miércoles, 1 de abril de 2026

De cómo crucificaron a Cristo en el Calvario

 


Jueves Santo

De cómo crucificaron a Cristo en el Calvario

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Jueves Santo

De cómo crucificaron a Cristo en el Calvario

Mt 27, 35-54

PUNTO PRIMERO. Esta es la más dolorosa estación que has de andar en compañía del Salvador, llega con Él al monte Calvario y contempla lo que allí pasa y lo que padece por ti. Llegó el Redentor cansado de tan largo camino, y el descanso que halló fue la dura cama de su cruz. Solían en estas ocasiones dar a los ajusticiados algunas bebidas confortativas, para que pudiesen llevar con más ánimo y valor aquel duro trance; y los verdugos, como inhumanos, mezclaron el vino con amarguísima hiel y se le dieron a beber, no para confortarle, sino para aumentar su tormento con la amargura de aquel brebaje; gustóla y amargó su paladar, y no la bebió, tomó lo amargo para el gusto, en recompensa del que tuvo Adán en la fruta del árbol vedado, y no tomó el confortativo, por padecer sin género de alivio por nuestro amor ¡Oh alma mía! tu dulce Esposo se halla cansado y fatigado, dale algún alivio en sus fatigas, y no le des la hiel de tus pecados, porque esa es la que le amarga sumamente el paladar y no la puede beber ¡Oh buen Jesús! vos disteis a vuestro pueblo arroyos de leche y miel, y él os da en retorno hiel a beber en la mayor necesidad: bendito seáis, que tan sin consuelo quisisteis padecer por mí; dadme vuestra gracia para que yo amargue mi paladar por vos.

PUNTO II. Considera cómo luego le quitaron las vestiduras con suma inhumanidad, y como estaban incorporadas con las llagas se renovarían todas, arrancándole los pedazos de le carne con ellas, y quedaría todo hecho una llaga a vista del inmenso pueblo y de la Santísima Virgen, cuyo corazón estaría traspasado de dolor; y dice san Buena ventura, que viéndole así desnudo se quitó la toca de su cabeza, y rompió por en medio de la gente con indecible valor, y le cubrió decentemente: pondera con cuanto agradecimiento la recibiría el Salvador, y qué gracias le retornaría por aquel don que le daba, contempla en este paso lo que pasarían las dos lumbreras del cielo, y mira al segundo Adán y a la segunda y perfectísima Eva en el paraíso del Calvario, cubriendo su desnudez por el empacho, no de sus pecados, sino de los tuyos, que tanto la has ofendido; tu Dios y tu Señor está desnudo; llega a vestirle y cubrirle con la compasión de lo que padece por ti, y con lo que hay en tu casa, vistiéndole sus pobres, aunque sea necesario quitarte el velo de la cabeza, como se lo quitó la Reina del cielo para vestir a Cristo, por el cual le dio una corona imperial de eterna gloria.

PUNTO III. Alarga la vista de la consideración y mira cómo tienden la cruz en el suelo, y cómo la barrenan por tres partes, y cómo luego tienden al Redentor en aquella dura cama, no sobre blandos colchones, sino en la madera desnuda; por almohada para descansar la cabeza tiene la corona de espinas para taladrar sus sienes, extiende más los ojos y contempla la crueldad con que le cogen entre cuatro verdugos los pies y las manos, y tomando los martillos y los clavos le clavan en aquel duro leño, corriendo arroyos de sangre de las nuevas heridas que padece para lavar tus pecados: los golpes darían en Cristo y los ecos llegarían al corazón de su benditísima Madre, derramando arroyos de lágrimas, al paso que su Hijo los derramaba de sangre: llega a cogerla tú con santa María Magdalena y a asistir y consolar a ambos: ponte a sus pies y no los dejes solos en tan acervos dolores en medio de sus enemigos; lava con lágrimas las llagas del Salvador ahora que está en lo bajo , antes que levanten la cruz y no puedas tocarle.

PUNTO IV. Hasta ahora has mirado al Salvador en lo bajo de la tierra, ya es tiempo que levantes los ojos a mirarle y contemplarle, levantándole de ella en el árbol de la cruz, a donde dijo que había de atraer todas las cosas a sí mismo ruégale que no deje tu corazón en la tierra, sino que le levante y traiga consigo. Contempla lo que allí pasa; cómo ataron la cruz con recias maromas, y cómo la levantaron en alto poco a poco, clavado el Salvador en ella; y como eran tan inhumanos, la dejaron caer de golpe en el hoyo que tenían hecho, estremeciéndose aquel sagrado cuerpo en el aire, y desencajándose los huesos de sus lugares, y abriéndose por muchas partes con inexplicable dolor, y tanto, que reveló el mismo Señor a santa Brígida que fue la mayor y más vehemente que tuvo en el discurso de su pasión; los cielos estarían a la mira, los ángeles como pasmados de pura admiración, y el Eterno Padre mirando la justicia que se hacía en su sacratísimo Hijo por tus pecados ¡Oh mi Dios! ¿el esclavo pecó, y lo paga el Señor? Acá buscan un esclavo que pague por el delito ajeno, y con su castigo se da la justicia por satisfecha, y en vos veo que va la ley al contrario, pues fue quien pecó el esclavo,  y es ajusticiado el Señor. Bendito seáis mil veces que tal linaje de caridad se halló en vos. Contempla, alma mía, los dolores que padecía tu Redentor por ti en la cama de la cruz, pendiente está de tres clavos y no tiene en qué estribar; si carga el cuerpo sobre los pies se desgarran las llagas de los pies, y si le carga en los brazos se abren más las de las manos; si quiere reclinar la cabeza no le deja la corona de espinas que tiene en ella ¡Oh buen Jesús! bendito y alabado seáis por el amor que nos tuvisteis; y por lo que padecéis por nosotros den las gracias los ángeles que yo no os sé dar; yo quisiera estar crucificado con vos; dadme vuestra gracia para que siquiera me compadezca como debo de vuestras penas, que no os dé ocasión con mis pecados de padecer más por mí.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.