III domingo de Pascua.
Jesús anuncia su partida. (Joann. 16.)
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
III domingo de Pascua.
Jesús anuncia su partida. (Joann. 16.)
El Evangelio contiene una breve plática que hizo Cristo a sus discípulos antes de ir a padecer, en que les dijo que dentro de poco no le verían, y dentro de poco le volverían a ver; y conociendo que le querían preguntar lo que decía, se declaró con ellos, y les dijo que hablaba de su partida al cielo, por la cual se entristecerían; pero que dentro de poco les volvería a ver, y llenaría su corazón de un gozo, que ninguno les podría quitar.
PUNTO PRIMERO. Considera el sentimiento que tenía Cristo de hallarse obligado a dejar a sus discípulos, y las palabras con que los consuela, diciendo que les volvería a ver dentro de poco tiempo, y con su vista bañaría sus corazones de gozo: entra con la consideración en aquel amoroso pecho. Contempla las llamas de caridad que en él arden, y gózate de tener tan dulce y amoroso Padre; mira cómo has de corresponder a tan grande amor, y pídele una centella de su fuego que abrase tu corazón.
PUNTO II. Considera cuán breves son las ausencias de Dios, y cuán ciertas son sus consolaciones; pues si se retira es por poco tiempo, y luego viene con presteza con doblada consolación; no descaezcas si alguna vez se retirare, o se escondiere de tu alma; más espera en su piedad que presto te visitará como visitó a sus apóstoles, y bañará tu alma de un gozo inefable y una consolación celestial.
PUNTO III. Considera cómo los discípulos no entendieron al principio las palabras de Cristo, porque tal vez aunque nos habla, no alcanzamos lo que nos enseña; más el Señor se declaró luego con ellos, respondiendo prevenidamente a su duda antes que le preguntasen ¡Oh Señor! y qué prevenido sois en vuestras mercedes, pues antes las concedéis que os las pidan: bendito seáis mil veces por vuestra grande misericordia y liberalidad; dadme una grande confianza en vos, y que yo sea tan liberal con mis hermanos en hacerles bien, como lo sois vos conmigo en hacerme merced.
PUNTO IV. Considera lo que dice Cristo, que los apóstoles se habían de entristecer por su partida, aunque era por poco tiempo, y alegrarse por su vuelta; porque no hay cosa más triste que la ausencia de Dios, ni más alegre que su visitación: así como la ausencia del sol causa tristes tinieblas al mundo, y su presencia alegre luz, de la misma manera la ausencia de Dios causa nublados de tristezas al alma , y su presencia luz de sumo gozo y alegría ¡Oh alma mía! no pierdas a tu Dios; porque aunque tengas todo el mundo, quedarás en tristísimas tinieblas, y si le posees y visita tu casa, sola su presencia la bañará de alegría ¡Oh Señor! no me castiguéis tan rigurosamente, que os apartéis de mí por solo un instante; pierda yo todo el mundo antes que perderos a vos; estad vos conmigo y déjenme todas las criaturas, que mejor es un día en vuestra casa que millares de millares en la del mundo.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.