jueves, 18 de marzo de 2021

GLORIA QUE SAN JOSÉ HA DE TENER EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS. (32) Preparando nuestra Consagración a San José con san Enrique de Ossó. GLORIA QUE SAN JOSÉ HA DE TENER EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS. (32) Preparando nuestra Consagración a San José con san Enrique de Ossó.

 

GLORIA QUE SAN JOSÉ HA DE TENER EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS. (32)

Preparando nuestra Consagración a San José con san Enrique de Ossó.

 

 

Poniéndonos en presencia de Dios, pidiendo el auxilio de la Virgen María y del Ángel Custodio, recita esta oración al Glorioso San José:

 

Oración a san José

Santísimo patriarca san José, padre adoptivo de Jesús, virginal esposo de María, patrón de la Iglesia universal, jefe de la Sagrada Familia, provisor de la gran familia cristiana, tesorero y dispensador de las gracias del Rey de la gloria, el más amado y amante de Dios y de los hombres; a vos elijo desde hoy por mi verdadero padre y señor, en todo peligro y necesidad, a imitación de vuestra querida hija y apasionada devota santa Teresa de Jesús. Descubrid a mi alma todos los encantos y perfecciones de vuestro paternal corazón: mostradme todas sus amarguras para compadeceros, su santidad para imitaros, su amor para corresponderos agradecido. Enseñadme oración, vos que sois maestro de tan soberana virtud, y alcanzadme de Jesús y María, que no saben negaros cosa alguna, la gracia de vivir y morir santamente como vos, y la que os pido en este mes, a mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

 

MEDITACIÓN

San Enrique de Ossó

GLORIA QUE SAN JOSÉ HA DE TENER EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS

 

Composición de lugar. Contempla a san José adorado del sol y de la luna y de todas las estrellas del cielo.

 

Petición. Jesús y María, haced que san José, así como fue el más honrado de vos, lo sea en la tierra por todos los fieles.

 

Punto primero. Se ha de resarcir con creces la oscuridad en que vivió san José en los primeros siglos.

 

Si todo el que se humilla será ensalzado, y a la exaltación precede siempre la humildad, claro está que siendo san José tan humillado en vida, y tan oculto su culto en los primeros siglos de la Iglesia, ha de brillar en los últimos tiempos con nuevo e inusitado esplendor.

 

En nuestros días se cumplen ya los vaticinios que su gran siervo Isidoro de Isolanis dejó escritos en su incomparable libro de la Suma de los dones de san José. Decía este devoto del Santo que en los últimos tiempos florecería el culto de san José, y este sería un medio para alcanzar del cielo muchas y extraordinarias gracias en aquellos (hoy estos) tiempos calamitosos. Y en verdad que hoy brilla el culto de san José. Su nombre y patrocinio rayan tan alto, que apenas queda ya nada por hacer. Su fiestas de primera clase; su patronazgo universal sobre la Iglesia; su nombre en la oración A cunctis, después del de María; su conmemoración en los sufragios de los santos antes de los apóstoles san Pedro y san Pablo; la Carta Encíclica de su santidad León XIII, felizmente reinante, en que recomienda eficazmente su culto y prescribe una oración propia, compuesta por el mismo pontífice en honor del Santo; su fiesta de precepto en nuestra España… ¡oh! Todo hace presagiar días mejores. María y José vuelven a ocupar en los corazones el lugar que nunca habían debido perder. Otra vez el mundo será salvado, como presentía el inmortal Pío IX. Esperemos y veremos grandes cosas por el poder de san José.

 

Punto segundo. ¿Qué falta, no obstante, hacer en obsequio al Santo? No somos nosotros, ni autoridad tenemos para indicarlo. ¿Qué se puede hacer? Si tomamos por regla que no se ha de negar por la Iglesia cosa en honor del Santo que haya concedido a otros, falta aún mucho por hacer. No obstante en nuestra devoción al Santo veríamos con gozo:

1º. Que se celebrase la fiesta de su huida a Egipto, y retorno de allá con Jesús y María.

2º. Fiesta de la sujeción de Jesús a san José en la casa de Nazaret.

3º. Fiesta de su muerte para alcanzarla buena, como patrón especial de los moribundos, el 20 de julio, en que algunos creen murió el Santo bendito, u otro día.

4º. Fiesta de precepto en todo el orbe católico el 19 de marzo.

5º. Que se ponga su nombre en el canon de la Misa, inmediatamente después del de María, y que tenga prefacio propio.

6º. Que su nombre en las letanías de los santos figure inmediatamente después del de María, y en el Confiteor.

7º Que se declare su culto, si no de hiperdulia, como el de María, su virginal esposa, a lo menos de suma dulia.

8º. Que se le nombre patrón de España con María, Santiago y Teresa de Jesús.

9º. Que su Misa de los agonizantes se inserte en todos los misales romanos, y se pueda rezar por los agonizantes.

 

Estas y otras cosas pueden aún hacerse en honra y gloria de san José. ¡Ojalá lo veamos antes de morir! Ya moriríamos gozosos.

 

Punto tercero. ¿Qué podemos hacer nosotros en obsequio del Santo? El que tenga pluma que escriba; el que tenga pincel que pinte; el que tenga buril que grabe; el que tenga elocuencia que predique, y el que otra cosa no pueda hacer, que ore, inste opportune e importune, si nos es lícito hablar así, a Jesús y a María, porque veamos en nuestros días glorificado a su padre y esposo san José con los sumos honores que por su gloria, su gracia, su dignidad y merecimientos le competen.

 

Que brille, en una palabra, en el cielo de la Iglesia militante, como brilla en la Iglesia triunfante, el glorioso san José como astro de primera magnitud, y después de Jesús y de María sea el santo más honrado y glorificado, amado e invocado de todos los mortales. Que así como no hay quien se esconda o no participe de la suave eficacia y divina influencia de los rayos del sol de justicia, Cristo Jesús, así tampoco haya quien no sienta los efectos de la protección poderosa del Santo, y sea la Trinidad beatísima de la tierra, Jesús, María y José, el imán de todos los corazones, el objeto amoroso y preferente de todas las voluntades. ¡Jesús, María y José! Si logro ver tanta dicha, ¡qué gozoso moriré! Haced que a vuestra mayor gloria lo veamos, oh Jesús, oh María, oh mi José. Amén.

 

Obsequio. Mortificaré mis sentidos para merecer mejor ver en el cielo a Jesús, María y José.

 

Jaculatoria. Jesús y María, haced que san José tenga todos los honores en nuestros días.

 

 

Oración final para todos los días

Acordaos, oh castísimo esposo de la Virgen María, dulce protector mío san José, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han invocado vuestra protección e implorado vuestro auxilio, haya quedado sin consuelo. Animado con esta confianza, vengo a vuestra presencia y me recomiendo fervorosamente a vuestra bondad. ¡Ah!, no desatendáis mis súplicas, oh padre adoptivo del Redentor, antes bien acogedlas propicio y dignaos socorrerme con piedad.