domingo, 1 de noviembre de 2026

DE LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DEL ALMA. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE




Lunes de la XXIII semana después de Pentecostés

DE LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DEL ALMA.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Lunes de la XXIII semana después de Pentecostés

DE LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DEL ALMA.

 

PUNTO PRIMERO. Considera en esta hija de este príncipe difunta a tu alma, hija del Príncipe de los cielos, difunta con la muerte del pecado.

Y pondera el sentimiento que tuvo este padre de la muerte de su hija, y las diligencias que hizo por ella; y el poco que tienes tú de la muerte de tu alma, y cómo no haces diligencias por resucitarla.

Mira despacio cómo, por darte a gustos y pasatiempos, has perdido la vida de la gracia, y tu alma está muerta; y todos la lloran, sino tú, que debieras llorarla más que todos, y la dejas en poder de la muerte, a que se llene de gusanos y podredumbre de vicios, por no acudir a Dios y pedirle que la restituya a la vida, como a la hija de este príncipe.

Abre los ojos y reconoce tu daño; llora tu pérdida y busca al Señor; arrójate a sus pies y pídele con lágrimas la vida de tu alma, con toda confianza de que te la dará, como se la dio a esta difunta.

 

PUNTO II. Considera cómo este príncipe pospuso todos los pundonores del siglo a la vida de su hija, viniendo él mismo en persona a buscar a Cristo, y arrojándose a sus pies delante de todo el pueblo, adorándole y pidiéndole, él que era adorado, buscado y pedido de todos.

Y aprende a posponer todos los pundonores y estimación del mundo a la salud de tu alma y al aprovechamiento de tu espíritu, pisando el qué dirán y los juicios y dichos de los hombres por el servicio de Dios, como lo hizo David cuando fue danzando delante del Arca del Testamento, no haciendo caso de los desprecios del pueblo y de la murmuración de su mujer Micol.

Atiende a lo que Dios y sus santos, que juzgan las cosas rectamente; y no hagas caudal de los dichos de hombres, que todos son vanos y mentirosos.

 

PUNTO III. Considera cómo llegó Cristo a la casa del príncipe, y echó la turba que llevaba y la gente que lamentaba a la difunta, para darle la vida.

En esto nos enseñó que es necesario apartar el bullicio de la gente, y dar de mano a los negocios seglares, y retirarse con Dios a solas para recobrar la vida del alma.

Pondera lo que pierdes en los negocios exteriores, y cuántas caídas te han ocasionado los negocios del siglo, y las turbas y concursos de la gente.

Y apártate de lo que te aparta de Dios; despide estas ocupaciones, y retírate con Cristo a la soledad de la oración y del silencio, si quieres recuperar la vida de tu alma.

 

PUNTO IV. Considera cómo Cristo tomó a la difunta de la mano, y, como quien la despierta del sueño, la restituyó a la vida.

En esto nos enseñó el medio con que el alma ha de resucitar de la muerte del pecado a la vida de la gracia, que es dándonos Dios su mano por sus auxilios y gracias, y dándosela nosotros con nuestras obras, cooperando con ellas y correspondiendo a sus favores.

¡Oh alma mía!, medita y considera cuántas veces ha extendido Dios su mano para resucitarte, dándote sus auxilios y gracias, llamándote a su servicio; y tú no has extendido la tuya, sino antes retirádola de su Divina Majestad a los vicios.

Llora tu ingratitud, vuelve sobre ti y ten piedad de ti, aplacando a Dios.

Extiende tus manos, levántalas a Dios, clamando a su Majestad y juntamente obrando en su servicio.

Pídele que te mire y que te visite como a esta difunta; que se apiade de ti, y extienda su mano y te tenga de la suya, para que cobres la vida que perdiste, y resucites a nuevas costumbres, y perseveres siempre en su servicio.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.