Miércoles de la octava de Pascua.
De la aparición de Cristo a los apóstoles cuando pescaban en el mar de Tiberiades. (Joann. 21.)
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Miércoles de la octava de Pascua.
De la aparición de Cristo a los apóstoles cuando pescaban en el mar de Tiberiades. (Joann. 21.)
PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice el sagrado evangelista san Juan, que san Pedro convidó a los demás discípulos a pescar, y no habiendo cogido nada en toda la noche, les apareció Cristo en la ribera, y les ordenó que echasen la red a la mano derecha y cogieron grande pesca: a donde has de ponderar que es propio de los discípulos de Cristo convidar como san Pedro a los demás para las obras santas de su servicio; de lo cual has de sacar, el convidar siempre a tus prójimos para las obras de piedad y devoción, y persuadirlos a ellas; considera luego la piedad del Salvador y la que tuvo de sus discípulos, apareciéndoseles cuando estaban trabajando, y desconsolados por no haber pescado nada, y cobra una grande confianza en Dios de que te favorecerá y visitará en tus trabajos y en las obras que emprendieres de su santo servicio; pídele que no te olvide, y que te visite y esfuerce, como visitó y esforzó a sus discípulos.
PUNTO II. Considera las causas porque los apóstoles no pescaron nada hasta que vino Cristo Redentor nuestro; la primera fue porque echaron la red de noche, que significa el pecado, y los que obran en pecado no granjean nada para la vida eterna, por mucho que trabajen; la segunda, porque pescaron por su voluntad y después por la obediencia de Cristo, y esta da la ganancia cierta a los que se rigen y gobiernan por ella; la tercera, porque echaron la red a la mano izquierda, que significa los bienes temporales del mundo, y Cristo Señor nuestro les mandó que la echasen a la derecha, que es símbolo de los bienes eternos. De lo cual has de sacar el trabajar siempre en la luz de la gracia y no en las tinieblas del pecado, y por la voluntad de Dios, mirando siempre a su mayor honra, gloria y servicio en cuantas obras hicieres, y echar siempre la red hacia la mano derecha de los bienes celestiales, si quieres sacar grande ganancia: duélete de lo que has trabajado en el discurso de toda tu vida en allegar riquezas perecederas, y en pescar las dignidades y honras vanas de este siglo, que todo es nada y vale nada, y toma el consejo de Cristo, y echa la red hacia la mano derecha a los bienes celestiales y verdaderos, y tendrá cumplido logro tu trabajo, como le tuvo el de los apóstoles.
PUNTO III. Considera lo que dice el sagrado Evangelio, que estando los discípulos pescando por mandado de Cristo, estaba él en la ribera a su vista, sin que le conociesen, preparándoles la comida para cuando viniesen, porque está a la vista de los que trabajan en su servicio, sin que ellos le vean ni conozcan, y les prepara la comida, cuidando de lo que han menester; saca de aquí un grande aliento para emplearte en su servicio con grande confianza en su providencia, por la que tiene con todos sus siervos y contigo, cuidando de lo que necesitan: arroja todo tu cuidado en sus manos confiadísima mente, y está cierto que te mira y asiste en tus obras y trabajos, como hoy a sus discípulos, aunque tú no le ves con los ojos corporales.
PUNTO IV. Contempla cómo cuando cogieron tan copiosa pesca, reconocieron que había sido por virtud de Cristo, y aprende a reconocer el logro de tus acciones por obra de sus manos y darle gracias por ello, atribuyéndole la gloria de ellas, de cuya mano las recibes; mira cómo luego vinieron a tierra, y el gozo con que les recibiría y el que tendrían en verle resucitado, y la benignidad con que se sentaría con ellos, y les partiría el pan y el pez que había sazonado sobre las ascuas, y les daría de comer ¡Oh dulce Jesús! bendito seáis mil veces, que así tratáis a vuestros siervos! ¿Quién no os sirve eternamente, siendo tan dulce y amoroso? Llégate, alma mía, con los discípulos al Señor, deja el mar proceloso de este mundo en que estás engolfado; deja las redes que te tienen preso, y da de mano a todas las ocupaciones terrenas, y pídele que te permita llegar a su mesa, y que te dé alguna de las migajas que sobran de ella, y sienta plaza entre los suyos para quedarte eternamente en su servicio.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.