4 de enero
Del oficio de Salvador.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
ORACIÓN PARA COMENZAR
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
4 de enero
MEDITACIÓN
Del oficio de Salvador.
PUNTO PRIMERO. Le ponen por nombre Jesús, por que ha de salvar a su pueblo de sus pecados: considera cómo la joya preciosísima de su santísimo nombre no se le dio a Cristo de balde, sino con la obligación de salvar al mundo a precio de su sangre y de inmensos dolores y fatigas y de la muerte de cruz, porque te persuadas que no da Dios sus beneficios sin la pensión de padecer mucho por su amor y a costa de trabajos; ¿y si con su propio Hijo se hubo Dios de esta manera, qué hará con los demás? A ninguno quiere Dios en este mundo ocioso, ni dado a gustos y regalos, todos quiere que trabajemos, y padezcamos para merecer su santa gloria; y por tanto ofrécete a su Divina Majestad con toda resignación, para lo que quisiere hacer de ti; y si te hiciere alguna merced, dale gracias por ella, y apercíbete a la paciencia en las ocasiones de trabajos que te ofreciere con ella, y dile con el Profeta (1): Aparejado está mi corazón para vos, Dios y Señor mío, aparejado está, pronto y dispuesto para vuestro servicio, y para padecer por vuestro amor todo lo que fuere vuestro gusto y santa voluntad, etc.
PUNTO II. Considera que Cristo es tu Salvador, y el amor y caridad con que se encargó de salvarte, cuando tú le tenías más desobligado y le estabas ofendiendo: agradécele su inmensa piedad para contigo, y cobra una grande confianza de alcanzar perdón de tus pecados, pues tienes tal Salvador que te ama más que tú puedes amarte a ti mismo. Contempla cómo en naciendo rompió sus venas, y empezó a derramar su sangre para lavar con ella las manchas de tus pecados, y bastando una sola gota para redimir el mundo, fue tan copiosa su redención, que la derramó por ti tantas veces y en tan grande abundancia, que corrieron arroyos de sangre hasta la tierra : reconoce tan grande beneficio a tu amantísimo Redentor, y no desmayes en tus trabajos, ni pierdas la confianza, aunque te veas anegar en mares de pecados; mas levanta tu corazón a él, y confía en su infinita piedad que la tendrá de ti, y te perdonará, y te dará el cielo si llorares tus culpas con verdadera contrición.
PUNTO III. Considera que se llama Salvador, porque salva a su pueblo de sus pecados: otros tuvieron en la ley antigua nombre de salvadores, porque salvaron su pueblo de la cautividad de los hombres y de la opresión de sus enemigos, sacándole de Egipto y llevándole a la tierra de promisión: todos los cuales hicieron bienes temporales a.los hombres sin ninguna costa suya; pero Cristo es el verdadero Salvador, que a costa de su propia sangre sacó a su pueblo del Egipto de sus pecados y de la cautividad de Satanás, y le introdujo en la verdadera tierra de promisión del cielo: échate a sus pies, y pídele con todo el afecto de tu alma, que pues a todos rescata, no te deje a ti cautivo, sino que te libre de la esclavitud del demonio y de las cadenas de tus pecados, y te ampare y defienda hasta introducirte en la patria celestial de la bienaventuranza.
PUNTO IV. Últimamente considera que si a Cristo no se le dio el nombre vacío ni de balde, tampoco te dio a ti el tuyo, que es una participación del suyo, vacío ni de balde: llamaste cristiano, que es lo mismo que discípulo de Cristo y soldado de su milicia, porque debes militar debajo de su bandera, seguir sus pisadas, y pelear varonilmente contra el mundo y el infierno y contra ti mismo, haciendo cruda guerra a tu propia carne. Pon los ojos en el Redentor, y contempla despacio cómo cumple las obligaciones de su nombre, y vuélvelos después a ti mismo, y mira cómo cumples las del tuyo, y duélete de tu negligencia; enmienda lo pasado, y pídele su gracia para cumplir en adelante tus obligaciones, y medita que a Cristo le costó su sangre ser Salvador de otros, porque a nosotros nos costase la nuestra; nuestra propia salvación.
(1) Sal. 56.
ORACIÓN PARA TERMINAR TODOS LOS DÍAS
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.