domingo, 4 de octubre de 2026

San Plácido y sus compañeros, mártires. — 5 de octubre

 


San Plácido y sus compañeros, mártires. — 5 de octubre

(+ 541)

 

San Plácido, hijo de Tértulo, senador romano, fue desde la edad de siete años encomendado a la disciplina del gran patriarca san Benito, venerado a la sazón en toda Italia por la excelencia de su santidad. Llevóle pues su padre al santo para que por sí mismo le educase en el monasterio de Subiaco, donde se aventajó tanto Plácido en letras y virtudes, que era por ellas admirado de todos. Refiere san Gregorio que enviándole un día san Benito a sacar agua de cierta laguna que estaba no lejos del monasterio, cayó en ella y fue arrastrado por las olas hasta un tiro de piedra adentro del lago; mas, teniendo su santo maestro revelación del triste suceso, llamó a otro discípulo suyo llamado Mauro y le mandó que prontamente acudiese a socorrer a Plácido. Llegó Mauro a la laguna, y sin pensar siquiera en el peligro en que se ponía, se entró en ella, caminando sobre las aguas sin hundirse y tomando a Plácido por los cabellos le sacó a la orilla sano y salvo. Era este santo mancebo compañero más predilecto del santo abad, tanto, que cuando san Benito hizo brotar de su peñasco una copiosa fuente para abastecer de agua al monasterio, quiso que Plácido fuese testigo de aquel prodigio; y cuando fue a echar por tierra los ídolos que se adoraban en el Monte Casino y a fundar en él la casa que había de ser como la cabeza de su orden, también llevó a Plácido por su compañero. Habiendo Tértulo su padre hecho donación a san Benito de muchas y grandes posesiones que tenía en Sicilia, mandó el santo patriarca allá a su amado discípulo Plácido para que fundase un monasterio, dándole por compañero a Donato y Gordiano, dos santos monjes de la casa de Monte Casino. Fabricó Plácido el nuevo monasterio no lejos del puerto de Mesina, cuya iglesia dedicó a san Juan Bautista. Treinta caballeros jóvenes, maravillados de sus virtudes y prodigios, abrazaron la vida monástica, y en breve tiempo fue aquella religiosa colonia vivo retrato de Monte Casino. Dos hermanos suyos, Eutiquio y Victorino, con su hermana Flavia fueron a visitarle y, cuando estaban resueltos a renunciar a todos los bienes de la tierra para ganar los del cielo, el Señor les abrevió el camino para conseguir la eterna felicidad, porque habiendo el famoso pirata Manuca hecho un desembarco en Sicilia y entrado en el monasterio, prendió a Plácido con todos sus monjes y también a Eutiquio, Victorino y Flavia, mandándoles adorar sus falsos dioses; mas como en lugar de esto confesasen con grande fervor a Jesucristo, todas aquellas inocentes víctimas, en número de treinta y tres, fueron sacrificadas. Pero el Señor castigó a aquellos bárbaros, porque haciéndose a la vela y estando todavía delante del puerto de Mesina se levantó una brava tormenta en que todos perecieron.

 

Reflexión: ¡Por qué caminos tan extraños llevó el Señor a estos santos a tan gloriosa victoria! ¡Verdaderamente son ocultos los designios de Dios e inescrutables sus juicios! Es indudable que sobre cada uno de nosotros tiene el Todopoderoso trazados sus planes, distintos sí, pero todos ellos encaminados a nuestro mayor bien espiritual y la ejecución de ellos depende en grande parte de nuestra cooperación a las divinas inspiraciones. Quien resiste a los toques de la gracia, muy cerca está de perderse. Dejémonos, pues, conducir por su amorosa Providencia, y estemos seguros de que las que el mundo llama desgracias no son sino medios de que Dios se vale para acrisolar las almas y llevarlas al cielo.

 

Oración: ¡Oh Dios! que nos concedes la gracia de celebrar el nacimiento para el cielo de tus santos mártires Plácido y sus compañeros; otórganos la dicha de gozar en su compañía de la eterna bienaventuranza. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


 

EVANGELIO DEL DOMINGO: PARÁBOLA DE LAS BODAS DEL HIJO DEL REY

XIX DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Rito Romano 1962

EVANGELIO

Continuación del Santo Evangelio según San Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

 
TEXTOS DE LA MISA - XIX domingo después de Pentecostés

COMENTARIOS AL EVANGELIO

sábado, 3 de octubre de 2026

LAS BODAS DEL HIJO DEL REY. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


XIX DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: LAS BODAS DEL HIJO DEL REY

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

 

XIX DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: LAS BODAS DEL HIJO DEL REY

(Matth. 22.)

El Evangelio es de san Mateo en el cap. 22, adonde escribe una parábola o semejanza del reino de los cielos que predicó Cristo, diciendo que era semejante a un rey que celebró a su hijo las bodas; y no queriendo venir los convidados a ellas, hizo llamar a los pobres y desvalidos, los cuales vinieron luego y llenaron las mesas del convite; mas, entrando el rey a verlos, halló a uno sin ropas de bodas, y luego le mandó atar de pies y manos y lanzar en las tinieblas exteriores.

Concluye Cristo diciendo que son muchos los llamados y pocos los escogidos.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo, si Dios te llama, es a convite y a bodas y fiestas alegres, porque no hay alegría como la que tiene la buena conciencia, la cual, como dice el Espíritu Santo (1), es un dulce y continuo convite; y, por el contrario, la mala, una pena y hambre perpetua. Los ricos, como dice David (2), padecen hambre, y a los justos nunca les falta el pan.

Saca de aquí afectos y deseos de seguir a Dios, y obedecer a sus voces con todo el fervor de tu corazón, esperando en su bondad que te dará el consuelo y alegría que comunica a los que le sirven.

 

PUNTO II. Considera cómo Cristo compara el reino del cielo a un hombre rey, porque tiene la humanidad de hombre y la severidad de rey: como hombre es manso y fácil en perdonar, y como rey severo y resuelto a castigar.

Pon los ojos en lo que pasa hoy en el Evangelio, adonde como hombre hizo convite y fiestas a los suyos, y los convidó a regalos; y como rey castigó a los rebeldes, y los abrasó con todas sus posesiones; a los pobres regaló, y al que vino sin ropas de bodas le condenó a las tinieblas y llamas exteriores.

Saca de esta meditación dos cosas: la primera, amarle por la piedad y temerle por la severidad; confiar en su clemencia, y temblar de su justicia, y andar siempre enfrenado para no ofenderle, y confiado de alcanzar misericordia de su benignidad. La segunda es imitarle, usando de la blandura con los buenos y del rigor con los malos a quien no aprovechare la piedad; porque ni ha de ser todo blandura ni todo rigor, sino mezclar ambas cosas, mostrándose ya hombre, ya rey, haciéndose amar y temer cuando convenga, como Dios. Pídele su gracia, y Él te dará luz y prudencia para acertar en todo conforme a tu buena intención.

 

PUNTO III. Considera cómo este rey envió a sus criados a llamar a los convidados, y no queriendo venir, los envió segunda vez, y fueron maltratados, aunque no perdieron el premio de su obediencia; en que te da Cristo enseñanza de no cansarte, ni desmayar en llamar a tus hermanos para traerlos a Dios, aunque no quieran venir y no reciban tus palabras, ni parezca que haces fruto; porque no es pequeño hacer la causa de Dios y obedecer a su mandato.

Llama y da voces, insta y persevera, como dice el Apóstol (1), que Dios obrará con su palabra cuando fuere servido, y no perderás el mérito de tu obediencia; antes será mayor en el cielo cuanto menos le tuvieres en la tierra.

 

PUNTO IV. Contempla a este rey en medio de este convite, mirando y examinando a los convidados y los manjares que comían, el modo cómo se portaban y el servicio de los criados, sin descuidar con ellos, aunque los tenía tan fieles.

Saca de aquí el cuidado que debes tener de las personas y cargos que Dios te ha encomendado, no fiando la carga a hombros ajenos, sino llevándola sobre los propios tuyos y visitando por tu persona tu ganado, de que te han de pedir estrecha cuenta.

¡Oh Señor! Dadme gracia, fuerzas y solicitud, para que yo la tenga de las cosas de vuestro servicio y de los que me habéis encargado, para que yo cuide de ellos, como Vos cuidáis de mí, y como tengo obligación, sin perdonar a desvelo ni trabajo por cumplir mi obligación.

(1) Prov. 1.
(2) Psalm. 35.
(1) 2. ad Timoth., cap. 4.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.