Lunes de la I semana de Pascua.
De la aparición de Cristo a los Apóstoles con santo Tomás
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Lunes de la I semana de Pascua.
De la aparición de Cristo a los Apóstoles con santo Tomás. (Joann. 20.)
PUNTO PRIMERO. Considera que, como dice el Evangelista san Juan, cuando vino Cristo a visitar a los Apóstoles en el Cenáculo no estaba con ellos santo Tomás, y por esta causa no gozó de la gloria de su resurrección; y bien pudiera aparecerle a donde estaba separado, pero no quiso, dándonos documento de que muchas veces no participamos sus consuelos y misericordias porque no andamos con la comunidad de los demás a quien las comunica el Señor; de lo cual has de sacar un afecto y propósito firme de huir la singularidad cuanto pudieres, y seguir la comunidad con todos en las cosas de la religión y culto de Dios , porque no te prive de las gracias que comunica a los demás.
PUNTO II. Considera la incredulidad que cayó en el corazón del Apóstol santo Tomás, la cual no pudieron vencer ni la Santísima Virgen, ni los Apóstoles, ni todos los discípulos, que como testigos de vista le certificaban que habían visto a Cristo resucitado y glorioso, permitiéndolo así Dios para mayor firmeza de la fe de su resurrección y bien de nuestras almas; de que has de sacar por una parte gran temor de caer en semejante pecado conociendo tu flaqueza; y que si cayó un Apóstol tan santo, más fácilmente podrás caer tú en mayores pecados; y por otra sujetar tu juicio al de Dios, el cual permite semejantes caídas para escusar mayores males , y sacar de ellas grandes bienes, como sucedió de la caída de santo Tomás.
PUNTO III. Considera cómo toda aquella santa congregación, doloridos de la incredulidad de santo Tomás, se pondrían en oración y pedirían al Señor afectuosamente por él , y a sus ruegos y peticiones vino Cristo y se puso en medio de todos, y le habló, llamó, mostró sus llagas y se las dio a ver y tocar para que la experiencia le desengañase de su ignorancia y le sacase de su error ¡Oh benignísimo Jesús y oh solícito pastor! y cómo se conoce el amor que nos tenéis, pues por una sola oveja volvisteis a abrir vuestras heridas y a renovar vuestras llagas para guarecerla en ellas y curarla con la mirra y bálsamo suavísimo de vuestra preciosísima sangre. Para, el discurso en este paso y pondera para bien de tu alma de cuánta importancia es la buena compañía y el fruto de sus oraciones, pues le valieron tanto a santo Tomás las de los discípulos del Señor, y cómo les pagó Dios la caridad que usaron con él volviéndolos a visitar y a comunicar su gloria, que aunque pudo aparecérsele a solas, como a san Pedro y a la Magdalena, no quiso sino en compañía de todos, para darles segunda vez la gloria de su resurrección. Saca también un vivo afecto de cuidar de tu rebaño, y de aquellos que Dios te ha encomendado, trabajando por cada uno con las veras que por todos juntos, a ejemplo del Salvador, y una firme confianza en su piedad viendo la que tuvo de santo Tomás. Pídele que te busque y te meta en sus llagas, a donde estarás guardado y seguro de todos tus enemigos.
PUNTO IV. Carga el peso de la consideración en el resto de todo lo que le sucedió a santo Tomás con Cristo. Mira con qué empacho estaría en presencia de todos delante del Redentor; cómo se postraría a sus pies avergonzado y derramando lágrimas por su incredulidad y pidiéndole perdón; y cómo la Beatísima Virgen y toda aquella santa compañía le pedirían por él; y con qué benignidad y amor le levantaría el Redentor y le diría que metiese sus manos en las llagas de sus pies, manos y costado, que aparejado estaba a padecer otra vez por solo él. Oye cómo santo Tomás le confiesa por su Dios y su Señor; y últimamente rumia aquella sentencia con que remató Cristo esta visita y se despidió diciendo: porque me viste, Tomás, creíste: bienaventurados los que no vieron y creyeron, en que conocerás el mérito de la fe, no solo de la resurrección, sino de todos los misterios de la vida del Redentor. Dale muchas gracias por haberte dado la luz para conocerle y confesarle; y pídele su gracia para perseverar en su fe y traer a todos a su conocimiento y servicio, deseando que sea conocido y alabado, confesado y creído de todos cuantos han nacido y nacerán en el mundo.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.