domingo, 10 de diciembre de 2023

DÍA 9. NOVENA A LA VIRGEN DE GUADALUPE

DÍA 9. NOVENA A LA VIRGEN DE GUADALUPE

 

ORACIONES DEL TRIDUO

PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS

 

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

SÚPLICAS A NTRA. SRA. DE GUADADUPE

 

I

Virgen Santísima, Madre del Verbo Encarnado, por aquella maternal piedad con que amparaste a los mexicanos recibiéndoles por tus hijos desde los primeros años en que nuestra nación recibió la predicación del Evangelio; te pedimos, oh, Madre, nos alcances constancia en la fe y valor en las tentaciones, para que, unidos de entendimiento y de voluntad, vivamos siempre sujetos al Supremo Pastor de la Iglesia Católica, en la cual solamente podemos conseguir nuestra eterna salvación.

 

Dios te salve, María...

 

II

Virgen Santísima, que con el dulce nombre de Santa María de Guadalupe te dignaste aparecer en medio de nosotros y establecer en el templo que escogiste el trono de tu misericordia y de tu protección, te pedimos, oh, Madre, que, así como nos visitaste y amparaste con tu aparición, así nos visites con tu maternal presencia y auxilio en la hora de nuestra muerte.

 

Dios te salve, María…

 

III

Virgen Santísima, Madre y Abogada nuestra, que en señal de singular protección nos dejaste milagrosamente pintada tu adorable Imagen que nos sirviera como de glorioso estandarte para vencer a los enemigos de nuestra Fe y de nuestras almas, te pedimos, oh, Madre, por el Sagrado Corazón de tu Santísimo Hijo y por tu Purísimo Corazón, que así como veneramos tu Imagen aquí en la tierra, así lleguemos a gozar de tu maternal presencia en el cielo.

Dios te salve, María…

 

Unidos a ella, alabemos y adoremos a la Santísima Trinidad: Gloria al Padre…

 

DÍA NOVENO

Consecuencias de la Aparición

 

PUNTO PRIMERO

Conversión de la Nación Mexicana a la Fe. Es un hecho reconocido por todos, hasta confesarlo un escritor protestante, que a la Aparición de la Virgen María en el Tepeyac se debe la supresión de la idolatría, y la conversión de las diversas tribus de indios, esparcidas en el antiguo imperio azteca, a nuestra Santa Religión. El P. Motolinia, uno de los primeros Doce Misioneros Franciscanos llegados a México, dejó registrado en su Historia que, desde el año de 1525 en que empezaron a predicar, hasta el mes de junio de 1531 en que dieron cuenta a sus Superiores en España de sus trabajos apostólicos, el número de bautizados fue, a lo más, de un millón y doscientos mil. Pero estos bautizados fueron más bien niños que adultos, de estos más bien fueron solteros y pobres que no casados y ricos. La causa principal que impedía la conversión era la asquerosa poligamia, en la cual estaba encenegada la mayor parte de los idólatras, especialmente los ricos y los señores de pueblos. La Reina de las Vírgenes con su Aparición purificó esta atmósfera ponzoñosa, infundió nuevo valor en los indios, y en el mismo espacio de tiempo, ocho años, y con el mismo número de Misioneros, los bautizados fueron ocho millones. El Obispo de Tlaxcala, de la Orden de Predicadores, testigo de vista y Misionero también, escribió en 1537 al Sumo Pontífice Paulo III: “Quiere Dios, en los principios de aquesta gente nueva, despertar los milagros antiguos. Lo que nuestros españoles tienen por más dificultoso, pues aún no quieren obedecer a los que les mandan dejar las mancebas, esto hacen los indios con harta facilidad que parece milagro, dejando las muchas mujeres que tuvieron en su paganismo y contentándose con una en el matrimonio.”

 

Reflexión

Por más inveterados que sean nuestros defectos y pecados, la fuerza de la gracia que la Virgen nos alcanza nos librara de ellos. Nuevo corazón, nuevo espíritu, nuevo ser nos concederá el Señor: y nuestra alma, que era como terreno estéril, inculto y lleno de espinas y malas hierbas, se volverá fértil con flores y fruto de virtud en abundancia. Con tal que tengamos constancia en pedir y en luchar: Consuetudo consuetudine vincitur; una costumbre es vencida por la costumbre contraria. Adelante, pues, repetía Santa Teresa de Jesús: “nada te turbe, nada te espante: la paciencia todo lo alcanza.”

 

PUNTO SEGUNDO

La Jura nacional. “A las tantas señales de amor filial que los mexicanos habían dado a su Madre, faltaba la más importante: a saber, la de jurarla solemnemente Patrona de la Nación y conseguir de la Sede Apostólica el Rezo litúrgico de Oficio y Misa Propia en el día 19 de diciembre. Aunque: se trató de este asunto con mucho empeño desde el año de 1663, sin embargo, no volvieron a ocuparse de ello hasta que el Señor para despertarles, se sirvió de la terrible peste de 1737, que asoló todas las Provincias. Para aplacar la ira divina se hacían muchas oraciones, penitencias y Procesiones públicas: y en la sola ciudad de México, donde empezó la peste, hubo más de sesenta Novenarios solemnes en diversas Iglesias en el espacio de pocos meses. Pero no se conseguía la deseada gracia de verse libres del terrible azote: parecía que el cielo se había hecho sordo a todas súplicas. “Se reservaba el Señor esta gloria, escribe el célebre Historiador P. Alegre S. J., para su Santísima Madre en su advocación de Guadalupe, a cuyo amparo quería se pusiese todo el reino.” Efectivamente, en cuanto empezaron los dos Cabildos, el civil que le promovió y el eclesiástico que se le asoció a tratar de jurar Patrona a la Santísima Virgen de Guadalupe, empezó visiblemente a disminuir la fuerza del mal: y el 26 de mayo en que se promulgó el Decreto de haber sido elegida Patrona de la Ciudad de México, cesó del todo la peste. “Trocose la suerte, y comenzó a ser epidémica la salud,” escribe el Historiador contemporáneo de estos hechos; "parece, continúa el P. Alegre, que el ángel exterminador no esperaba más que esta resolución, para envainar la espada que había acabado con tantas vidas.” A esta noticia todas las otras ciudades y aún villas y pueblos, para librarse de sus males, juraron por Patrona a la Virgen de Guadalupe y consiguieron el mismo feliz resultado. Hasta que remitidos ya a México los poderes de todos los Ayuntamientos y Cabildos eclesiásticos de las Ciudades y Diócesis, los cuatro Comisarios Nacionales, el 12 de diciembre de 1746 en el Santuario de Guadalupe ante la Santa Imagen “juraron por sí y en nombre de los Cabildos eclesiásticos y seculares de estos dilatados reinos, cuyos Poderes presentaron, por Patrono General de ellos a la Santísima Virgen María, Nuestra Señora, en su portentosa Imagen que se venera en su Santuario de Guadalupe; de adorarla, tenerla y venerarla por tal su universal Patrono; y por de guarda y día festivo de Precepto el 12 de diciembre de cada año en que aconteció y se celebra su prodigiosa Aparición.” Llevados a Roma los Autos de la elección, Benedicto XIV con autoridad apostólica la confirmó y aprobó el Oficio y Misa Propia.

 

Reflexión

Entre tantas reflexiones que pudieran hacerse pongo tan sólo la siguiente: Los mexicanos no hallaron el pronto alivio de sus males en tiempo de la peste, sino cuando cumplieron con lo que el Señor había dispuesto, de que jurasen por Patrona a su Santísima Madre bajo la advocación de Guadalupe; no habiendo bastado para el fin todos los otros obsequios que habían hecho. Si examinamos bien nuestra conciencia, tal vez descubrimos que para conseguir una gracia hacemos, es verdad, muchos y muchos obsequios; pero reservamos en nuestro corazón algo que precisamente Dios quiere le ofrezcamos: y de ahí proviene que se nos difiera la consecución de la gracia.

 

PUNTO TERCERO

La Solemne Coronación. El colmo de los honores que la Iglesia tributa a las santas imágenes, insignes por antigüedad, por milagros y por devoción popular, es el de coronarlas con Coronas de oro según un Ceremonial muy a propósito, compuesto para semejantes funciones. Desde el año de 1740 el Cabildo Vaticano había decretado este obsequio a la celestial Imagen de nuestra Patrona. Pero no pudo efectuarse sino mucho tiempo después, cuando el Pontífice Romano León XIII dio al arzobispo de México el encargo especial de coronar en su Nombre y con su Autoridad “la augusta Imagen de Nuestra Señora, Santa María de Guadalupe.” Para esta Solemnísima Función se amplió y decoró la Colegiata, se remitieron Invitaciones a todos los Obispos de las Américas; y el sábado, 12 de octubre de 1895, en presencia de cuarenta y más Obispos entre los de México y de otras naciones, de cien sacerdotes y de cincuenta mil fieles, el arzobispo de México, en nombre del Supremo Pastor de la Iglesia católica, coronó con preciosísima Corona de Oro la celestial Imagen de Santa María de Guadalupe, Patrona, Reina y Madre de los mexicanos. Renunciamos a describir el entusiasmo y arrebato de los circunstantes en esta ocasión. Pero muy digno es de notarse que, mientras el día 3 de julio de 1876, a la Coronación de la Inmaculada en Lourdes asistieron treinta y cinco Obispos, siete de los cuales eran de otras naciones, tres mil sacerdotes y cien mil fieles; en México, los Obispos fueron más de cuarenta en la Coronación de la Imagen de nuestra Patrona. Pero en Francia las distancias no son tan grandes, los medios de viajar son más fáciles, cuéntanse ochenta y cinco entre arzobispos y Obispos, el clero es mucho más numeroso, y la población no baja de treinta y ocho millones. Por lo contrario, en México, así como en las demás Américas, las distancias son verdaderamente inmensas, por lo extensas que son estas regiones, muy escasos los medios de trasportes, en mucho menor número los Obispos y sacerdotes, y la población llega a lo sumo a doce millones.

 

Reflexión

Muy grabadas deben quedar en nuestros corazones las palabras que Nuestro Santísimo Padre León XIII dirigió a la nación mexicana, en su carta de 2 de agosto de 1894 a los arzobispos y Obispos de la República: “Con todo el amor de nuestro corazón Nos exhortamos por vuestro medio, Venerables Hermanos, a la Nación mexicana, a que mire siempre y conserve esta veneración y amor a la piadosísima Madre de Dios que se venera bajo el título de Guadalupe, como la gloria más insigne y fuente de los bienes más apreciables. Y, sobre todo, respecto a la Fe católica que es el tesoro más precioso, pero que corre más riesgo de perderse en estos tiempos, persuádanse todos y estén íntimamente convencidos que esta Fe durará entre vosotros en toda su integridad y firmeza, mientras se mantenga esta piedad y devoción digna en todo de la de vuestros antepasados. Todos, pues, cada día más con el mayor empeño posible, veneren y amen a la gran Patrona Mexicana, para que cada día los beneficios de su poderoso patrocinio aumenten el bien estar y la paz de toda la nación.” De este modo se cumplirán en nosotros las palabras rituales que son pronunciadas en el acto de la Coronación: Así como por nosotros, oh, Señora, sois coronada en la tierra, así mediante vuestra intercesión por Jesucristo vuestro Hijo seamos coronados de gloria y honor en el cielo. Amén.

 

 

ORACIONES

PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS

 

Pida cada uno la gracia que desea alcanzar por la intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe.

 

ORACIÓN DE SAN BERNARDO

ACORDAOS, ¡oh, piadosísima Virgen María! que jamás se oyó decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro auxilio, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, yo también acudo a Vos, oh, Madre ¡Virgen de las vírgenes! y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a parecer ante vuestra presencia soberana. No despreciéis, ¡oh, Madre de Dios! mis súplicas; antes bien escuchadlas y, acogedlas benignamente, Amen.”

 

No, nunca te alejes, no faltes jamás:

si somos tus hijos, oh, Madre, piedad.

 

V. Ruega por nosotros Santa María Virgen de Guadalupe.

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

 

Oremos

¡Oh, Dios! que con habernos colocado bajo el singular patrocinio de la Santísima Virgen María nos quisiste colmar de perpetuos beneficios, te suplicamos nos concedas que, así como nos alegramos hoy de su conmemoración en la tierra, así consigamos gozar de su presencia en el cielo. Así te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amen.

 

***

Nos cum Prole pía

Benedicat Virgo María!

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