lunes, 2 de noviembre de 2026

DEL CUIDADO DE LAS ALMAS DE LOS PRÓJIMOS, A EJEMPLO DE CRISTO. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Martes de la XXIII después de Pentecostés

DEL CUIDADO DE LAS ALMAS DE LOS PRÓJIMOS, A EJEMPLO DE CRISTO.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Martes de la XXIII después de Pentecostés

DEL CUIDADO DE LAS ALMAS DE LOS PRÓJIMOS, A EJEMPLO DE CRISTO.

 

PUNTO PRIMERO. Considera la presteza con que Cristo se partió luego en pos de este príncipe a dar vida a su hija, sin detenerle la predicación en que estaba ni otra cosa alguna; y aprende, si eres prelado, a buscar y procurar con toda diligencia el bien espiritual de tus súbditos, acudiendo luego a su remedio, sin detenerte en cosa alguna, por útil que parezca.

Pondera cuán útil y necesaria era la predicación de Cristo; y, no obstante esto, la dejó y vino a dar la vida a esta doncella, y por medio de este milagro la noticia de su deidad y su fe a toda aquella región.

Y aprende que tal vez conviene dejar ocupaciones tan útiles y santas, por acudir al bien de los prójimos y mirar por su vida, como Cristo miró por la de esta difunta. Y pide al Señor que te dé su gracia para imitarle, y prudencia para acertar a seguirle y cumplir las obligaciones de tu oficio.

 

PUNTO II. Considera cuántos muertos hay en el alma, porque tú no diligencias su vida, y que, si la procuraras, resucitaran de la muerte del pecado a la vida de la gracia. Y tiembla de la cuenta que has de dar de ellos a Cristo el día del juicio.

Pídele que te dé fuerzas y resolución para levantarte de la flojedad que te detiene, y de los grillos de las ocupaciones en que estás preso; y para desechar el amor propio por el de tus prójimos, que perecen, y diligenciar con todo cuidado su vida.

 

PUNTO III. Considera el modo con que Cristo dio la vida a esta difunta, que fue diciéndole que se levantase y tomándola de la mano; y luego se levantó y anduvo, como lo refiere san Lucas.

Estos medios has de usar tú para sacar a tus prójimos de la muerte del pecado a la vida de la gracia, despertándolos con las palabras y moviéndolos con las obras.

Mira no sea que no convengan tus obras con tus palabras, y que deshagas con las manos lo que dices con la boca, y por eso se queden en pecado.

Obras y palabras son menester, como usó Cristo en esta resurrección de las palabras de su boca, mandándole que se levantase, y de su poderosa mano, tomando la suya y levantándola.

¡Oh Señor!, tomad la mía, y dadme una voz, y despertadme de la muerte del pecado; dadme vuestra mano y la eficacia de vuestra virtud, para que yo también despierte a mis hermanos, y, mediante vuestra gracia, haga tales obras, que vuelvan a la vida y se empleen eternamente en vuestro servicio.

 

PUNTO IV. Contempla el gozo de los padres de esta niña, que, según dice san Lucas, era de doce años, cuando la vieron levantar de muerta viva; la alegría de sus almas, las gracias que darían a Cristo, el alborozo de toda su familia, el aplauso y admiración de toda la ciudad, y cómo voló luego la fama por toda la comarca.

Y, como era persona tan ilustre, vendrían de todas partes a verla y darle el parabién, así a ella como a sus padres; y todos estarían gozosísimos, y no cesarían de publicar mil loores y alabanzas de Cristo.

Gózate de su gozo y de verle honrado y aplaudido; y no perdones a tu lengua, sino engrandece su virtud y alaba su potencia, piedad y misericordia para con todos.

Procura darle a conocer a todo el mundo; y pondera también que, si este gozo y alegría ocasiona la resurrección de un cuerpo, que luego ha de volver a morir, ¿cuál será el que tendrán Dios y sus ángeles en el cielo por la resurrección de un alma, que es eterna y para gozar de Dios eternamente?

¡Oh Señor!, que todo lo de acá es pintado respecto de vuestra gloria. Levantad nuestros corazones a lo alto, y dadnos gracia para que nos empleemos en vuestras alabanzas y en diligenciar la vida espiritual de nuestros prójimos, y dar con su resurrección gloria a Vos, y gozo y alegría a vuestros ángeles en el cielo.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.