jueves, 21 de abril de 2022

Todo Para Dios (II). Hora Santa con san Pedro Julián Eymard

 

Todo Para Dios (II). Hora S... by IGLESIA DEL SALVADOR DE TOL...

 

TODO PARA DIOS (II)

CONSEJOS DE VIDA ESPIRITUAL

Siempre derechos a Jesús

¡La Eucaristía! He ahí vuestro centro, vuestra vida y vuestra muerte. Es el Emmanuel en persona: bien merece vuestra compañía.

No améis la vida más que para emplearla en el servicio de la Eucaristía, de la misma manera que no se ama el cielo para uno mismo, sino para Dios.

Vuestro amor de Dios ha de ser el criterio de la ley, de la virtud, de la caridad y, sobre todo, la verdadera luz para juzgar, estimar, despreciar, desear y combatir según vuestra gracia de amor.

El maestro quiere que estéis solos, para no ser ya vuestros, sino suyos.

Quiere ser el medio, el bien, la dirección de vuestra vida, que ha de encaminarse hacia él; he ahí la razón por la cual os falta todo lo que desearíais como medio de edificación, de instrucción y de caridad. Pérdida bien insignificante, por cierto, ya que vais derechos a Jesús y vuestros esfuerzos resultan más unificados por estar concentrados en su divino servicio, en su amor y en su divina voluntad.

Persuadido de la gloria que a Dios habría de dar y del bien que a vosotros acarrearía, os deseo ardientemente que, fijos en el amor de nuestro Señor, os olvidéis de vosotros, que tengáis en poco cuanto sufrís y cuanto le ofrezcáis y, sobre todo, que no seáis muy sensibles a su amor sensible, a la paz y dulzura de su amor.

Hay almas que son alimentadas de Dios sin que pongan nada de su parte, a quienes concede el cielo para que sin cesar le den las gracias; otras hay que alcanzan el cielo, al parecer entre deleites, pero sufren mucho; todos creen que no hacen nada bueno ni valioso; sin embargo, su corazón es de Dios, su voluntad le obedece con sumisión y le ama más por la fuerza del amor que por su dulzura o sus fervores: almas bellas, por cierto, que pasan por el purgatorio en este mundo, que son del agrado de Dios y se dirigen a Él en todo tiempo y lugar.

Sed siempre así vosotros.

Creedme: Id a nuestro Señor como unos pobres, como muy pobres, pero que, sin embargo, son amados y privilegiados; cuya única virtud es el agradecimiento, el único mérito saber pedir y recibir, reconocer que siempre se lo deben todo a su bienhechor, aumentar alegremente sus deudas todos los días, ser insolventes, pero amantes.

“Bienaventurados los pobres, porque, de ellos es el reino de los cielos”. Os aseguro que este estado agrada muchísimo a Dios.

Una bella y divina sociedad de vida

Gozad de Dios, mas no de las criaturas. Además, Dios no lo quiere, ni vosotros, tampoco. Gozad de Dios, de vuestras gracias, de vuestro sagrario, de vuestro maestro.

Gozar es no querer más que a Él; gozar es vivir por Él, para Él, a sus pies, en su corazón, en su persona divina.

Escuchadle a sus pies como María: éste es el pan de vida y de inteligencia, el banquete del alma que alimenta nuestro ser; ésta la oración del silencio, de la mutua mirada, de la dicha de verse al calor de este sol divino

Reclinad vuestra cabeza junto a su Corazón en la sagrada Comunión, o cuando vuestro corazón sufra o vuestra alma esté triste.

Cuando Jesús parece muerto, su corazón no muere; aun después de muerto, su sangre está llena de calor.

Jesús dijo: “El que me coma morará en mí y Yo en él”. ¡Qué sociedad de vida más bella y divina!

Vivir con Jesús, en Jesús, es ser su siervo adorador. Quedad tranquilos a los pies de Jesús, de la manera que Él quiera, tal como os coloque, como Él os haya formado; las ideas, la oración y el amor espontáneo y natural formarán el estado de vuestra alma. Hemos de ser ante Dios lo que somos.

Dios ha dispuesto los cambios de estaciones para variar los trabajos y los productos de la tierra.

Nuestra alma es la tierra de la gracia. Esforzaos por guardar la igualdad de espíritu y del amor de Dios en medio de vuestras variadas obligaciones, de vuestras ocupaciones y vuestros estados internos.

¡Dios me ama! ¿Qué hay de más bello y consolador?

En todo quiere mi bien. Yo soy suyo y no busco más que a Él; mi miseria es mi título; mi pobreza mi riqueza; mis imperfecciones, mi gran necesidad de sus gracias. Poned en práctica cuanto os voy diciendo y pronto sentiréis el reinado de Dios en vosotros.

El don total de sí a Dios

Vivamente os deseo el reinado de Dios en vosotros, el reinado eucarístico de nuestro Señor.

Y notad que no os digo la devoción, la virtud, ni aun el mismo amor, sino el reinado, es decir, el don de vosotros al divino maestro, para ser su casa, su huerto, su corazón, su vida y aun su muerte.

El don de sí es la única prueba del verdadero amor.

Esto es lo que Dios quiere: “Hijo mío –dice–, dame tu corazón”. “Amarás al señor Dios tuyo con todo tu espíritu, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas: he ahí el primero y el más importante de los mandamientos”, que es toda nuestra vida y nuestro fin en este mundo y en el otro.

Es imprescindible que lo alcancéis, porque si no seréis como la leña que se coloca junto al fuego para que se seque; puede ser que humee, que despida vapor, que se caliente; pero no arde si no está en la misma hoguera, si el poder del fuego no llega hasta ella.

Harto sabéis que una mecha se enciende en la misma llama y no en la corriente de aire por ella producida.

Renovad todos los días el don de vosotros mismos al amor y por la gloria de Jesús sacramentado: ya veréis cómo tendréis alguna cosa de que sacrificaros y poderla entregar a Jesús. Pero, por desgracia, ¡cuán pocas son las almas eucarísticas que se den de esta manera a nuestro Señor!

Quiere uno siempre tener alguna cosilla junto con Jesús o fuera de Él: de ahí la fiebre y el desorden; Jesucristo no es el dueño absoluto.

La esposa del Corazón eucarístico

Vosotros, por lo menos, daos por entero y sin reservas en vuestro interior a nuestro maestro: el exterior le pertenece desde hace tiempo. Pero el don interno de sí mismo es el don verdadero, porque nuestro Señor es entonces el dueño del campo que ha de cultivar y del árbol que ha de injertar.

Jesucristo demuestra ser el Salvador, de una manera singular, en la elección de las gracias de santificación llevada a cabo mediante el desprendimiento, que comienza por la propia renuncia y acaba con la conformidad con el plan de vida señalado por su voluntad.

Servíos de todo como de medio, pero no descanséis más que en Jesús.

Proceded en todo a manera de un siervo y no pertenezcáis más que a nuestro único maestro y Señor Jesús.

No olvidéis que sois las esposas del Corazón eucarístico y que vuestra dote y mejor adorno es la pureza de corazón. Poseed una bellísima pureza, una gran rectitud de intención, sed muy desinteresadas en vuestras acciones y muy desprendidas en vuestros afectos

Sed libres en la vida de amor, como es libre y dichoso el amor en su centro de acción.

Por tanto, libertaos de las telarañas, de la fiebre del amor propio y de esa mendicidad estéril respecto a aquellos que nada os pueden dar.

El sol no cambia de naturaleza aun cuando las nubes encubren su faz.

Os lo ruego, no os dejéis cercar de negros nubarrones. Hacen muchísimo mal; son malos y vienen del demonio, porque, efectivamente, son negros.

Sed fuego

Sé perfectamente que no siempre puede uno estar nadando en alegrías celestiales; pero podéis siempre ser obedientes a nuestro Señor y aguardar la vuelta del sol, que no se deja esperar largo tiempo. Lo esencial es fundamentaros bien en la confianza en Dios, alimentaros de su verdad, sacrificaros a su mayor gloria por vuestro amor soberano, amándole en todo, en todas partes y por encima de todo.

Sed fuego, oculto bajo las cenizas, concentrado en sí mismo, para acumular su fuerza de expansión.

Sed llamas que iluminan, calientan y abrasan todo lo que las rodea.

¡Amamos tan poco al divino maestro y nuestro amor es tan limitado...!

Hemos de suplir esta deficiencia trabajando por que Jesús sea conocido, amado y servido, ya que si la fe nos hace sus discípulos, el amor nos convierte en apóstoles suyos.