Sábado de la IV semana de Cuaresma.
DE LO QUE PASÓ EL SALVADOR EN EL PALACIO DE HERODES
MEDITACIONES
SOBRE
LA PASIÓN
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:
en tu presencia me postro de rodillas,
y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,
vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,
verdadero dolor de mis pecados
y propósito firmísimo de enmendarme;
mientras con gran afecto y dolor
considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,
teniendo ante mis ojos aquello
que ya el profeta David ponía en tus labios
acerca de ti:
'Me taladran las manos y los pies,
puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".
Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.
Sábado de la IV semana de Cuaresma.
DE LO QUE PASÓ EL SALVADOR EN EL PALACIO DE HERODES. (Luc. 23).
PUNTO PRIMERO. Considera qué buena ocasión se le ofreció a Cristo de librarse de la muerte y alcanzar honra y grandeza en el mundo, ganando la gracia del rey que pudo ganar tan fácilmente, cosa que tanto aprecian y buscan los hombres, y el Señor la despreció tanto, que no le quiso responder a una sola palabra; enseñándonos cuán poco se deben estimar los valimientos humanos, aunque sean de los reyes y príncipes de la tierra, que todos son vanos y ocasionados a pecados, envidias y tragedias, y solo se debe estimar el valimiento con Dios, que es el sólido y verdadero; vuelve los ojos a tí mismo, y mira el engaño en que has vivido, procurando el valimiento y favor de los hombres y olvidando el de Dios, tan contrario a lo que te enseñó Cristo; vuelve la hoja y trueca las manos, que siguiendo su ejemplo le tendrás seguro.
PUNTO II. Mira al Salvador atado en presencia de Herodes, en pie. descubierto, los ojos bajos, el rostro grave, acusándole de varios crímenes sus enemigos, y él callando sin despegar sus labios, y el rey con deseo de oír alguna palabra de su boca, la cual no quiso darle, porque reconoció que no se había de aprovechar de ella. ¡Oh inmensa bondad de Cristo! ¡Oh paciencia infinita! dadme, Señor, que aprenda de vuestra enseñanza, y que venda caras mis palabras cuando convenga callar; aquí me estaré, Dios mío, mirando lo que os pasa en este palacio, y aprendiendo la lección altísima que me leéis callando, y me enseñáis sin despegar los labios para decir una palabra.
PUNTO III. Oye a Herodes pidiendo a Cristo instantemente que hiciese allí algún milagro en su presencia, o que siquiera predicase algún sermón, o convirtiese el agua en vino, como lo había hecho otra vez; el Salvador callando como si no le oyera, y despreciando sus peticiones y las ofertas que le hacía de darle libertad, enseñándonos con su ejemplo que no se han de lisonjear los príncipes con las cosas espirituales, ni se ha de usar de ellas para cebar sus curiosidades, o granjear sus voluntades, sino solamente por la gloria de Dios nuestro Señor, la cual debemos anteponer a todas las honras e intereses humanos.
PUNTO IV. Considera cómo corrido Herodes del poco caso que hizo Cristo de él y de sus ofertas, le juzgó por loco; y como la palabra del rey tiene fuerza de ley, y la lisonja es tan poderosa, todo su palacio juzgó lo mismo y a una voz dijeron que era un loco sin juicio ni entendimiento, y como a tal le vistieron una ropa blanca de loco, y le mofaron y escarnecieron en su presencia. ¡Oh ángeles! ¿cómo sufrís esto? ¿cómo no venís a volver por la sabiduría del Padre y por la de vuestro maestro de quien aprendisteis lo que sabéis? ¡Oh locura del mundo! que tienes por sabios a los locos que siguen tus vanidades, y por locos a los sapientísimos que la desprecian y conocen lo que son. Mira, alma mía, a qué linaje de desprecio ha llegado tu Salvador, pues siendo la suma sabiduría es tenido y publicado por loco, y tratado como a tal; cómo podrás tú quejarte si tuviere el mundo bajo concepto de ti, pues no llegarás al que tuvo tu Redentor y maestro. Sigue su prudencia, que es la verdadera sabiduría, y desprecia la del mundo que es mera locura; compadécete de él y vuelve por su honra predicándole por el sabio de los sabios, y por la luz del mundo, como en la verdad lo es.
Al finalizar
INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN
San Buenaventura
Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!
Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!
Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.
También puede terminarse recitando el viacrucis.