Martes de la octava de Pascua.
De la aparición de Cristo a los Apóstoles juntos. (Luc. 24.)
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Martes de la octava de Pascua.
De la aparición de Cristo a los Apóstoles juntos. (Luc. 24.)
PUNTO PRIMERO. Considera cómo estando todos los Apóstoles y discípulos de Cristo juntos el día de su resurrección, les apareció Cristo glorioso y los consoló hablándoles con aquellas dulces palabras. La paz sea con vosotros: yo soy, no queráis temer; porque adonde Dios está siempre hay paz, y la paz engendra seguridad y destierra todo temor. Pondera el cuidado de Cristo en recoger sus ovejas, visitarlas y consolarlas; pídele que no se olvide de ti, sino que te visite y asista, y te dé paz, quietud y tranquilidad de corazón, desterrando de él toda congoja y temor, porque teniendo a Dios no hay que temer aunque todo el mundo se arme contra ti.
PUNTO II. Considera cómo no acabando de persuadirse los discípulos que era el Señor quien les hablaba por la grandeza de su gozo, les mostró sus llagas diciéndoles: Miradlas y tocadlas, que yo mismo soy, y no solo el espíritu, porque el espíritu no tiene carne ni hueso como veis que tengo yo. Pondera que de santa María Magdalena no se dejó tocar el mismo día, y a los Apóstoles les mandó que le tocasen; porque santa María Magdalena no necesitó de aquella experiencia para su fe, creyendo firmísimamente que había resucitado; los Apóstoles y discípulos la necesitaron, y así les dio a tocar sus llagas; en que conocerás que muchas veces, flacas mujeres vencen en fe y devoción a los varones sabios, y juntamente la benignidad del Salvador que con tanta humildad se entregó a que le tocasen y palpasen para desterrar su incredulidad; mira con cuanta devoción llegaría toda aquella santa compañía a tocar las llagas de Cristo, el gozo que sentirían en sus almas; y llega tú también con suma reverencia a adorarlas y venerarlas como instrumentos de tu redención y puerto seguro de tu navegación.
PUNTO III. Considera cómo para asegurarles más en su fe, les pidió que le diesen alguna cosa si tenían de comer, y ofreciéndole un pedazo de pez y otro de pan, comió delante de todos, para que se desengañasen que no era espíritu como imaginaban, sino hombre verdadero ¡Oh grande amor y fineza del Salvador! que siendo bienaventurado, de cuyo estado es ajeno el comer y beber, salió de su curso y se humilló, haciendo acciones de viador y de estado tan inferior al suyo, por ganar a los hombres y rescatarlos de la infidelidad y establecer la fe de su resurrección: dale muchas gracias por ello, y mira tú qué debes hacer por el bien, así de tu alma como de las de los tuyos, y cuando convenga no dudes de humillarte a acciones humildes, bajando del porte de tu estado a imitación de Cristo Señor nuestro; aquí comió lo que le dieron sus discípulos, y a ti te da de comer a sí mismo en la mesa del altar. Considera las gracias que le debes dar por ello, y el amor y voluntad con que le debes servir por tan señalada merced.
PUNTO IV. Considera las palabras con que remató su visita, diciéndoles que así convenía que padeciese Cristo y resucitase de los muertos para entrar en su gloria, y predicar en todo el mundo la penitencia y el perdón de los pecados. Pondera para tu provecho, que si Cristo hubo de pasar por la cruz y muerte afrentosa para entrar en su gloria, cuánto más conviene que pases tú por ella, para entrar en la gloria que no es tuya; y que manda predicar penitencia y perdón de pecados, porque están encadenados y no se halla lo uno sin Io otro; si quieres alcanzar el perdón, es necesario que hagas penitencia de tus pecados; resuélvete a ello, y pídele a Dios gracia para cumplirlo.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.