martes, 10 de mayo de 2022

ATRACCIÓN DE DIOS Y RESPUESTA DEL HOMBRE. Santo Tomás de Aquino

 


Martes de la tercera semana de Pascua

ATRACCIÓN DE DIOS Y RESPUESTA DEL HOMBRE

Santo Tomás de Aquino

 

I.Nadie puede venir a mí, si no le trajere mi Padre que me envió (Jn 6, 44). Verdaderamente nadie puede venir si no es atraído por el Padre. Porque así como un cuerpo pesado por naturaleza no puede elevarse por sí mismo, si no es atraído por otro, del mismo modo el corazón humano, que por sí tiende a las cosa inferiores, no puede elevarse si no es llevado (por otro). El Padre atrae hacia el Hijo de muchas maneras, pero sin hacer violencia a los hombres.

1º) Persuadiendo por la razón, y de este modo el Padre atrae a los hombres hacia su Hijo, demostrando que él es su Hijo, y esto de dos modos: o por revelación interior, como refiere el Evangelio: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre (Mt 16, 7); o por la realización de milagros, que recibe del Padre.

2º) Atrayendo. Lo arrastró con los halagos de sus labios (Prov 7, 21). Y de este modo los que se dirigen a Jesús por la autoridad de la majestad paterna, son atraídos por el Padre, cautivados por su majestad. Pero también son atraídos por el Hijo con delectación admirable y amor de la verdad, que es el mismo hijo de Dios. Porque si a cada uno le arrastra su propio deleite, ¿cuánto más fuertemente debe el hombre ser atraído por Cristo, si le deleita con la verdad, con la bienaventuranza, con la justicia, con la vida eterna, pues todo eso es Cristo? Y puesto que somos atraídos por éste, lo somos por el amor de la verdad: Ten tu deleite en el Señor (Sal 36, 4). Por eso decía la esposa: Tráeme; en pos de ti correremos al olor de tus ungüentos (Cant 1, 3).

3º) El Padre lleva a muchos a su Hijo por el impulso de la acción divina que mueve interiormente el corazón del hombre a creer y amar. El corazón del rey en la mano del Señor; a cualquiera parte que quisiere lo inclinará (Prov 21, 1).

 

II. Respuesta del hombre. Todo aquél que oyó del Padre, y aprendió, viene a mí (Jn 6, 45). Todo el que oyó del Padre, enseñándole y manifestándole, y aprendió, dando su asentimiento, viene a mí, y viene de tres maneras: por el conocimiento de la verdad, por el sentimiento del amor y por la imitación de la obra. En cada una de esas tres cosas es necesario escuchar y aprender. Porque el que viene por el conocimiento de la verdad, debe escuchar cuando Dios le inspira: Oiré lo que el Señor Dios me hable (Sal 134, 9); y aprender con el corazón. El que viene por el amor y el deseo, también debe escuchar al Verbo del Padre y recibirlo para que aprenda y ame. Pues aprende la palabra el que la recibe en el sentido del que habla. Mas el Verbo de Dios Padre exhala el amor; luego el que lo recibe con fervor de amor, se instruye. Se difunde en las almas santas, forma amigos de Dios y profetas (Sab 7, 27). También se va a Cristo por la imitación de las acciones. Quienquiera que de este modo aprende, va a Cristo. Porque en las obras la operación es como la conclusión de los razonamientos. En las ciencias el que las aprende perfectamente llega a la conclusión; así en las obras, el que perfectamente aprende las enseñanzas, llega a la acción recta. (In Joan., VI)