DE LA PROFECÍA DEL SANTO SIMEÓN
MEDITACIONES
DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Lunes de la XXIV semana después de Pentecostés
Lunes de la V semana después de Epifanía
DE LA PROFECÍA DEL SANTO SIMEÓN
Teniendo al Niño Jesús en sus brazos, el santo anciano Simeón bendijo a sus padres y, hablando con María, su Madre, dijo: «Mira que este Niño está puesto para resurrección y ruina de muchos en Israel, y para blanco de contradicción; y tu propia alma será traspasada por una espada de dolor, para que se descubran los pensamientos de muchos corazones» (Lucas 2).
PUNTO PRIMERO. Considera cómo, por amor del Niño que tenía en sus brazos, bendijo san Simeón a sus padres en presencia de todo el pueblo, por entender que merecen la bendición de Dios los que crían santamente a sus hijos. También fue señal esta bendición de la que Dios ha de dar a todos por los méritos de su Santísimo Hijo.
De lo cual sacarás afectos de agradecimiento a este Señor, que te mereció con su Sangre la bendición eterna de Dios. Procura cumplir, cuanto fuere de tu parte, con tu obligación, para no perderla, a ejemplo de la Beatísima Virgen y del glorioso san José, los cuales fueron llenos de las gracias y dones celestiales por esta bendición que les echó Simeón.
PUNTO II. Pondera las palabras y profecías de san Simeón, que dijo que Cristo, la misma salud, había de ser para unos resurrección y para otros ruina: resurrección y gloria eterna para los buenos que se aprovecharen de su luz, vida, ejemplos y doctrina; y ruina eterna para los que, por su malicia, no se aprovecharen de ella.
Entra en cuenta contigo mismo y mira despacio lo primero: que no hay medio entre estos dos estados, sino que forzosamente has de ser de unos o de los otros. Luego da otro paso adelante y considera la diferencia tan grande que hay entre salvarse para siempre y condenarse para siempre; entre reinar con Cristo en el cielo o penar con los demonios en el infierno.
Y, vistas ambas cosas, atiende al estado en que te hallas cuando meditas esto. Considera, a la luz de la Pasión de Cristo, a cuál de los dos grupos perteneces y si te has aprovechado de sus méritos o no te has aprovechado de ellos.
Considera qué responderías a Dios si hoy te pidiera cuenta de tu vida, en qué estado te hallarías y si serías de los buenos o de los malos. Pues todavía te da tiempo, aprovéchate de él y de los méritos de Cristo, y pídele con lágrimas que no seas de los ingratos a sus beneficios y mercedes, sino de los agradecidos; y que te dé su gracia para servirle como debes.
PUNTO III. Considera lo que san Simeón profetizó de Cristo, a saber, que había de ser blanco de contradicción para descubrir los pensamientos de muchos, tanto de los que le habían de confesar como de los que le habían de perseguir, según explican san Gregorio y Orígenes.
Lo cierto es que se cumplió en Cristo esta profecía, pues fue objeto de contradicción desde el día de su nacimiento hasta el último día de su vida.
De manera que Dios envió a su Hijo para que no extrañes si te envía a ti el mismo tratamiento. Antes bien, entiende que las contradicciones que te envía son señales de amor, para acrisolar el que le tienes, darte ocasión de imitarle y merecer la corona del cielo.
Prepárate para la batalla y dile al Señor con alentada resolución:
«Aquí me ofrezco, Señor, a todo lo que fuere vuestra voluntad. Cortad, herid, humillad a vuestro siervo; vengan sobre mí las flechas de persecuciones y las guerras de enemigos que ordenareis. Estad a mi lado y pelead por mí. Levántense contra mí cuantos quisieren: mi gloria será imitaros y padecer afrentas, baldones, cárceles, llagas y tormentos por Vos».
PUNTO IV. Considera las palabras que dijo a la Virgen, que su alma había de ser traspasada por una espada de dolor, con lo que le profetizó la muerte tan acerba que Cristo había de padecer por los hombres. La misma Virgen, según reveló a santa Brígida, tuvo desde aquel día atravesada en su alma esta espada de dolor.
Así quiere Dios que sus siervos tengan en la memoria su Pasión, se compadezcan de sus dolores y se animen con ellos a padecer lo que Él les enviare.
Entra en lo íntimo de aquella alma santísima de la Virgen y mírala atravesada por aquella espada penetrante de dos filos: el amor y la compasión de su Santísimo Hijo. Cuanto más le amaba, mayor era el sentimiento de su Pasión; y, como su amor no tenía término, tampoco lo tenía su dolor.
Duele con ella, muévete a compasión por lo mucho que padece y no pierdas la memoria de tan grande merced como te hizo Cristo padeciendo por ti.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.