miércoles, 5 de mayo de 2021

MES DE MAYO A LA VIRGEN MARÍA. Día 6

MES DE MARÍA O MES DE MAYO CONSAGRADO A LA SANTÍSIMA VIRGEN

SEGÚN SE HACÍA EN LA IGLESIA DEL COLEGIO IMPERIAL DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS

 

DÍA 6

 

Por la señal …

 

ORACIÓN DEDICATORIA

¡Oh, dulce Virgen! De purpúreas flores,

cada día pondré guirnalda hermosa

en tus sienes divinas,

y me serán regalos las espinas,

Pues la que nace de ellas, pura rosa,

tantos alcanza en coronarte honores.

Tú en galardón; lo espero, Madre mía;

mi frente humilde ceñirás un día.

 

Canto

 

ORACIÓN INICIAL PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra!  ¡Oh Paraíso del nuevo Adán sin serpiente! ¡Oh Lirio de los valles, Azucena sin mancha, Flor sin espinas, Rosa Mística! ¡Oh Flor de Jesé, Palma de Cadés, Cedro del Líbano!  ¡Oh Flor de todas las virtudes y Árbol de todas las gracias, cuyo Dulcísimo fruto es Nuestro Señor Jesucristo! Siempre te amamos, siempre te invocamos, pero especialmente en este mes de las flores que dedicamos a tu Amor.  Haz que en nuestras almas florezcan todas las virtudes y fructifique Nuestro Señor Jesucristo, en gracia y santidad.  Y pues eres fuente sellada y pura, no permitas que se sequen jamás en nuestras almas la flor de tu devoción y el fruto del Amor a Jesucristo, tu Hijo. Amén.

 

MEDITACIÓN

DÍA SEXTO

Consideración sobre el pecado.

 

Examina si has cometido ya algún pecado mortal. Si, por tu desgracia, le has cometido, ¿sabes bien lo que hiciste? Procurar con todas tus fuerzas destruir y aniquilar la gloria de tu Dios y Señor, Criador y Redentor, Padre y Bienhechor, corresponder vilmente a sus beneficios, desobedecerle con descaro, rebelarte contra él, perder la gracia, negarle por Padre, quedar despojado de buenas obras, perder la herencia de gloria y, finalmente, ser echado del cielo y precipitado en el abismo. ¿Puede darse mayor desgracia?

Y si aun permaneces en pecado mortal, ¡ay de ti! Dios es tu enemigo, y tú eres esclavo del demonio. ¿Cómo te atreves a reír, a jugar o a dormir seguro? ¿No ves que si Dios se cansa de sufrirte puedes morir y condenarte en un momento? Millares de ángeles cayeron en el infierno por un solo pecado; ¿y te tienes tú por seguro habiendo cometido tantos? ¡Oh, deplorable ceguedad!

Mas aunque no estés en pecado, en peligro de caer siempre estamos todos. Una tentación violenta u otro peligro inesperado puede precipitarnos cuando menos lo pensemos. El Ángel pecó en el cielo, Adán en el paraíso y Judas y Pedro en la escuela de Jesucristo; pues tú también, aunque seas un ángel, un inocente, un apóstol, puedes en un punto quedar hecho esclavo del demonio. Tiembla, pues, de tan gran peligro.

 

EJEMPLO

 

El que quiera librarse de pecar, sea tiernamente devoto de María. Extraordinario fue el modo con que esta Señora libertó a un joven en Mesina[1]. Obsequiábala siendo congregante con gran pureza de alma; pero en una ocasión se vio ya muy cerca de perderla. Instigó el demonio a una mala mujer para que solicitase al joven a pecar, y viéndose un día con él a solas, fue más recio el asalto para lograr su malvado intento. El joven, en este gran apuro, levantó su corazón a la Virgen purísima, invocándola afectuosamente con estas pocas palabras: «Ayudadme, Madre mía, y no me abandonéis en esta ocasión» Al punto experimentó la eficacia de sus ruegos, porque en aquel instante se le presentó la mujer del todo transformada, y tanto, que le parecía un horrible monstruo o una furia salida del infierno, el rostro espantoso, y en lugar de cabellos serpientes, de manera que causaba espanto el mirarla. Inmediatamente sintió desvanecerse la tentación, la reprendió ásperamente por su desvergüenza, y quedó victorioso donde otros de su edad suelen perecer lastimosamente.

 

OBSEQUIO

 

Cuando se siente alguna tentación es bueno besar las cuentas del rosario, porque disgustar a María al tiempo que uno está besando con devoción su santo rosario no puede ser.

 

JACULATORIA

Líbrame, Señora, del pecado mortal.

 

 

PARA FINALIZAR

3 avemarías

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.



[1] Auriem., t. II, pág. 60.