitándole de los muertos; porque como dice san Ambrosio, si no le dejara morir, no pudiera resucitarle, ni hacerles una tan grande merced como fue reducirle a la vida después de cuatro días muerto; no te despeches, si no te concede luego Dios lo que le pides; que si lo dilata es para hacer ostentación de su gloria, y doblarle las mercedes, cuando parezca imposible a todo juicio humano lo que le suplicas, como la salud de Lázaro muerto y podrido en un sepulcro.

PUNTO III. Considera aquellas palabras que dijo Cristo a sus discípulos cuando recibió la carta de las hermanas de Lázaro: Lázaro nuestro amigo duerme y voy a despertarle del sueño, porque la muerte de los amigos de Dios es un dulce sueño y un suave descanso tomado por breve tiempo para volver a despertar con nuevos alientos y salud permanente, como fue esta muerte de Lázaro, de la cual despertó a los cuatro días con mayor salud que tenía antes; pero la muerte de los malos es un tormento eterno, sin apelación ni remedio para recuperar la vida. Pondera esto en tu corazón, y pues necesariamente has de morir, dispón tu vida desde luego, de manera que tu muerte sea sueño y descanso, y no tormento eterno.

PUNTO IV. Camina con el Redentor a la casa de Marta y de María, mira y contempla todo lo que allí pasa para bien de tu alma, cómo le salen a recibir las hermanas, el agrado con que les habla Cristo, los parientes y amigos que las acompañan llorando ; cómo les preguntó por él, y ellas le llevaron a su sepulcro; cómo mandó quitar la losa, aunque pudiera resucitarle sin quitarla; pero quiso darles parte para su merecimiento, y enseñarnos a aliviar en lo que pudiéremos la carga a los difuntos orando por ellos; mira cómo la levantan y descubren aquella cueva tenebrosa llena de podredumbre; ya está quitada la tapa; mírate en ese espejo, y acuérdate cuán presto te has de ver en compañía de los otros muertos; pon los ojos con atención en Cristo, mírale cómo se turba, gime y llora, y no dejes caer sus lágrimas preciosas en tierra ¡Oh Señor! ¿por qué lloráis si le queréis resucitar? Por eso mismo, dice san Gerónimo, porque se hallaba obligado con los ruegos de sus hermanas a volverle a los riesgos y calamidades de esta vida, en que verás cuánto mejor suerte es, y más de envidiar la de los que han salido de ella que la de los que están en ella; y si no medita lo que dice san Pedro Crisólogo, que lloró Cristo por que habiendo tantos muertos no había de resucitar sino a uno solo, y así le llamó por su nombre: Lázaro, sal fuera, y salió luego; y si el Redentor siente no resucitar a los otros difuntos, de manera que derrama lágrimas por ello, qué sentimiento tendrá por dejar muertos y sepultados en sus vicios a tantos pecadores como hay en el mundo? Llora tú con el Salvador y pídele que les dé voces como a Lázaro, que te las de a ti, y no permita que te quedes muerto en el pecado, sino que te resucite a nueva vida espiritual y santa que sea prenda de la eterna.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.