Lunes de la XXIII semana después de Pentecostés
DE LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DEL ALMA.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Lunes de la XXIII semana después de Pentecostés
DE LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DEL ALMA.
PUNTO PRIMERO. Considera en esta hija de este príncipe difunta a tu alma, hija del Príncipe de los cielos, difunta con la muerte del pecado.
Y pondera el sentimiento que tuvo este padre de la muerte de su hija, y las diligencias que hizo por ella; y el poco que tienes tú de la muerte de tu alma, y cómo no haces diligencias por resucitarla.
Mira despacio cómo, por darte a gustos y pasatiempos, has perdido la vida de la gracia, y tu alma está muerta; y todos la lloran, sino tú, que debieras llorarla más que todos, y la dejas en poder de la muerte, a que se llene de gusanos y podredumbre de vicios, por no acudir a Dios y pedirle que la restituya a la vida, como a la hija de este príncipe.
Abre los ojos y reconoce tu daño; llora tu pérdida y busca al Señor; arrójate a sus pies y pídele con lágrimas la vida de tu alma, con toda confianza de que te la dará, como se la dio a esta difunta.
PUNTO II. Considera cómo este príncipe pospuso todos los pundonores del siglo a la vida de su hija, viniendo él mismo en persona a buscar a Cristo, y arrojándose a sus pies delante de todo el pueblo, adorándole y pidiéndole, él que era adorado, buscado y pedido de todos.
Y aprende a posponer todos los pundonores y estimación del mundo a la salud de tu alma y al aprovechamiento de tu espíritu, pisando el qué dirán y los juicios y dichos de los hombres por el servicio de Dios, como lo hizo David cuando fue danzando delante del Arca del Testamento, no haciendo caso de los desprecios del pueblo y de la murmuración de su mujer Micol.
Atiende a lo que Dios y sus santos, que juzgan las cosas rectamente; y no hagas caudal de los dichos de hombres, que todos son vanos y mentirosos.
PUNTO III. Considera cómo llegó Cristo a la casa del príncipe, y echó la turba que llevaba y la gente que lamentaba a la difunta, para darle la vida.
En esto nos enseñó que es necesario apartar el bullicio de la gente, y dar de mano a los negocios seglares, y retirarse con Dios a solas para recobrar la vida del alma.
Pondera lo que pierdes en los negocios exteriores, y cuántas caídas te han ocasionado los negocios del siglo, y las turbas y concursos de la gente.
Y apártate de lo que te aparta de Dios; despide estas ocupaciones, y retírate con Cristo a la soledad de la oración y del silencio, si quieres recuperar la vida de tu alma.
PUNTO IV. Considera cómo Cristo tomó a la difunta de la mano, y, como quien la despierta del sueño, la restituyó a la vida.
En esto nos enseñó el medio con que el alma ha de resucitar de la muerte del pecado a la vida de la gracia, que es dándonos Dios su mano por sus auxilios y gracias, y dándosela nosotros con nuestras obras, cooperando con ellas y correspondiendo a sus favores.
¡Oh alma mía!, medita y considera cuántas veces ha extendido Dios su mano para resucitarte, dándote sus auxilios y gracias, llamándote a su servicio; y tú no has extendido la tuya, sino antes retirádola de su Divina Majestad a los vicios.
Llora tu ingratitud, vuelve sobre ti y ten piedad de ti, aplacando a Dios.
Extiende tus manos, levántalas a Dios, clamando a su Majestad y juntamente obrando en su servicio.
Pídele que te mire y que te visite como a esta difunta; que se apiade de ti, y extienda su mano y te tenga de la suya, para que cobres la vida que perdiste, y resucites a nuevas costumbres, y perseveres siempre en su servicio.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.