Sábado de la I semana después de Pentecostés.
De la reverencia, estima y devoción que debemos al Santísimo Sacramento a ejemplo de la Santísima Virgen.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Sábado de la I semana después de Pentecostés.
De la reverencia, estima y devoción que debemos al Santísimo Sacramento a ejemplo de la Santísima Virgen.
PUNTO PRIMERO. Lo primero considera que, como dice san Pedro Damiano, debemos en gran parte este Sacramento a la Beatísima Virgen, porque dio el cuerpo y la sangre que Cristo nos dejó en este manjar divino; y así has de considerar que recibes, como es la verdad, parte de la carne y sangre de esta celestial Señora, conforme a lo cual san Bernardo siempre que comulgaba hacia cuenta que recibía un rayo de leche de sus purísimos pechos, con que saboreaba y se endulzaba su alma ¡Oh si con esta o semejantes consideraciones comulgáramos todos, y qué diferente fruto sacáramos que sacamos de nuestras comuniones! Reconoce en esta meditación lo que debes a la Beatísima Virgen, y con qué respeto y devoción has de tratar reliquia tan propia suya.
PUNTO II. Considera la estimación que siempre hizo la Beatísima Virgen de este divino sacramento, el cual como dice san Ambrosio, en la hora de su tránsito encomendó, especialmente a los sagrados apóstoles, como la prenda que más estimaba y tenía en su corazón. Ten por dichas a ti sus palabras, tómalas como de su boca, y medita qué puedes hacer para cumplirlas y para esmerarte en la devoción y veneración de este celestialísimo sacramento, y no dejes piedra por mover hasta cumplirlo.
PUNTO III. Considera la frecuencia con que la misma Virgen recibió este santísimo sacramento, que como dicen graves autores, le recibía cada día de mano de san Juan Evangelista, con indecible gozo de su alma y edificación de la Iglesia, y no la tiene menos de las almas que se disponen dignamente para recibirle con frecuencia, imitando su ejemplo y aprovechándose del pan celestial que sazonó los tres modios de harina, que son cuerpo, alma y divinidad de Cristo, para salud de todo el género humano: considera este punto y saca de él grande afecto a este divinísimo sacramento, y propósitos firmes de imitar a esta Señora y darle este gusto, disponiéndote para recibirle frecuente mente a ejemplo suyo.
PUNTO IV. Considera la disposición antecedente de la Virgen para esta mesa, la devoción actual con que llegaría a comulgar, y las gracias que daría después de haber comulgado: entra con la consideración en lo interior de aquella benditísima alma; contempla su pureza y los actos interiores de amor y caridad, fe y esperanza, oración, contemplación y humildad con que se dispondría para recibir a su propio Hijo sacramentado, cómo excedería a los ángeles en todo, y más pura que los cielos se llegaría a recibir al que engendró; qué dulces memorias y coloquios tendría con él en su alma, refrescando la memoria de cuando le concibió en su vientre, y le parió con sumo gozo y alegría, y le dio la leche de sus purísimos pechos, y le trajo en sus brazos, y el retorno de cariños y favores que recibiría de su Hijo, hallándose otra vez en su seno, y acordándose de lo que la primera vez le pasó en él: contempla todas estas cosas, y pide a la Beatísima Virgen que te dé parte de la disposición que tuvo para recibirle, y te alcance gracia para purificar tu alma y para darle las debidas gracias, después de haberle recibido.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones