lunes, 5 de julio de 2021

MES DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE JESÚS. DÍA 6

MES DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE JESÚS

Día 6

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

ORACIÓN PARA COMENZAR CADA DÍA

Jesús mío, acepta todas aquellas buenas obras

que durante este mes me inspires;

en reparación por tantos desprecios,

ingratitudes y blasfemias cometidas por los hombres,

y para que la acción del maligno enemigo

no destruya el deseo y conocimiento de tu Amor

por parte de tus hijos.

Que la Devoción a la Divina Sangre

acerque las almas a tu Sagrado Corazón. Amén.

 

Día 6

LA SANGRE QUE PACIFICA CON DIOS

Después del diluvio universal, Noé ofreció a Dios un sacrificio de alabanza y agradecimiento, y como símbolo de esta alianza Dios hizo aparecer el arco iris en el horizonte. Dios, aplacado, juró que nunca más destruiría a la humanidad:

“Dijo Dios a Noé y a sus hijos con él: He aquí que yo establezco mi alianza con vosotros, y con vuestra futura descendencia, y con toda alma viviente que os acompaña: las aves, los ganados y todas las alimañas que hay con vosotros, con todo lo que ha salido del arca, todos los animales de la tierra. Establezco mi alianza con vosotros, y no volverá nunca más a ser aniquilada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra”. (Génesis 9, 8-11)

El sacrificio ofrecido por Noé prefigura la inmolación de Cristo, quien, con el sacrificio de su propia sangre, justificaría a la humanidad con Dios. ¿Qué es el pecado sino un acto de rebeldía del hombre contra su Creador? Esta rebeldía genera enemistad y alejamiento. El pecado clama la justicia divina que, por medio de la sangre de Cristo, queda aplacada. Los cuatro ángeles del Apocalipsis que Dios envía para castigar al mundo escuchan una voz: “No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios” (Apoc 7, 3) y en Apocalipsis 7, 13-14 se lee: “Uno de los Ancianos tomó la palabra y me dijo: «Esos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido». Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás» Me respondió: «Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero»”.

¡Cuánta bondad la del Señor para con nosotros! No sólo nos purificó con su sangre, sino que también quiso borrar todos nuestros pecados, llamándonos a una vida nueva, vida en Cristo. Debemos corresponder a todo lo que Dios ha hecho para rescate nuestro. ¡Qué negra ingratitud sería la nuestra si nos atreviéramos a ofenderlo y traicionarlo con el pecado! pues Él, con abrazo paternal, nos aferra a su Corazón.

 

EJEMPLO

Los santos, que conocen bien el valor de un alma, han trabajado con ahínco para atraer a los hombres a Dios. Un apóstol incansable fue San Francisco Javier, de la Compañía de Jesús, elegido por San Gaspar como protector de los Misioneros y Adoratrices de la sangre de Cristo. Abandonó los honores y las comodidades de su noble casa, entró en la Compañía de Jesús y navegó por los océanos para llevar la fe de Cristo a la India y a Japón. El crucifijo fue su espada conquistadora y, en una ocasión, viajando por el mar tormentoso, le fue arrebatado por la furia de las olas, pero al día siguiente, mientras oraba en la orilla del mar, pudo recuperarlo gracias a un cangrejo que lo llevaba consigo. Después de la India y de Japón, todavía con sed de almas, trató de penetrar en China, pero no pudo cumplir la misión porque Dios lo llamó a la eterna gloria para recompensar tantos esfuerzos vividos. Murió en la isla de Sanciano, frente al Cantón, el 3 de diciembre de 1552. Ese brazo, que bautizó a miles de infieles, se exhibe en la iglesia del Gesú en Roma.

 

INTENCIÓN: Si tengo la desgracia de caer en pecado, recordaré el gozo y la dulzura de mi alma cuando está en paz con Dios. Pediré perdón y me confesaré lo más pronto posible.

 

JACULATORIA: Cordero de Dios, que con tu sangre quitas los pecados del mundo, ten misericordia de mí.


ORACIÓN PARA TERMINAR CADA DÍA

Oración de San Gáspar de Búfalo

Oh, preciosa sangre de mi Señor,
que yo te ame y te alabe para siempre.
¡Oh, amor de mi Señor convertido en una llaga!
Cuán lejos estamos de la conformidad con tu vida.
Oh Sangre de Jesucristo, bálsamo de nuestras almas,
fuente de misericordia, deja que mi lengua,
impregnada por tu sangre

en la celebración diaria de la misa,
te bendiga ahora y siempre.
Oh, Señor, ¿quién no te amará?
¿Quién no arderá de agradecido afecto por ti?
Tus heridas, tu sangre, tus espinas, la cruz,
la sangre divina en particular,

derramada hasta la última gota,
¡con qué elocuente voz grita a mi pobre corazón!
Ya que agonizaste y moriste por mí para salvarme,
yo daré también mi vida, si será necesario,
para poder llegar a la bendita posesión del cielo.
Oh Jesús, que te has hecho redención para nosotros,
de tu costado abierto, arca de la salvación,

horno de la caridad,
salió sangre y agua, signo de los sacramentos

y de la ternura de tu amor,
¡Seas adorado y bendecido por siempre, oh Cristo,
que nos has amado y lavado en tu preciosísima sangre!
Amén.

 

V/. Alabada sea la Preciosísima Sangre de Jesús.

R/. Sea por siempre bendita y alabada.