jueves, 31 de diciembre de 2015

LA IGLESIA Y EL CRISTIANO, LA HISTORIA Y EL MUNDO. REFLEXIÓN DIARIA DEL COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA (n. 18-19)


LA IGLESIA Y EL CRISTIANO, LA HISTORIA Y EL MUNDO.
REFLEXIÓN DIARIA DEL COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA (n. 18-19)
18 La Iglesia camina junto a toda la humanidad por los senderos de la historia. 
19 La Iglesia, signo en la historia del amor de Dios por los hombres y de la vocación de todo el género humano a la unidad en la filiación del único Padre,21 con este documento sobre su doctrina social busca también proponer a todos los hombres un humanismo a la altura del designio de amor de Dios sobre la historia, un humanismo integral y solidario.
La relación de la Iglesia –de nosotros mismos que formamos parte de ella- con el mundo hemos de entenderla bajo diversos aspectos:
1.La Iglesia como realidad sobrenatural sobrepasa y está por encima del tiempo y de las circunstancias históricas, pero al mismo tiempo la Iglesia nace, crece y se realiza a la par que la historia de los hombres y mujeres concretos que la forman. No podemos vivir en la Iglesia “fuera” del mundo que nos toca vivir. No podemos dejarnos llevar por la tentación de aislarnos, de encerrarnos en nuestros propios grupos y ambientes cómodos, donde nos sentimos bien, haciendo una iglesia “burbuja”. Es en este mundo actual, donde nosotros estamos llamados a vivir nuestra vocación cristiana siendo sal y luz.
2. El mundo se convierte así en lugar de nuestra misión cristiana, en el campo donde hemos de sembrar la palabra de Dios. “Id al mundo entero” es el mandato del Señor. La misión ad gentes es una misión inexcusable para la Iglesia y para cada cristiano. Hay que salvar almas, hay que llevar a Jesucristo a todos, TODOS LOS HOMBRES, pues todos están llamados a la salvación. Si no somos misioneros, es que nos falta fe en Jesucristo y amor a nuestros hermanos.
3. Pero el mundo también hemos de contemplarlo como el reino del pecado. Lo enumeramos entre los enemigos del alma. Es necesario recordar que “estamos en el mundo, pero no somos del mundo.” Hemos de ir a él y vivir en él, pero no podemos dejarnos transformar, convertir y convencer por sus modos de pensamientos y formas de vida, tan contrarios al Evangelio. Hemos de huir de la mundanidad: de ese espíritu contrario a Dios y a su reino.
La Iglesia con su Doctrina Social quiere contribuir a la construcción de un mundo mejor y más solidario, un mundo según el proyecto de Dios. Y aunque no podemos ser ingenuos, no hemos de dejar que nos roben la esperanza por poder construirlo.