sábado, 7 de noviembre de 2026

DE LA BUENA SEMILLA Y LA CIZAÑA. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


DE LA BUENA SEMILLA Y LA CIZAÑA.

 

MEDITACIONES

DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE

,

DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

XXIV  domingo después de Pentecostés

V domingo después de Epifanía

DE LA BUENA SEMILLA Y LA CIZAÑA.

 

Dijo Cristo que el reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en sus campos. Mientras dormían sus criados, vino el enemigo y sembró cizaña en medio del trigo. Quisieron arrancarla, pero él se lo prohibió, diciendo que, al arrancar la cizaña, podrían arrancar también el trigo. Así, la dejó crecer hasta el tiempo de la siega, en que separó lo uno de lo otro: el trigo para el sustento y la cizaña para el fuego.

(Cf. Mt 13).

 

PUNTO PRIMERO. Considera que, según la explicación del mismo Salvador, quien siembra la buena semilla es Él, y el enemigo que siembra la cizaña es el demonio. Por lo cual debes estar muy advertido para no darle lugar en tu corazón, porque su semilla es siempre mala y pretende tu perdición.

La cizaña, como dice san Agustín, antes de crecer se parece mucho al trigo, pero, cuando crece, manifiesta su malicia. Así, la doctrina de Satanás muchas veces parece buena al principio, pero después declara su malicia el fruto de sus obras. Por lo cual nunca se debe admitir por buena sin examinarla, hasta descubrir si es mala y qué pretende.

Pide a Dios luz para conocerla, distinguir lo bueno de lo malo, abrazar su santa doctrina, huir de la mala y librarte del demonio.

 

PUNTO II. Considera que Cristo sembró la buena semilla esperando de ella fruto. Entra en cuenta contigo mismo y mira cuánta semilla de santas inspiraciones, buenos consejos, predicaciones y ejemplos ha sembrado en la tierra de tu corazón, y qué fruto ha recogido de ella.

Examina si, en lugar de grano, has dado cardos y espinas, y si, por tu malicia, has convertido el buen trigo en perniciosa cizaña. Mira qué cuenta darás al Señor en el agosto de la muerte, cuando venga con su hoz a segarte para el otro mundo.

Mira el riesgo en que te encuentras, llora la vida pasada y recupera con diligencia lo que has perdido.

 

PUNTO III. El enemigo vino y sembró cizaña entre el trigo para darnos a entender, como dice san Agustín, que la causa de nuestra perdición es nuestro descuido, que da lugar al demonio para hacer presa en nuestras almas.

Mira cómo, por tu descuido, siembra el demonio en tu corazón la cizaña de los malos pensamientos, los odios y las discordias con tus prójimos. Por lo cual, vela sobre ti y no permitas a tu enemigo que tenga parte en ti.

No te descuides un punto, porque él siempre vela y nunca deja de hacerte la guerra. Como está en juego tu salvación, pelea con esfuerzo y pide a Dios que no te deje de su mano, que te ayude contra el enemigo y que el santo ángel que te ha asignado te defienda.

Reconoce tu flaqueza y confía en el auxilio divino.

 

PUNTO IV. Considera cuánto estima Dios a los buenos, significados en el buen trigo, pues por ellos sufre a los malos en el campo de su Iglesia, significados en la cizaña, que dejó crecer para que, al arrancarla, no se hiciese daño al trigo.

Da gracias a Dios por los siervos que tiene en su Iglesia, por los cuales sufre a muchos malos, y porque, por consideración a los buenos, no castiga al mundo como merecen sus pecados.

Vuelve los ojos hacia ti y mira si perteneces al gremio de los justos o al de los pecadores; si das causa a Dios, con tu vida, para castigar al mundo, o si lo detienes con tus oraciones y merecimientos.

Acuérdate de santo Domingo, cuya humildad fue tan grande que, cuando entraba en algún lugar, rogaba al Señor con lágrimas que no lo destruyese por haber entrado en él un pecador tan grande; siendo así que, por sus merecimientos, Dios detenía su ira para no acabar con el mundo.

Confúndete en su presencia y pide a su divina Majestad que te dé gracia para vivir santamente y pertenecer al número de los escogidos, y no al de los reprobados.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.