viernes, 10 de abril de 2026

De cómo apareció Cristo a san Pedro.

 


Sábado de la octava de Pascua.

De cómo apareció Cristo a san Pedro.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Sábado de la octava de Pascua.

De cómo apareció Cristo a san Pedro. (Joann. 20.  Marc. 16.  Luc. 28.)

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo volvieron santa María Magdalena y las otras santas mujeres del sepulcro,  y dieron cuenta a los apóstoles de lo que habían visto, y cómo Cristo había resucitado, y no fueron creídas, antes tuvieron por desvarío las visiones de los ángeles y lo demás que habían, padeciendo estos descréditos por referir la verdad de los misterios de Cristo; de que has de sacar lo primero imitar el fervor y caridad de estas santas mujeres en dar la noticia que tuvieres de los misterios divinos y de las cosas espirituales a tus prójimos, cuando convenga para el servicio de Dios, como ellas la dieron de la resurrección de Cristo a los apóstoles, aunque por esto padezcas al principio algún descrédito, confiado de que Dios volverá por tu causa; lo segundo no ser incrédulo, como los apóstoles, a las personas espirituales; pues muchas veces toma Dios instrumentos flacos para cosas grandes, haciendo alarde de su poder, y prefiere a los que tienen más virtud, aunque sean de menos prendas, a los de mayores, para humillar a estos y honrar a aquellos; humíllate delante de Dios y sujétate a sus juicios, reconociéndote por el menor de todos y por el más indigno de sus mercedes.

 

PUNTO II. Considera cómo en oyendo la nueva de la resurrección, corrieron al sepulcro para asegurarse de la verdad san Pedro y san Juan, como más fervorosos en el amor de Cristo y menos incrédulos de sus misterios, quedándose los demás encerrados en el Cenáculo por el miedo de los judíos ¡Oh si tuviésemos una centella de amor fino de Cristo! qué dificultades venciéramos y cómo despreciaríamos los temores que nos acobardan en su santo servicio, y correríamos con fervoroso aliento en compañía de estos apóstoles a servirle, reconocerle y bendecirle: anímate con su ejemplo y pídele al Señor que te dé una centella de este fuego sagrado para despreciar todos los temores humanos y correr con fervor en el camino de la virtud a buscar su gloria y honra y su mayor servicio.

 

PUNTO III. Considera cómo llegaron los dos al sepulcro, y san Juan se detuvo hasta que entró san Pedro, dándole como a cabeza el primer lugar, y luego entró siguiéndole, y no hallaron el cuerро del Salvador sino las mortajas y lienzos en que había sido envuelto, y ni les aparecieron ángeles como a las mujeres, ni tuvieron otra certidumbre por entonces de su resurrección más que esta, fiando el Señor de su mayor virtud y constancia su crédito con mayores demostraciones que había dado a las mujeres: de que has de sacar, lo uno el respeto y cortesía que debes siempre guardar a los superiores y prelados, dándoles el primer lugar como lo hizo san Juan con san Pedro: lo otro, no esperar a revelaciones ni milagros en el servicio de Dios y crédito de sus sagrados misterios, sino darles fe por los medios que te ha dado Dios en su Iglesia, y entonces será más firme y meritoria cuando fueren las probanzas menores y de menos evidencia.

 

PUNTO IV. Considera que, como dice san Lucas, san Pedro se retiró admirado a pensar en lo que había visto, y estando en esta meditación alabando a Dios, y gozándose de la gloria de su santo maestro, y renovando (a lo que piadosamente se cree) el sentimiento y lágrimas de haberle negado, le apareció el Señor gloriosísimo y consoló y esforzó en su santa fe, para que esforzase en ella a sus hermanos; y bañando su espíritu de un gozo inefable, le dio el perdón de sus pecados y le dejó consoladísimo: a donde has de ponderar que Cristo apareció en primer lugar, después de su Santísima Madre, a Santa María Magdalena y a san Pedro cuando meditaban sus misterios y lloraban su ausencia; y habiendo ambos pecado habían hecho amarga penitencia por sus culpas; de lo cual has de sacar, meditar despacio y con atención los misterios de Cristo y una grande esperanza en la misericordia divina de alcanzar el perdón de tus pecados si hicieses con digna penitencia de ellos, y con el perdón muchas gracias y misericordias de su mano.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.