lunes, 23 de mayo de 2022

BIENES DE LA ORACIÓN Santo Tomás de Aquino

 

Lunes de la quinta semana de Pascua

BIENES DE LA ORACIÓN

Santo Tomás de Aquino

Los bienes de la oración son tres.

I. Es un remedio útil y eficaz contra los males; pues libra de los pecados cometidos, como dice el Profeta: Tú perdonaste la impiedad de mi pecado. Por esta razón orará a ti todo santo en el tiempo oportuno (Sal 31, 5). Así el ladrón oró en la cruz y obtuvo el perdón: hoy serás conmigo en el paraíso (Lc 23, 43). Así el publicano oró, y descendió justificado a su casa (Lc 18, 14). Libra también del temor de los pecadores que asedian, de las perturbaciones y tristezas. ¿Hay alguno triste entre vosotros? Haga oración (Stg 5, 13). Libra además de las persecuciones y de los enemigos. En vez de amarme, decían mal de mí; mas yo oraba (Sal 108, 4).

 

II. Es eficaz y útil para lograr todo lo que se desea. Todas las cosas que pidiereis orando; creed que las recibiréis; y os vendrán (Mc 11, 24). Si no somos escuchados es porque no perseveramos: es menester orar siempre, y no desfallecer (Lc 18, I); o no pedirnos lo que más conviene a la salvación. San Agustín dice: “El Señor bueno, que muchas veces no da lo que queremos, para dar lo que querríamos mejor.” Existe el ejemplo de San Pablo, que pidió tres veces le fuese quitado el aguijón (de la carne) y no le fue otorgado (2 Cor 12, 7-9).

 

III. Es útil, porque nos hace amigos de Dios: Suba derecha mi oración como un perfume en tu presencia (Sal 140, 2). (In Oration. Dominic.) La oración es un acto de religión, por el cual el hombre tributa veneración a Dios en cuanto se somete a él y reconoce, al pedirle, que tiene necesidad de él como autor de sus bienes. Orando, entrega el hombre su alma a Dios, la que somete a él por respeto y, en cierto modo, la presenta; pues así como el alma humana es superior a los miembros exteriores o corporales, o a las cosas exteriores que se aplican al servicio de Dios, así también la oración aventaja a los otros actos de religión. (2ª 2ae q. LXXXIII, a. 3) Ciertamente, Dios nos da muchas cosas por su liberalidad, aun las que no pedirnos; pero otras quiere dárnoslas a requerimiento nuestro, lo cual es para nuestra utilidad, es decir, para que recibamos cierta confianza de recurrir a él y reconozcamos que es el autor de nuestros bienes. Por eso dice San Juan Crisóstomo: “Considera cuánta es la felicidad que se te ha dado, cuánta la gloria concedida, esto es: hablar con Dios en la oración, tener coloquios con Cristo, y poder pedir lo que quieras y lo que desees”37. (2ª 2ae, q. LXXXIII, a. 2)