sábado, 10 de octubre de 2026

San Nicasio y compañeros, mártires. — 11 de octubre

 


San Nicasio y compañeros, mártires. — 11 de octubre

(+ siglo V)

Algunos varones apostólicos griegos, discípulos de san Policarpo habían predicado la fe en Lyon de Francia y formado allí una cristiandad numerosa. De ella salieron otros celosos ministros de Cristo que llevaron la luz del Evangelio a diversas partes de las Galias, como san Alejandro y san Epipodio martirizados en Lyon, san Benigno, sacerdote y san Tirso, diácono, que lo fueron en Autún; y de aquella misma iglesia fue hijo el glorioso san Nicasio, cuyo nombre vale lo mismo que vencedor, y vencedor fue con toda verdad, porque triunfó de sí mismo, de los idólatras y de los bárbaros. Tomó por compañeros al presbítero Quirino y al diácono Escubículo, y con ellos recorrió las poblaciones de Conflans, de Andresy, de Triel y de Vaux. En esta última hay una fuente que lleva el nombre del santo donde se dice que bautizó a más de trescientas personas. Neulant, Nantes y Monceaux se glorían también de haber recibido la fe de Cristo de mano de San Nicasio. No se sabe si fue obispo, pero consta que trabajó con celo, de verdadero pastor de las almas señaladamente cuando los bárbaros septentrionales hacían sus incursiones y llenaban de sangre y de ruinas los lugares por donde pasaban. Para alentar a los fieles andaba el santo de casa en casa, exhortándolos a armarse con el escudo de la fe y con aquella fortaleza de ánimo que es el fruto de la buena conciencia y de la perfecta confianza en Dios; y a trueque de salvar las almas, no dudó en exponer mil veces su vida, a peligro de caer en manos de aquellos bárbaros, que auxiliados por los idólatras, lo pasaban todo a sangre y fuego y despedazaban con inhumana crueldad hasta las mujeres y los niños. Andando pues el santo varón en estas obras de caridad y celo, fue preso por ellos y, después de haberlo azotada desapiadadamente, le cortaron la cabeza. Con el mismo suplicio alcanzaron la palma de los mártires los dos compañeros del santo, Quirino y Escubículo, y una dama muy principal llamada Piencia que san Nicasio había convertido y bautizado y que desde aquel día se había consagrado enteramente al servicio de Dios y de los pobres de Jesucristo. Los sagrados cuerpos de todos estos mártires fueron sepultados en la iglesia de san Agrícola y el Señor los ilustró con numerosos milagros, y los libró de los saqueos y estragos de los bárbaros del Norte para que se perpetuase su gloriosa memoria.

 

Reflexión: Cuando hay verdadero amor de Dios se sufren, no sólo con paciencia, mas también con alegría, los mayores trabajos y persecuciones y hasta la misma muerte. El amor de Dios hizo tan esforzados a los mártires y la falta de él hace tan pusilánimes a muchos hombres mundanos. ¿Qué harían a la vista de los suplicios, los que, ante el temor de una deshonra aparente, de una burla necia o del peligro de perder un miserable interés temporal, se olvidan tan fácilmente de sus deberes de cristianos? Y todo esto nace del amor desordenado a las comodidades, honras o deleites, es decir, de que se antepone la vil criatura al Creador, olvidándose el hombre de que cuanto es y cuanto tiene lo ha recibido de la generosa mano de Dios, con el único fin de que lo ordene todo a su mayor servicio y alabanza y a alcanzar por este medio la posesión de las riquezas del cielo.

 

Oración: ¡Oh Dios! que nos concedes la merced de celebrar el nacimiento para el cielo de tus santos mártires Nicasio y sus compañeros, danos también la gracia de gozar en su compañía de la eterna bienaventuranza. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

viernes, 9 de octubre de 2026

DE LA CUARTA PETICIÓN DE LA ORACIÓN DOMINICAL: «EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA DÁNOSLE HOY». MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Sábado de la XIX semana después de Pentecostés

DE LA CUARTA PETICIÓN DE LA ORACIÓN DOMINICAL: «EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA DÁNOSLE HOY»

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Sábado de la XIX semana después de Pentecostés

DE LA CUARTA PETICIÓN DE LA ORACIÓN DOMINICAL: «EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA DÁNOSLE HOY».

 

PUNTO PRIMERO. Considera, lo primero, que nos manda Cristo pedir el manjar y mantenimiento del cuerpo, para que advirtiésemos que nos viene de la mano de Dios, y que Él nos sustenta como Padre amoroso y solícito de sus hijos, según aquello de David (1): «Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das el manjar a su tiempo; abres tú la mano y llenas a todos de bendición.»

De lo cual has de sacar afectos de agradecimiento al Señor que te sustenta, y juntamente de confianza de que nunca te faltará, pues tienes Padre tan benigno, tan próvido y tan solícito para con sus hijos; pues, si los de la tierra tienen por caso de menos valer que les falte a los suyos, mucho más se preciará el del cielo de que sus hijos tengan todo lo necesario cumplidamente.

(1) Psalm. 103.

 

PUNTO II. Considera que nos manda pedir pan y no otros manjares, porque el pan es el alimento necesario para la vida, conforme a lo que dijo el Eclesiástico (1): «El fundamento de la vida del hombre es el pan y el agua»; el pan para manjar y el agua para bebida.

Y no quiere el Señor que pidamos lo superfluo que sirve para el regalo, sino solamente lo necesario, que sirve para el sustento; en que nos encomienda la templanza y destierra la gula y la superfluidad en las comidas.

Repasa en tu memoria la sentencia del apóstol san Pablo (2): «Teniendo alimento y con qué cubrirnos, estemos contentos.»

Y saca de aquí resolución de contentarte con lo necesario solamente, y desterrar la gula, la embriaguez y la diversidad de manjares y bebidas de tu mesa, que no sirven sino de incentivos de lujuria; y asimismo la pompa de los vestidos, que engendra soberbia y vanidad.

(1) Eccli. 39.
(2) 1 Tim. 6.

 

PUNTO III. Considera que nos manda decir «nuestro», porque ha de ser común y para todos el pan que Dios te diere; y debes considerar que no te lo da para ti solo, sino también para tus prójimos.

Con ellos has de partir como buen hermano, sustentándolos en cuanto pudieres, so pena de que te quitará Dios el pan y lo dará a ellos.

Considera si lo haces así y si cumples tu obligación; y con qué cara pedirás a Dios que nos dé el pan, si, concediéndotelo, no cumples con tu petición, pues le pides para todos y te lo apropias a ti solo.

Si ves a tu hermano en necesidad y le cierras las puertas de tu corazón, no teniendo misericordia de él, ¿cómo hay en ti caridad?

Y si tú cierras las puertas de la misericordia a tus prójimos, Dios cerrará también las suyas para ti.

Piensa en esto en el acatamiento de Dios, y saca resolución de usar de misericordia con tus prójimos en cuanto diere lugar tu posibilidad.

 

PUNTO IV. Considera el resto de la petición, en que nos manda Cristo pedir el pan para hoy no más; cada día para cada día, por muchas razones.

La primera, porque estuviésemos siempre pendientes de la divina Providencia, esperando de su mano el sustento necesario para la vida.

La segunda, porque avivásemos la confianza, esperando con viva fe que el que nos da hoy la comida nos la dará mañana, y que no faltará a su providencia si no falta nuestra confianza. Y así dijo Cristo por san Lucas (1): «No queráis estar solícitos de lo que comeréis mañana.» El mismo Dios tenéis mañana que hoy, el cual os sustentará de la misma manera que os sustenta hoy.

La tercera, porque el día de mañana es incierto, y ¿qué sabes tú si amanecerás mañana? Cada día le has de tener por último, y vivir como si en él hubieras de morir.

Y no quiere el Señor que pidamos más que para hoy, sin asegurarnos de vivir mañana; en figura de lo cual todos los días enviaba Dios el maná a los hijos de Israel en el desierto, y si alguno lo guardaba para el día siguiente se le podría de gusanos, porque los quería Dios muy confiados y dependientes de su providencia.

Medita estas verdades y pide a Dios que te dé la confianza que debes tener en su piedad, memoria de tu fin y gracia para vivir conforme a su voluntad.

(1) Luc. 12.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.