martes, 20 de septiembre de 2022

20 de septiembre. San Eustaquio y compañeros, mártires

 


20 de septiembre. San Eustaquio y compañeros, mártires

Eustaquio, llamado también Plácido, ilustre por su linaje, riquezas y gloria militar, mereció, en tiempo del emperador Trajano, ser maestro de la milicia. Un día de caza, en el que corría persiguiendo un ciervo de gran tamaño, vio de repente resplandecer entre las astas del animal una imagen grandiosa de Jesucristo crucificado. Y como la voz del Señor le invitara a correr en pos de la vida eterna, se alistó junto con su esposa y sus dos hijitos Agapito y Teopisto, en la milicia cristiana.

Volvió al lugar de la visión, como el Señor le había mandado, y le oyó anunciar los muchos padecimientos que le esperaban por su gloria. Y en efecto: cayeron sobre él las más increíbles calamidades, que soportó con paciencia, y no tardó en verse en la indigencia. Obligado a huir en secreto, le arrebataron por el camino, primero a la esposa y después sus dos hijos, arrancados a su cariño. Con el corazón roto por tantas pruebas, permaneció oculto en un país lejano, trabajando la tierra, hasta que, confortado por una voz del cielo y reclamado por Trajano, por una nueva guerra, fue puesto al frente de las milicias.

En la expedición tuvo la alegría de recobrar a su esposa y a sus hijos. Entró victorioso en Roma en medio de aclamaciones. Habiéndosele, empero, ordenado poco después que sacrificara a los falsos dioses en acción de gracias por la victoria obtenida, se negó a ello con firmeza. En vano se intentó por diversos medios obligarle a renegar de la fe de Cristo. Le echaron, junto con su mujer e hijos a los leones; pero éstos se mostraron mansos, lo que exasperó al Emperador, por lo cual mandó encerrar a los santos confesores en el interior de un toro de bronce candente, en donde, cantando las divinas alabanzas, consumaron su martirio, el día doce de las calendas de octubre. Sus cuerpos, que fueron hallados intactos, recibieron religiosa sepultura de manos de los fieles, siendo más tarde trasladados a la iglesia levantada en su nombre.

 

Oremos.

¡Oh Dios, que nos concedes celebrar la solemnidad de tus santos mártires Eustaquio y sus compañeros!; danos el gozo de su compañía en la eterna bienaventuranza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. R. Amén.