miércoles, 4 de noviembre de 2026

DE LA MEDICINA SALUDABLE DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Jueves de la XXIII semana después de Pentecostés

DE LA MEDICINA SALUDABLE DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR.

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Jueves de la XXIII semana después de Pentecostés

DE LA MEDICINA SALUDABLE DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR.

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice san Lucas: que, en resucitando Cristo a la hija del archisinagogo, le mandó dar de comer, así para la confirmación de su resurrección, como para sustentar la vida que le había dado.

En esto nos enseñó cómo el manjar divino que nos sazonó su mano en el Santísimo Sacramento del altar restituye la vida de la gracia, y la conserva y aumenta como verdadero manjar.

Considera su virtud y la necesidad que tienes de él; y venérale como debes, y procura recibirle, dando a Dios muchas gracias por la merced incomparable que te hizo en dejarte este pan de vida para conservar la de tu alma.

 

PUNTO II. Considera la fe tan viva con que aquella mujer enferma vino y llegó a Cristo, a la cual el mismo Señor atribuyó la salud que recibió.

Contempla la fe que debes llevar para recibir a Cristo; aviva la consideración de lo que te dan en este manjar, y la grandeza del Señor que recibes en él, y mira cuánto pierdes por tu poca fe.

Pídele a Dios que te dé su conocimiento y una fe viva para recibirle, y merecer alcanzar por su medio la salud que comunica a los que dignamente le reciben.

 

PUNTO III. Considera que esta mujer no tocó el cuerpo de Cristo inmediatamente, sino la orla de su vestidura, y por ella alcanzó salud.

Así, el que recibe este divino Sacramento toca los accidentes, que son como su orla; y por este contacto sale virtud de su divino cuerpo, que le da salud.

¡Oh divino bocado! ¡Oh manjar celestial, cuya orla tiene tanta virtud! Si la tenía la de la vestidura del Salvador, ¡cuánto mayor virtud tendrá su santísimo cuerpo, que se nos da en este manjar celestial!

Pondera esto, y pídele a Dios gracia para comerle y recibirle dignamente, y con él la salud que comunica.

 

PUNTO IV. Carga el peso de la consideración en lo que dice san Lucas: que, oprimiendo al Salvador las gentes por todas partes, llegó como pudo esta mujer, y, en tocando la orla del vestido, sintió Cristo que salió virtud de Él y la sanó.

Pondera cuánto va de tocar a tocar, y cuántos enfermos le tocaron y no sanaron, porque no llevaron la fe que esta mujer llevó; y cuántos reciben y tocan al Salvador, que no reciben la salud ni las gracias que comunica, porque no llevan la debida disposición ni la fe que deben llevar.

Mira si la llevas tú, y si pierdes estas gracias por falta de ella.

Acusa tu negligencia, y pide a Dios que te disponga y que te dé la viva fe y la confianza que tuvo esta santa mujer, para que, tocándole como ella, merezcas alcanzar la salud de tu alma que ella alcanzó en el cuerpo.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.