martes, 8 de marzo de 2016

LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS: FINALIDAD DE LA IGLESIA Reflexión diaria del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (nn. 87-104)


LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS: FINALIDAD DE LA IGLESIA
Reflexión diaria del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (nn. 87-104)
La doctrina social como concepto tiene su origen en el pontificado de S.S. León XIII donde la situación de injusticia social provocada por la revolución industrial pedía una intervención específica y contundente por parte de la Iglesia. Pero sus temas no son una novedad de los dos últimos siglos, sino que la Iglesia en su continua atención por el hombre a lo largo de su historia ha manifestado de una u otra forma estas verdades, principios, juicios, y forma de actuar del cristiano y del hombre en sociedad.
A partir de la Encíclica Rerum Novarum de S.S. León XIII los diferentes Papas hasta nuestros días han intervenido con documentos acerca de la cuestión social dando respuesta a los desafíos y problemas que a cada época histórica y generación le eran propios. Hagamos un repaso a la historia del siglo XX y comprobaremos como la Iglesia ha tenido siempre una palabra para el hombre.
Desde la cuestión obrera con los sistemas contrapuestos del comunismo-socialismo y el capitalismo a la bonanza de los años veinte con la crisis del año 29 pasando por la trágica I guerra mundial; el surgimiento de los sistemas totalitaristas, la II guerra mundial y sus consecuencias desastrosas con la consiguiente crisis existencia, política y la guerra fría así como la división del mundo en dos bloques. El optimismo del progreso de los años 60 con el avance del ateísmo y la descristianización de la sociedad…  y como no olvidar la distancia entre países ricos y pobres… Ante la  economía de mercado tantas veces deshumanizadora, se responderá con la espiritualidad del trabajo.
El Papa Juan Pablo II publicará varias encíclicas sociales. En ellas “pone en evidencia cómo la enseñanza social de la Iglesia avanza sobre el eje de la reciprocidad entre Dios y el hombre: reconocer a Dios en cada hombre y cada hombre en Dios es la condición de un auténtico desarrollo humano.”
En la elaboración y la enseñanza de la doctrina social, la Iglesia ha perseguido y persigue no unos fines teóricos, sino pastorales: la salvación de las almas.