domingo, 2 de agosto de 2026

La invención del cuerpo de san Esteban. - 3 de agosto

 


La invención del cuerpo de san Esteban. - 3 de agosto

(En el año 415)

 

Con haber sido tan ilustre en la Iglesia primitiva el glorioso protomártir san Esteban, estuvo su santo cuerpo largo tiempo escondido, hasta que el Señor se dignó revelarlo en tiempo de los emperadores Honorio y Teodosio el Menor su sobrino, el año 415 de nuestra salud. Hízose esta revelación a Luciano presbítero, el cual refiere todo lo que en ella pasó en una carta escrita en griego, donde dice: «Que estando él durmiendo en un lugar del bautisterio, donde solía dormir para mejor guardar la iglesia y ocurrir presto a las necesidades de los fieles de su parroquia, despertó viendo un súbito resplandor, y le apareció un venerable anciano en traje de sacerdote, el cual le mandó que buscase los cuerpos santos, que estaban en cierta heredad de aquella aldea, y los colocase en otro lugar más decente. Preguntó Luciano al venerable viejo quién era, y cúyos eran aquellos cuerpos. Y él respondió que era Gremaliel, el que había enseñado a san Pablo apóstol de Jesucristo, y que el que estaba en el monumento con él a la parte de Oriente era el bendito mártir san Esteban, que fue apedreado de los judíos, cuyo cuerpo él había hecho recoger y enterrar en aquella heredad suya, y que en otro lucillo y sepulcro estaba el cuerpo de Nicodemus, al cual, por ser discípulo de Cristo, los judíos habían anatematizado y desterrado de la ciudad, y él le había recogido en su casa y dado todo lo que había menester todo el tiempo que vivió, y después de muerto le sepultó honoríficamente junto a san Esteban. Con las señas que recibió del santo anciano Gamaliel, fue Luciano a Jerusalén a dar cuenta de todo al obispo: el cual dio orden que se buscasen los santos cuerpos en el lugar señalado: y en efecto, cavando en él, hallaron tres sepulcros en cuyas piedras se leía en letras siríacas: Esteban, Nicodemus, Gamaliel. Divulgándose luego esta noticia, vino el obispo de Jerusalén, llamado Juan, acompañado de Eleuterio, obispo de Sebaste, y otro Eleuterio, obispo de Jericó, y del clero y gran muchedumbre de fieles; y abriendo el sepulcro donde estaba el cuerpo del glorioso san Esteban, comenzó a temblar la tierra y salir un suavísimo olor y fragancia celestial de aquel sagrado cuerpo, tan extremada que a los que presentes se hallaban les parecía estar en el paraíso. Dieron todos voces de alabanza a Dios, y más cuando por la virtud de aquellas sagradas reliquias sanaron setenta y tres enfermos de varias dolencias. Trasladáronse los santos cuerpos en solemnísima procesión a Jerusalén, donde fueron colocados en preciosas urnas; hasta que Teodosio el Joven quiso que el de san Esteban pasase a Constantinopla; y poco después el papa Gelasio I lo hizo trasladar a Roma y depositar en la basílica edificada con nombre de san Lorenzo.

Reflexión: El sapientísimo doctor de la Iglesia san Agustín hacía en sus sermones mención honorífica de esta maravillosa invención del cuerpo de san Esteban, y de los milagros sin cuento con que quiso el Señor glorificar a su protomártir, no solo en Jerusalén, sino en todas partes, a donde se llevaba alguna parte de sus preciosas reliquias. Donde se ve con cuánta razón celebra la Iglesia católica el descubrimiento de este gran tesoro, para hacernos dignos de las mercedes que podemos alcanzar por los méritos del Santo.

Oración: Concédenos, Señor, la gracia de imitar al santo cuya fiesta celebramos, para que aprendamos por su ejemplo, a amar también a nuestros enemigos, ya que celebramos la Invención de aquel santo que supo rogar por sus mismos perseguidores a Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


 

EVANGELIO DEL DÍA: DOS HOMBRES SUBIERON AL TEMPLO A ORAR


X DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Rito Romano 1962

EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Lucas. 
Lucas 18, 9-14 
En aquel tiempo: Dijo Jesús también esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.  El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
 


 TEXTOS DE LA SANTA MISA X domingo después de Pentecostés
 
COMENTARIOS AL EVANGELIO

sábado, 1 de agosto de 2026

PARÁBOLA DEL FARISEO Y EL PUBLICANO

 


X domingo después de Pentecostés.

PARÁBOLA DEL FARISEO Y EL PUBLICANO

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

X domingo después de Pentecostés.

PARÁBOLA DEL FARISEO Y EL PUBLICANO (Luc. 18).

Persuade Cristo en el Evangelio la humildad con el ejemplo del fariseo y el publicano que entraron a orar en el templo; el primero salió condenado por su soberbia y el otro justificado por su humildad; porque todo hombre que se ensalza será humillado, y el que se humillare será ensalzado.

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice san Lucas: que dijo Cristo esta parábola a los que se tenían por justos, despreciando a los demás. Has de ponderar el sentimiento que causa que se condene uno que vive bien y es tenido comúnmente por justo, ocupado en buenas y santas obras y apartado de vicios, y que remate su vida en el infierno, perdiendo todo cuanto bueno ha hecho, que es la pérdida más lamentable que puede haber.

Pon los ojos en uno de los doce apóstoles que se condenó, y en otro de los siete primeros diáconos que se perdió; y en las cinco vírgenes, que después de tanta mortificación y castidad remataron el curso de su vida en la perdición; y en otros semejantes que se han condenado después de muchos años de servir a Dios en santas obras. Teme caer como ellos en el abismo de la perdición.

Atiende por dónde se perdieron, y pídele a Dios que te tenga de su mano para que no los sigas y pierdas tu salvación.

 

PUNTO II. Considera por dónde se perdió este fariseo y se ganó el publicano: fue aquel por la soberbia, presumiendo de sí mismo; y este por la humildad, confesándose pecador e indigno de levantar los ojos al cielo. Entra contigo en cuenta y mira a cuál de los dos imitas: al fariseo soberbio o al humilde publicano; y huye los pasos de aquel y sigue los de este, si quieres agradar a Dios y alcanzar tu salvación.

 

PUNTO III. Considera cómo no se puede despreciar a ningún pecador, porque no sabemos lo que Dios tiene determinado de él, ni si en adelante le dará tal gracia que merezca ser preferido a muchos justos, que eran tenidos por mejores que él; como se vio en este publicano, a quien Dios llamó y dio sus auxilios para salir de sus pecados y merecer ser preferido al fariseo, que era tenido por santo en los ojos de todos.

Saca de aquí no despreciar a ninguno, por malo que parezca, pues no sabes su fin ni si le tendrá mejor que muchos de los que son tenidos por buenos y entonces sirven a Dios.

 

PUNTO IV. Contempla las palabras con que Cristo remata su parábola: «Todo hombre que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado»; porque Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes.

La soberbia es hija de Lucifer y la humildad de Cristo. La soberbia despobló las sillas del cielo, y la humildad las vuelve a poblar.

Pon los ojos en la humildad de Cristo y aprende a ser humilde y manso de corazón; y Dios te ensalzará como ensalzó a Él y te dará el premio conforme a tus merecimientos.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.