sábado, 5 de marzo de 2016

ERA ADMIRADA SU MANSEDUMBRE. San Agustín Obispo



Homilía de maitines

SÁBADO DE LA III SEMANA DE CUARESMA
Forma Extraordinaria del Rito Romano

HOMILIA DE SAN AGUSTIN, OBISPO
Tratado 33 sobre San Juan, después del principio.
Jesús se dirigió al monte Olivete”, monte lleno de frutos, monte de los aromas, monte del crisma. ¿podía haber monte más indicado para que en el enseñase Cristo, que el monte de los Olivos?. El nombre Cristo se deriva del nombre crisma, y crisma en griego es lo mismo que unción en lengua latina. Pues bien: Cristo nos ungió porque nos hizo luchadores contra el diablo. “Y muy de mañana fue de nuevo al templo, y todo el pueblo acudía a él; y sentándose les enseñaba”; no le detenían porque no había llegado aún la hora de su pasión. Considerad ahora en qué circunstancias los enemigos del Señor vinieron a tentar su mansedumbre.
Los escribas y fariseos le presentan una mujer sorprendida en adulterio, y la colocan en medio y dicen a Jesús: Maestro, esta mujer acaba de ser sorprendida en adulterio; en la ley nos mandó Moisés que la tal fuera apedreada; mas tu ¿Qué dices?. Hablan así para tentarle y así poderle acusar. ¿Pero de qué? ¿Acaso le habían sorprendido a él mismo en algún crimen, o se decía que aquella mujer le interesaba de algún modo?

Entendamos, hermanos, cuan admirable fue la mansedumbre del Seños. Sus enemigos habían notado que era sumamente manso, sumamente benigno. Del mismo Cristo ya antes se había dicho: “cíñete al lado tu espada, oh Rey poderosísimo. Con esa tu gallardía y hermosura, camina, avanza prósperamente y reina por medio de la verdad y de la mansedumbre y de la justicia”. De consiguiente enseño la verdad como maestro; mostro la mansedumbre como redentor, y la justicia como conocedor de todo. Debía reinar en el Espíritu Santo en virtud de estos tres atributos, Según había vaticinado el profeta. Cuando hablaba, la verdad quedaba de manifiesto; no indignándose contra sus enemigos, era admirada su mansedumbre. Por lo mismo, viéndose sus enemigos torturados por la envidia a causa de la verdad y la mansedumbre que resplandecía en él, simularon escandalizarse de lo último, es decir de su justicia.