miércoles, 15 de abril de 2026

De cómo dio Cristo a san Pedro las llaves de su Iglesia antes de subir al cielo

 


Jueves de la I semana de Pascua.

De cómo dio Cristo a san Pedro las llaves de su Iglesia antes de subir al cielo

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Jueves de la I semana de Pascua.

De cómo dio Cristo a san Pedro las llaves de su Iglesia antes de subir al cielo. (Joann. 21.)

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice san Juan, que estando los discípulos pescando en el mar con gran trabajo, les apareció Cristo en la ribera y les habló, llamó y dio gran pesca, y se sentó con ellos con mucha afabilidad, y les dio de comer, repartiéndoles el pan y los peces con muestras de mucho amor. Contempla en este hecho la benignidad del Señor, y las caricias con que trata a los suyos, aun después de glorioso, y gózate de tener tal Padre y Señor tan amoroso y benigno; y mira las caricias que te hace cada día en la mesa del altar, dándote su propio cuerpo y sangre en manjar con infinito amor y deseo de tu bien, y dale gracias por ello, y pídele su auxilio para imitarle con tus prójimos, tratándolos con caricias y humildad.

 

PUNTO II. Considera cómo acabada la comida le preguntó Cristo a san Pedro tres veces si le amaba, y no como quiera sino más que los demás; y respondiendo que él lo sabía, a quien se remitía, luego le encomendó su rebaño diciendo: apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas; de lo cual has de sacar el amor que debe tener a Dios el que ha de apacentar su rebaño, para mirar por su aumento y no por el suyo propio, porque esto fuera amarse a sí mismo y no a Cristo, por cuyo amor debe apacentar sus ovejas, sin tener otro fin o interés más que servirle; haz cuenta que te pregunta a ti lo que a san Pedro, si le amas, y mira qué responderás al Señor, que sabe y penetra lo secreto de tu corazón; mira si te amas a ti mismo, buscando tu interés solamente, y cómo te encargará el Señor su rebaño, para que en lugar de ser pastor seas lobo que lo consuma. Llora tu frialdad y lo poco que amas a Dios; y pídele que te dé alguna parte del encendido amor que dio a san Pedro, para emplearte en su servicio y en el bien de tus prójimos.

 

PUNTO III. Considera que le preguntó Cristo a san Pedro tres veces si le amaba para satisfacer a las tres negaciones que cometió la noche de su pasión; de lo cual has de sacar, que la satisfacción ha de ser correspondiente a la culpa, y que a muchas culpas se debe dar mucha satisfacción. Mete la mano en tu pecho, y considera las que has cometido en el discurso de tu vida, y la poca satisfacción que has dado de ellas, y por eso Dios no te hace mercedes como las hizo a san Pedro, en dando satisfacción de sus pecados; resuélvete en su presencia a hacer debida penitencia de los tuyos, y pídele su gracia para satisfacer por ellos como debes.

 

PUNTO IV. Considera cómo en diciendo san Pedro a Cristo que le amaba, le dio el cargo de su Iglesia, haciéndole sumo pastor de su rebaño. Bien sabia el Señor si le amaba Pedro o no; pero quiso preguntarle para que él lo confesase por su boca, y para darle a entender que había de mostrar el amor que le tenía en apacentar su ganado, mirando y procurando por el bien de sus hermanos, a quien llamó ovejas suyas por el amor que tiene a todos, de lo cual has de sacar el amor que han de tener los prelados a sus súbditos, mirándolos como a rebaño querido de Dios, y a quien han de mostrar el que tienen en apacentará los suyos. Considera que Dios está a la mira del amor que le tienes, en el que muestras a tus prójimos, y que te los ha encomendado, para que los apacientes, especialmente a los pobres y pequeños que son sus corderos, como más necesitados.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.