Lunes de la III semana después de Pascua.
De la brevedad de esta vida y eternidad de la futura que esperamos
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION XXIII
Lunes de la III semana después de Pascua.
De la brevedad de esta vida y eternidad de la futura que esperamos.
PUNTO PRIMERO. Considera lo que enseña san Agustín; conviene a saber; que el módico y poco tiempo de que habla Cristo en el Evangelio, es el tiempo de esta vida, la cual comparada con la eterna es un soplo, y tan corto su plazo que parece un momento; y si no, ponen una balanza la vida más larga de ciento o doscientos años, y en otra aquel tiempo sin tiempo, ni término, ni fin de la vida venidera y eterna, y verás que se desvanece la de acá por larga que sea, y que es nada respecto de la futura y eterna: ahonda en esta eternidad, y saca de esta consideración resoluciones firmes de menospreciar lo presente, caduco y perecedero, y codiciar lo eterno, que nunca se ha de acabar; no pierdas lo que tanto vale por lo que tan poco dura; y si, como dice san Agustín, haces tan apretadas diligencias para vivir unos pocos días en este mundo ¿cómo no las haces mayores para vivir eternamente en el otro, siendo estos pocos y malos y aquellos innumerables y buenos? Resuélvete también a padecer por Cristo en esta breve vida, para gozarte con él eternamente en la otra; poco es todo lo que aquí se padece, y como dice san Pablo, un momento de padecer en esta vida obra en nosotros un peso de eterna gloria en la otra.
PUNTO II. Considera lo que dice Cristo, que el mundo se holgará y sus siervos llorarán en esta vida; pero, pasada esta breve farsa, se trocarán las suertes, y ellos llorarán eternamente y los buenos se alegrarán sin fin: acuérdate que no hay dos glorias, y que como dice san Bernardo, es casi imposible tener gloria aquí y allá , los que la tienen en esta vida, carecen de ella en la otra, y los que aquí hacen penitencia y se mortifican, se gozan en la otra vida: mira despacio cuál de estas dos quieres tener; si te dieres acá a delicias, gustos, honras y aplausos del mundo, perderás la gloria futura; y si, despreciados estos, abrazares la cruz y la penitencia, y vivieres en silencio y humildad, alcanzarás la felicidad eterna: por tanto escoge ahora lo que quisieras haber hecho después, y pide gracia al Señor para dejarlos vicios y abrazar las virtudes, y para resolverte firmemente a seguirle por el camino de su cruz.
PUNTO III. Considera cuán engañados viven los que, por pasar en deleites este soplo de vida, pierden las delicias eternas, y cuán burlados se hallarán en la hora de la muerte y en el juicio de Dios cuando vean pasados como el viento todos sus gustos y pasatiempos, y se hallen condenados a padecer para siempre; al contrario, cuán gustosos estarán los justos, viendo pasadas sus penitencias y trabajos, y que entonces empieza su gloria y su descanso; la sirena canta toda la vida y muere llorando amargamente; y al contrario, el cisne llora mientras vive y canta en la hora de su muerte, porque a vida alegre se sigue triste muerte, y a vida llorosa alegre fin: la sirena es símbolo de los malos y el cisne de los buenos; una de estas dos suertes te ha de caber forzosamente, mira ahora que tienes tiempo, de cuál de las dos gustarás en la muerte, no te ciegue lo presente, más como sabio y prudente prevente para lo porvenir, y pide al Señor que te dé luz y esfuerzo para escoger desde luego lo mejor, y lo que ha de ser de mayor gloria suya y provecho de tu alma.
PUNTO IV, Considera lo que dice Cristo, que así como la mujer cuando pare padece dolores, pero el gozo de haber dado un hijo al mundo es tan crecido, que le hace olvidar los dolores pasados; así el gozo de los justos en la gloria es tan grande, que borra la memoria de los trabajos pasados. Pon los ojos en los santos que están en la bienaventuranza, y contempla sus glorias y cuán olvidados tienen los trabajos y penitencias que pasaron en esta vida, y cómo se gozan en la otra y se gozarán eternamente; y cómo no hay interés imaginable por el cual volvieran a este siglo, o trocaran su dichosa suerte, y esfuérzate con su ejemplo a vivir santamente, a seguir sus pisadas y las de tu Redentor y Maestro, que si fueres su consorte en la pelea, lo serás también en la corona dela gloria.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.