jueves, 20 de mayo de 2021

MES DE MAYO A LA VIRGEN MARÍA. Día 21

MES DE MARÍA O MES DE MAYO CONSAGRADO A LA SANTÍSIMA VIRGEN

SEGÚN SE HACÍA EN LA IGLESIA DEL COLEGIO IMPERIAL DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS

 

DÍA 21

 

Por la señal …

 

ORACIÓN DEDICATORIA

¡Oh, dulce Virgen! De purpúreas flores,

cada día pondré guirnalda hermosa

en tus sienes divinas,

y me serán regalos las espinas,

Pues la que nace de ellas, pura rosa,

tantos alcanza en coronarte honores.

Tú en galardón; lo espero, Madre mía;

mi frente humilde ceñirás un día.

 

Canto

 

ORACIÓN INICIAL PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra!  ¡Oh Paraíso del nuevo Adán sin serpiente! ¡Oh Lirio de los valles, Azucena sin mancha, Flor sin espinas, Rosa Mística! ¡Oh Flor de Jesé, Palma de Cadés, Cedro del Líbano!  ¡Oh Flor de todas las virtudes y Árbol de todas las gracias, cuyo Dulcísimo fruto es Nuestro Señor Jesucristo! Siempre te amamos, siempre te invocamos, pero especialmente en este mes de las flores que dedicamos a tu Amor.  Haz que en nuestras almas florezcan todas las virtudes y fructifique Nuestro Señor Jesucristo, en gracia y santidad.  Y pues eres fuente sellada y pura, no permitas que se sequen jamás en nuestras almas la flor de tu devoción y el fruto del Amor a Jesucristo, tu Hijo. Amén.

 

MEDITACIÓN

DÍA VEINTIUNO

Del Sacramento de la penitencia.

 

Enfermas, y al instante llamas al médico. Ofendes a Dios, ¿y no te confiesas al instante? ¿En qué consiste tan extraña diversidad? En que aprecias más la salud del cuerpo que la del alma. ¿Y si mueres en pecado sin confesión? ¡Desgraciado de ti! Serás perdido para toda la eternidad. En el ínterin, mientras vas dilatando la confesión se va el pecado arraigando más y más en el alma, hasta que se haga costumbre y naturaleza. Cuando más, allá por Pascua o en alguna festividad mayor, piensas confesarte. Con que si te has de salvar será preciso morir por Pascua o en una fiesta de primera clase.

¿Para qué he de confesar tan a menudo si no llevo materia de confesión? ¡Ah! No digas tal cosa. ¿No cometes diariamente pecados veniales? ¿No has ofendido nunca a Dios gravemente? ¿No hay que satisfacer por los pecados de la vida pasada? ¿No tienes nada que purgar en el fuego del purgatorio? Pues con las frecuentes confesiones pudieras satisfacer del todo en esta vida, o a lo menos, pagar gran parte de la deuda, ¿Es posible que no sufras una mancha en la cara, sino que te lavas al instante, y no tienes reparo en presentarte a los ojos de todos los cortesanos del cielo teniendo el alma tan manchada y fea?

Acaso dirás: «Ya he probado a confesarme a menudo, y siempre soy el mismo» Pero ¿te has confesado bien? Si aun con el examen, dolor, propósito y confesión, todavía caes en pecado, ¿qué será si nada de esto haces? ¡Oh, qué bien se confesará un condenado si le concedieran el tiempo que te dan a ti! Acaso vendrá el día en que tú también desees hacer una buena confesión, y no podrás.

 

EJEMPLO

Con sólo imaginar que Dios puede fácilmente castigar tus pecados, no dilatarás por mucho tiempo la confesión. En el año de 1611 vivía en Méjico[1] un joven que, aunque asistía de ordinario a una congregación de la Virgen, se dejó una vez persuadir por una mala compañía a cometer un pecado mortal. Quedó, pues, convenido con sus compañeros en el día, hora y sitio donde habían de ejecutar la acción infame, y ya iba con ellos de camino a verificarlo; pero la Virgen, que había puesto en él los ojos y le quería para sí, 1e libró con una merced señalada, de esta manera: Sale al encuentro un

hombre que mostraba en el semblante mucha gravedad y mesura, que se cree era el Ángel de la guarda de aquel joven, y acercándose a él sin que le viesen los demás, dice: «¿Y siendo congregante vas a cometer esa iniquidad?», dándole al mismo tiempo un fuerte golpe en el pecho, conque le derribó a tierra sin sentido. Acuden los compañeros, le levantan, le vuelven en sí, y le preguntan qué le había dado o qué sentía; más él a nada respondió, diciendo únicamente que le llevasen donde hubiese un confesor. Los otros, aunque sus pensamientos eran diferentes, al fin, por la amistad, le condujeron a una    iglesia, le buscaron un confesor y le dejaron. Contóle cuanto le acababa de suceder, y se confesó derramando muchas lágrimas, y desde entonces emprendió una vida santa. ¡Bendita mano la que con sólo un golpe le compungió el corazón, le libró de caer en pecado y le redujo al camino de la salvación!

 

OBSEQUIO

Examina con cuidado si falta algún requisito en tus confesiones, y procura corregirte de ello.

 

JACULATORIA

Madre de 1a gracia divina, ruega por nosotros.

 

PARA FINALIZAR

3 avemarías

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.



[1] Auirem., t. I, pág. 58.